Eran dos malas

“Te tenemos una buena y otra mala, Javier”. El coordinador de los senadores del PAN parecía relajado, después de varias horas de regateo con sus colegas del PRD. Gustavo Madero estaba sentado al fondo de una pequeña sala en el edificio en Donceles, contiguo a las oficinas principales del Senado. Hasta allí, a toda prisa y suponiendo que había un cambio de planes, llegaba Javier Solórzano para enterarse de que no se realizaría el debate que habían pactado el senador Carlos Sotelo y el diputado Javier Corral Jurado.

El debate había sido acordado en el programa de Solórzano en Radio 13. Sin embargo desde la noche anterior los líderes parlamentarios de ambos partidos se habían reunido para evitar una confrontación que no tenía sentido.

Sotelo había presentado una propuesta de reforma parcial a la ley de Radio y Televisión que tenía la anuencia de los concesionarios de esa industria, así como del líder senatorial del PRI, Manlio Fabio Beltrones, pero que era impugnada porque no atendía a las instrucciones de la Suprema Corte de Justicia para la renovación de concesiones.

Corral, era el autor principal y promotor de la iniciativa para crear una nueva ley federal de Telecomunicaciones y Contenidos Audiovisuales que apoyaban los legisladores del PAN y el PRD.

Realista pero limitada y discutible, la propuesta Sotelo-Beltrones había sido aprobada en la comisión de Radio y Televisión que preside el propio Sotelo. Ambiciosa y con respaldos panistas y perredistas así como de numerosos grupos interesados en la reforma de los medios pero desdeñada por el PRI, la propuesta integral era discutida ya en comisiones de ambas cámaras.

Y si PAN y PRD coincidían en apoyar esa propuesta integral, tenía poco sentido que sus dos legisladores más representativos en la reforma para los medios se enzarzaran en un debate como el que estaba previsto aquel miércoles 14 de abril.

La mala noticia, era que no habría debate. La buena, que PAN y PRD reafirmaban su compromiso con la reforma integral. Así lo manifestó Madero, repitiendo una frase que poco antes el perredista Sotelo le había dicho por teléfono a Solórzano. Con Madero estaban, entre otros, los también senadores panistas Santiago Creel, Ricardo García Cervantes y el diputado Corral. Luego llegaron Sotelo y el coordinador de los senadores del PRD y presidente de la Cámara, Carlos Navarrete.

Abrazos, reconciliaciones, parabienes: de allí nos dirigimos al auditorio que había sido habilitado para el debate. Sotelo y Corral explicaron la decisión. El senador perredista trasladaba el respaldo a la iniciativa que había elaborado con Beltrones, para apoyar ahora la propuesta integral. Madero y Navarrete atestiguaban pero sobre todo avalaban ese anuncio. El compromiso del PAN y el PRD implicaba que la iniciativa podría ser aprobada al menos en el Senado, en donde los legisladores de esos partidos tienen, juntos, mayoría.

Pero los senadores del PAN, o al menos quienes toman las decisiones relevantes en ese grupo parlamentario, no se mandan solos. Los panistas, que en el viejo régimen eran tan críticos con la subordinación del PRI y sus legisladores a las determinaciones de Los Pinos, ahora practican y padecen varias de las peores costumbres del presidencialismo.

La determinación para sabotear la ley de medios salió de la casa presidencial. Semanas antes, el gobierno federal mismo había expresado que estaba de acuerdo con esa iniciativa cuando los senadores del PAN requirieron su anuencia. Solamente con esa autorización, Gustavo Madero podría haber presentado él mismo esa propuesta en la tribuna senatorial el mismo día que Javier Corral la anunció en la Cámara de Diputados. Sólo con ese aval, pudo haber reiterado el compromiso del PAN para marchar en dicho asunto junto con el PRD como ocurrió aquel 14 de abril.

La iniciativa de ley integral desató la furia de las televisoras y Telmex. Mientras esa propuesta recibía la adhesión pública de cineastas, artistas, periodistas y estudiosos de los medios, en privado era cuestionada por cabilderos de los consorcios. Por eso el senador Madero cambió de opinión. Dice que hace falta que se expresen los empresarios de la radiodifusión, como si no supiéramos qué opinan y qué privilegios defienden.

En una consulta tras otra, llevamos décadas sin reformas las leyes para los medios. Madero mintió cuando anunció dos noticias de diversa índole. Eran dos malas. Lo que no es noticia es el sometimiento de su partido al capricho de poderes extralegales.

Publicado en emeequis

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Un comentario en “Eran dos malas

  1. Pues ciertamente ofreces detalles de los entretelones, Raúl, pero me parece que la ley sufrió más por la impericia del actual gobierno (el Ejecutivo) para fijar una agenda clara y construir las alianzas legislativas que le permitan impulsar esa agenda, que por la perversidad intrínseca (y que yo acepto como una realidad) de Televisa, Azteca y Telmex. En 2006-8, a pesar de las muchas resistencias de las televisoras, dado que había un acuerdo político entre los tres principales partidos para sacar la reforma electoral que hace imposible la compra de espacios en los medios para propósitos electorales, se aprobó la reforma. Esta reforma era muy positiva, pero es una víctima más de la impericia y la estulticia que campea en la vida pública nacional…

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