Cínicos

El cinismo es la nueva expresión del realismo político. O, mejor dicho, es la manifestación descarnada de la politiquería realmente existente. En una concepción idealizada y que no faltará quienes consideren ingenua, la política tendría que ser la construcción de acuerdos, a partir de principios, para obtener resultados socialmente útiles. Pero cuando el quehacer político no es mas que la habilidad para conservar o incrementar cuotas y espacios de poder, se olvidan los miramientos que forman parte de una vida pública respetable.

Escrúpulo viene scrupulus, o “piedrecilla”. Se trata de la “duda o recelo que punza la conciencia sobre si algo es o no cierto, si es bueno o malo, si obliga o no obliga”, dice el puntual Diccionario de la RAE. A esas piedrecillas hay quien las considera conciencia, o expresiones de la moral, y se trata de guijarros que nos arrojan los valores, las normas o las costumbres que forman parte de las relaciones sociales civilizadas.

A muchos de nuestros políticos, lamentablemente, parece que se les terminó la reserva de escrúpulos. Quizá nos percatamos de ello a causa de la propagación de sus declaraciones a través de los medios, pero de un tiempo a la fecha abundan expresiones de un realismo tan carente de principios como de circunspección alguna.

En una democracia, los partidos presentan ideas y ofertas de diversa índole para competir por la adhesión de los ciudadanos. Los votos se obtienen a partir del contraste de ofertas, personalidades e ideas que propone cada partido. Ese, se supone, ha sido un  logro de nuestro desarrollo político. Otro más, ha consistido en la separación entre el gobierno y su partido.

Eso creíamos. Sin embargo, cuando nos enteramos de que el PRI presionó al gobierno para comprometerlo a que no habría alianza del PAN y el PRD en varios estados del país, estamos ante el reconocimiento de una conducta chantajista de los dirigentes del Revolucionario Institucional. Enrique Peña Nieto y Beatriz Paredes en declaraciones un tanto cantinflescas y Francisco Rojas con transparente desfachatez, han aceptado que le exigieron al secretario de Gobernación ese compromiso a cambio de respaldar en el Congreso las propuestas fiscales del gobierno federal.

El PRI acepta, de esa manera, que no le bastan las expectativas de triunfo  que le reconocen encuestas y comentaristas. Quiere afianzar esas posibilidades propiciando adversarios electorales a modo. Los dirigentes priistas lo admiten con impudor escalofriante: quisieron bloquear la alianza PAN – PRD, dicen, “para que hubiera condiciones electorales equitativas”.

En esa comedia de extorsiones mafiosas destacó la aquiescencia del secretario Fernando Gómez Mont al requerimiento de los priistas. Desmintiendo tajantemente a quienes creíamos que el manejo de los asuntos partidarios desde el gobierno se había terminado cuando el PRI salió de Los Pinos el titular de Gobernación se comprometió, a nombre del PAN, a que no habría alianzas incómodas para el Revolucionario Institucional.

El resultado de ese fallido acuerdo lo conocemos todos. Aunque se suponía que era un hombre de leyes, Gómez Mont hizo un acuerdo extra legal con el PRI. Como no pudo cumplir ese compromiso, renunció al partido y siguió despachando en Bucareli. Se comportó igual que los políticos de antaño, que manipulaban a su partido como si fuera patrimonio de ellos. Y esa conducta, con todo y arbitrariedades y manipulaciones, le ganó a Gómez Mont aplausos en algunos segmentos de la pragmática comentocracia nacional.

La mayoría de los opinadores que se ocuparon de ese asunto en los medios de comunicación consideró normal que el PRI quiera ganar con maniobras ajenas a  los procesos electorales y que el ministro de Gobernación crea que puede hacer y deshacer alianzas por encima de los miembros y dirigentes de su partido. En el análisis, así como en el quehacer políticos, predomina el llamado rational choice que mide resultados sin reparar en los procedimientos que se empleen para lograrlos.

Antes, simplemente, se le decía cinismo. Carlos Monsiváis ha recordado el término (El Universal, 22 de febrero) al inventariar declaraciones recientes de políticos como los antes mencionados. Nos apoyamos de nuevo en el Diccionario de la Academia para precisar: “Desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables”. Eso es el cinismo. Algún clásico diría que ya no hay valores. Quizá nunca los ha habido en demasía, pero antes nadie se ufanaba de ello.

Publicado en emeequis

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Un comentario en “Cínicos

  1. Cínicos en la política, cínicos en las páginas editoriales de los periódicos, cínicos en la radiodifusión, pocos espacios de reflexión sobre el futuro de nuestro país y la economía a la baja y la política estacionada en las prácticas postrevolucionarias sin cambios; la democracia carente de ciudadanos y cargada de cínicos.

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