Dos errores de Gómez Mont

El secretario de Gobernación dio paso a las especulaciones con los términos calculadamente crípticos de su renuncia al PAN. Conocedor de los resortes del mundo político lo mismo que de la murmuración mediática, Fernando Gómez Mont sin duda anticipó las reacciones que se extendieron desde anteanoche, cuando se difundió la carta que dirigió al presidente nacional del que ha sido su partido de toda la vida.

Las “razones que me veo obligado a no revelar por discreción profesional” se encuentran, como de inmediato señalaron numerosas interpretaciones, en las diferencias que tuvo con César Nava y con la decisión del PAN para marchar en alianza con el PRD en varias elecciones estatales.

Conocida la postura de Gómez Mont acerca de las alianzas, así como sus intentos para modificar esa decisión del PAN, era evidente cuál sería la explicación que se daría a su renuncia. A partir de ella, los juicios acerca de esa decisión se han dividido. Hay quienes aplauden como congruente, e incluso valiente, la renuncia de Gómez Mont al PAN. Otros, consideran que gracias a esa medida el Secretario de Gobernación se mantiene como interlocutor confiable para el PRI. Otros más, advierten demasiada soberbia y protagonismo en el renunciante.

Es útil tratar de identificar las aristas políticas en este asunto, más allá del talante personal de Gómez Mont. El secretario de Gobernación, según se ha dicho, renuncia porque se había comprometido con el PRI a que Acción Nacional no entablaría alianzas como las que ya avanzan en Oaxaca, Hidalgo y Durango. De esa manera, siempre de acuerdo con tales versiones, Gómez Mont habría pactado con el Revolucionario Institucional la aprobación del paquete fiscal a fines del año pasado.

Esa versión no ha sido desmentida, así que no resulta inadecuado tomarla como cierta. De serlo, más que reconocer intrepidez en el renunciante habría que preguntarnos por qué el secretario de Gobernación comprometió a su partido en una negociación con una fuerza política distinta.

Resulta difícil imaginar a César Nava, el presidente nacional panista, cediéndole a Gómez Mont la representación de su partido en un pacto con el PRI. Pero independientemente de que la dirección del PAN haya estado al tanto, o no, de las negociaciones de Gómez Mont con el PRI, la actuación del secretario de Gobernación en diligencias de esa índole resulta censurable. Todo parece indicar que el país no ha dejado atrás las épocas en las que el gobierno tomaba decisiones a nombre de los partidos, o al menos en reemplazo del partido en el poder.

Allí se encuentra, nos parece, la miga del diferendo en torno a la renuncia de Gómez Mont al PAN. Un secretario de Gobernación, por respetable, elocuente, simpático o influyente que sea, no tiene por qué reemplazar las decisiones de ningún partido. Si eso fue lo que sucedió, los priistas pueden haberse considerado engañados cuando, después de que se les dijo lo contrario, advierten la construcción de alianzas en contra suya en varios estados del país. Pero no tienen derecho a extrañarse del fracaso de acuerdos como el que, al parecer a contracorriente de su propio partido, tomó el secretario de Gobernación.

Otra, es la discusión sobre la pertinencia de las alianzas. Los lectores de esta columna ya conocen la posición aquí expresada en días anteriores. Las alianzas entre partidos de distintas ideologías nunca son descartables. Pero sin un programa común digno de ese nombre y sin un proceso de acuerdos que acote diferencias y coincidencias, las alianzas quedan reducidas al convenencierismo de corto plazo y sirven fundamentalmente para encumbrar personajes que se colocan más allá de los partidos.

Al error estratégico del secretario Gómez Mont que involucionó a la política de los acuerdos autoritarios en su pacto con el PRI, se añade la equivocación táctica que despliega con la publicación de su renuncia partidaria. No es admisible que un secretario de Gobernación, en los tiempos actuales, diga que se reserva los motivos de su dimisión.

Ninguna decisión de ningún secretario de Estado relativa a su desempeño público –mucho menos ninguna decisión del titular de Gobernación– debe tener motivos ocultos. La discreción profesional que alega Gómez Mont para no ofrecer mayores explicaciones, resulta inaceptable.

Publicado en eje central

Anuncios

Un comentario en “Dos errores de Gómez Mont

  1. En el encadenamiento de ideas, no menciona usted al presidente. Es de todos conocido que quien maneja al partido es Calderón, y resultaría infantil pensar que tanto los acuerdos Gómez Mont con el PRI como las negociaciones de Nava con el PRD se hicieron cuando menos con el aval de Calderón (si no es que con la instrucción). Esta renuncia del secretario de gobernación a su partido es la salida para lavar la cara al gobierno federal ante el PRI. Por otro lado, la imagen de un secretario de gobernación y un presidente subordinando el rumbo del país a consideraciones electorales es un escándalo mayúsculo, que en cualquier otra parte del mundo ameritaría renuncia inmediata de estos personajes.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s