La extorsión del PRI

El primer saldo de la alianza PAN – PRD es desastroso para esos partidos. El acuerdo, a trasmano o con la complacencia de la dirección panista, profundizó la distancia entre el presidente Calderón y su partido. Los márgenes de maniobra del secretario de Gobernación quedaron limitados, primero por su incapacidad para cumplirle al PRI un compromiso que nunca debió haber asumido y luego, por haber evidenciado las incongruencias ideológicas en las que incurren tanto PAN como PRD al aventurarse en alianzas sin principios.

La dirección de Acción Nacional cerró filas en beneficio de César Nava, pero no son pocos los miembros de ese partido que ven con disgusto el pacto con el partido que calificó de ilegítima la elección que llevó a Felipe Calderón a la presidencia de la República. Duros o congruentes, esos panistas no se resignan a contemplar la difuminación de los principios de su partido en aras de un acuerdo para evitar la elección de algunos gobernadores priistas.

Dentro y fuera de los partidos comprometidos a ese pacto, hay quienes se preguntan si evitar nuevos triunfos del PRI en algunos estados del país constituye una causa suficientemente relevante y que justifique la alianza con el PRD.

Lo mismo sucede en el Partido de la Revolución Democrática. Para muchos de sus militantes, el PAN es tan o quizá más aborrecible que el PRI. El partido más identificado con las izquierdas y el que suele ubicarse con mayor franqueza en el campo de las derechas –aunque esas coordenadas sean un tanto artificiales sobre todo en el galimatías ideológico que es la política mexicana– han tenido más diferencias entre sí que con el Revolucionario Institucional.

Hay perredistas que todavía recuerdan con sarcasmo o amargura, dependiendo de la opción a la que hayan respaldado en 2000, el fracaso del “voto útil” que proponían quienes, desde las izquierdas, llamaron a votar por Vicente Fox. La creencia de que había que hacerlo todo para sacar al PRI de Los Pinos, llevó a algunos a respaldar a ese lenguaraz candidato. Los resultados están a la vista. Fox fue un fraude para quienes, soslayando la biografía de ese personaje, creyeron que podría estar a la altura del compromiso que implicaba ser el primer presidente no priista en siete décadas. Pero sobre todo, la creencia de que bastaría con echar al PRI de la presidencia para que de esa manera avanzara la democracia mexicana, quedó palmariamente refutada.

Así que panistas y perredistas tienen motivos para recelar de las actuales alianzas que, por lo demás, no garantizan que el PRI vaya a perder en Oaxaca, Hidalgo o Durango en las próximas elecciones estatales.

La opinión crítica ha sido especialmente dura con los dirigentes del PAN y el PRD que promueven tales acuerdos. Pero, quizá debido a una suerte de resignación o incluso de cinismo analíticos, casi nadie ha cuestionado el papel del PRI en todo este desbarajuste político. Ya ha quedado confirmado que el secretario Gómez Mont se había comprometido a que el PAN no entablaría una alianza con el PRD para buscar la gubernatura de Oaxaca. La negativa de la dirección del PAN a respetar ese acuerdo propició su renuncia al partido.

Gómez Mont se extralimitó con ese pacto. Pero también los dirigentes del Revolucionario Institucional que amagaron al gobierno con dejar de respaldar las propuestas fiscales si el PAN se aliaba electoralmente con el PRD.

Ayer el coordinador de los diputados del PRI, Francisco Rojas Gutiérrez, confirmó la existencia de ese ya superado pero ahora más que nunca escandaloso acuerdo. Según el diputado Rojas, al plantear la alianza panista – perredista, lo que el PRI buscaba era “que las condiciones electorales fueran equitativas”.

Con ese pretexto, el PRI chantajeó al secretario de Gobernación: votos en San Lázaro, a cambio de que el PAN se atara las manos para las elecciones locales de este año.

A los priistas esa exigencia, que antes había sido confirmada por Enrique Peña Nieto, les parece natural. Se les olvida que en una democracia la competencia política tiene que desembocar en las urnas, sin candados que impidan acuerdos entre las fuerzas partidarias.

Al exigir que el PAN se comprometiera a competir en solitario, el PRI quería un escenario político a modo. La decisión de panistas y perredistas es cuestionable por el pragmatismo político que manifiesta. Pero la extorsión del PRI resulta auténticamente ignominiosa.

Publicado en eje central

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