Senadores ansiosos de rating

Varios millones de pesos y mes y medio después, el Senado retiró de los medios electrónicos los estridentes spots que promovían a ese cuerpo legislativo parodiando a personas en situaciones difíciles. El desempleado abatido en su infructuosa búsqueda de trabajo y la madre que recorre hospitales sin encontrar atención para su hijo y que toman un megáfono para gritar que alguien los escuche, aparecieron profusamente en televisión y radio durante las semanas recientes.

El tardío reclamo de varios senadores pareció detener la transmisión de esos chillones anuncios. El panista Guillermo Tamborrel, presidente de la Comisión de Atención a Grupos Vulnerables, promovió un punto de acuerdo para requerir la suspensión de los spots que le parecieron “patéticos y atroces”. En opinión de varios senadores, tales mensajes caricaturizaban y denigraban las “situaciones lamentables” que experimentan muchos mexicanos.

Los spots dejaron de transmitirse, pero no debido a la protesta de varios senadores panistas y priistas. Lo que ocurrió de acuerdo el senador Carlos Navarrete, presidente de la mesa directiva de la Cámara de Senadores, fue que terminó el plazo que sus productores habían previsto para la difusión de esos anuncios. “Bajamos el spot porque cumplió su etapa”, dijo el senador.

Escandalosos, insolentes, abusivos con la desgracia de las personas o simplemente de mal gusto, esos anuncios del Senado recibieron diversos comentarios en medios de comunicación. Irritó su contenido, así como el efecto presumiblemente adverso a la institución que los difundió. También ha llamado la atención el costo de tales mensajes. Después de que durante varios días circularon varias cifras al respecto, se confirmó una erogación de 900 mil pesos. No es del todo claro si se trata del precio de uno solo o de los dos spots con personas que gritan con un megáfono.

Ese es el precio únicamente de la producción, que el Senado pagó a una agencia de publicidad. Pero el costo completo de esos anuncios tendría que incluir el precio del tiempo que ocuparon en televisión y radio durante 45 días. Aunque se trata de espacio que las estaciones televisoras y radiodifusoras están obligadas a entregar al Estado en cumplimiento del llamado tiempo fiscal, los segmentos ocupados por dichos spots tienen precios comerciales de acuerdo con el horario y la emisora en donde fueron transmitidos.

Aunque las empresas radiodifusoras no reciben dinero a cambio de cumplir con la obligación de ceder esos espacios, no se trata de un tiempo gratuito como a veces se piensa. Se trata de recursos que son propiedad del Estado, que puede disponer de ellos para difundir campañas de diversas dependencias e instituciones.

Así que si esos anuncios fueron un error, como sostienen varios senadores, se trata de una equivocación que implicó el dispendio de recursos públicos.

No es esa la opinión del presidente del Senado que, según ha aclarado, fue el responsable de aprobar tales spots y que ahora se ufana del interés que suscitaron. El senador Navarrete,  que es un legislador preocupado por la equidad social y por la reforma de las instituciones políticas, considera sin embargo que los mensajes del Senado deben conmover y, si se puede, irritar. Explica que cuando supo que otros senadores estaban recibiendo opiniones acerca de tales spots “entonces me dije: el que hizo el spot ya logró el primer objetivo, ya levantó polémica, ya somos visibles”.

Si se trata de levantar polémica los spots del Senado podrían mostrar escenas cada vez más escabrosas. Lo que han logrado esos anuncios no ha sido discusión en torno a problema nacional alguno sino acerca de la destemplanza de los mensajes senatoriales.

Sería pertinente que los legisladores se preguntaran qué es lo que buscan cuando disponen la contratación de espacios para anunciar su trabajo. Con esos anuncios el Senado comparte la triste, onerosa e inadecuada tradición de las instituciones políticas mexicanas que acostumbran dilapidar recursos públicos para anunciar que están cumpliendo con las obligaciones para las cuales fueron electos o designados.

Algo falla, de manera grave, en la relación entre la política y los ciudadanos cuando el Senado busca la atención de la sociedad no a través de su trabajo legislativo, o de la deliberación parlamentaria, sino con anuncios efectistas. Interesado en el rating mediático, el Senado de la República concibe a los ciudadanos como espectadores, o clientes. Lo mismo hacen numerosas instituciones que gastan recursos fiscales en la contratación de anuncios auto encomiásticos.

Los senadores no son, o no debieran ser, histriones preocupados por entretener al respetable, o ansiosos de exposición televisiva. En vez de perseguir al veleidoso rating, deberían aprobar la legislación que sigue haciendo falta para regular, y de preferencia impedir, el gasto publicitario de las instituciones públicas.

Publicado en eje central

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