El asesinato de Orlando Zapata

Reina Luisa Tamayo, la madre de Orlando Zapata

Orlando Zapata Tamayo era albañil. También hacía trabajos de plomería. Nació en Banes, al sureste de Cuba, el 15 de mayo de 1967. Viajó a La Habana en busca de empleo pero en vez de trabajo encontró la cárcel. El martes pasado, 23 de febrero, murió después de 86 días en huelga de hambre.

Algún biógrafo escrupuloso, algún día, reconstruirá el quiebre en la historia del negro Orlando Zapata que lo convirtió, de albañil, en preso político. Para ello, será necesario que en Cuba existan condiciones de libertad e investigación social y periodística que hoy son imposibles.

Los funerales de Orlando Zapata, como ha reseñado la prensa de todo el mundo, estuvieron vedados para sus simpatizantes y para los periodistas extranjeros. Sin embargo la agonía, la muerte y el acoso policiaco contra sus familiares y amigos, han sido conocidos gracias a los enlaces de Internet que colocan, arriesgándose más que de costumbre, algunos defensores de los derechos humanos en Cuba.

En diciembre de 2002, Orlando Zapata fue detenido por participar en una manifestación en La Habana. Lo acusaron de desacato. Estuvo en prisión tres meses pero en marzo de 2003 fue arrestado nuevamente, cuando participaba en un ayuno público por la libertad de 75 escritores y activistas cubanos que habían sido encarcelados.

Zapata Tamayo comenzó así, trasladado de una prisión a otra, una cadena de crecientes enfrentamientos con el régimen cubano. Un año más tarde lo condenaron a tres años de cárcel. Exigió que no lo trataran como recluso común sino como preso de conciencia. En varias ocasiones se negó a vestir el uniforme del presidio y rechazaba la comida de la cárcel para alimentarse con los víveres que le llevaba su madre. A cada reclamo, era sometido a golpizas y otros maltratos.

El gobierno cubano le abrió más juicios. Después de nueve procesos sumarios, Zapata llegó a acumular condenas por 36 años de cárcel –luego le redujeron la pena a 25 años–. Pero él no dejaba de reclamar. Para denunciar las condiciones en las que se encontraban presos como él, Orlando Zapata sostuvo varias huelgas de hambre que inevitablemente minaban su condición física. La última, la comenzó el 3 de diciembre del año pasado. Zapata dijo que sólo tomaría agua, pero hay quienes aseguran que en varias ocasiones las autoridades carcelarias le impidieron beber ese líquido como castigo por la huelga de hambre.

Protestas en varios países
Protestas en varios países

Encerrado en un calabozo insalubre –según ha relatado Yoani Sánchez, autora del blog más leído acerca de la situación social en Cuba– aislado de sus familiares y de quienes dentro y fuera de Cuba se preocupaban por su salud, Orlando Zapata fue llevado a un hospital, y luego a otro más, pero entre el ayuno, las palizas, las amenazas y el aislamiento, su salud estaba muy deteriorada. Murió la noche del martes 23. Después de recibir el cuerpo, su madre y quienes le acompañaban pudieron ver las heridas que habían dejado los frecuentes golpes que sufría aquel antiguo albañil transfigurado en defensor de los derechos humanos.

A Orlando Zapata lo asesinó el gobierno de Cuba. Raúl y Fidel Castro suman esa a la extensa lista de crímenes que han cometido desde hace medio siglo. La reacción que se ha extendido en medios de comunicación de todo el mundo sugiere que la impunidad del régimen cubano podría estar declinando a pesar de la complacencia que todavía encuentra en los gobiernos de América Latina, incluido el de México.

En un intento para contener las protestas internacionales, el gobierno de Cuba intenta sostener que Orlando Zapata no era preso político sino delincuente común. El sábado 27 el diario Granma publicó un vergonzoso texto del escritor Enrique Urbieta Gómez que prácticamente acusa a Zapata… por haber fallecido. Después de asegurar que hoy en día “es difícil morirse en Cuba”, Urbieta asegura que el deceso de Orlando Zapata fue planeado por “la contrarrevolución” para convertirlo en bandera política: “Zapata Tamayo fue manipulado y de cierta forma conducido a la autodestrucción”. Además de suponer sin sustento alguno que ese ciudadano cubano habría sido manipulado como si no hubiera tenido voluntad ni convicciones propias, el autor del artículo no explica cómo pudo haber ocurrido esa operación si Orlando Zapata se encontraba aislado en la cárcel.

Ayer mismo, en Cuba, la abogada Laritza Diversent, una de las voces críticas que han podido expresarse gracias a Internet, respondió punto por punto las acusaciones del escritor Urbieta Gómez. Además de documentar la hipocresía de Urbieta cuando dice que casi nadie muere en Cuba, la joven autora explica que en ese país, comete el delito de desacato aquel que “amenace, calumnie, difame, insulte, injurie o de cualquier modo ultraje u ofenda, de palabra o por escrito, en su dignidad o decoro a una autoridad, funcionario público, o a sus agentes o auxiliares, en ejercicio de sus funciones o en ocasión o con motivo de ellas”.

La sanción para ese delito es de un año, pero a Zapata le impusieron tres porque según sus acusadores cuando se sumó a un ayuno público en 2003 había ofendido al presidente y al Consejo de Estado cubanos. La abogada Diversent explica que se trataba, claramente, de una acusación política. Si a Zapata lo hubieran encarcelado por delitos graves como dicen el gobierno cubano y sus voceros no lo habrían condenado, inicialmente, tan sólo a tres años de cárcel.

Por otra parte, desde enero de 2004 Orlando Zapata había sido declarado “preso de conciencia” por Amnistía Internacional en vista de las acusaciones, las circunstancias y las irregularidades de su proceso penal.

La madre de Orlando Zapata le da a conocer al periódico La Razón, de España, el texto que encontró escrito a lápiz en una camisa que estaba entre las pertenencias de su hijo:

Orlando Zapata Tamayo. Hora, tres de la tarde. Ciudad de Holguín. 26 del 10 de 2009. Mi sangre, al servicio de la libertad y de la democracia, de 11 millones de cubanos y de su temor a expresarse por miedo a estar más encarcelados de lo que están. ¡Vivan los Derechos Humanos! ¡Vivan! ¡Vivan las Damas de Blanco! ¡Vivan! Camiseta de preso político y de conciencia. Orlando Zapata Tamayo, quien fuera golpeado el día 26 de octubre de 2009 por la Policía terrorista del dictador Fidel Castro y su hermano Raúl. Fidel y Raúl son terroristas. ¡Abajo Fidel y Raúl! ¡Abajo cincuenta años de dictadura! Fidel y Raúl, sois asesinos. ¡Viva la oposición interna! ¡Viva! ¡Libertad para todos los presos políticos! ¡Libertad!

Publicado en eje central


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