¿Canal 11 en cadena nacional? Dudas e interrogantes

Cinco semanas después de haberlo creado, el gobierno federal sigue sin ofrecer una explicación clara acerca del “Organismo Promotor de Medios Audiovisuales”. La opacidad que lo ha rodeado, su nacimiento tan súbito como ayuno de precisiones, la actitud tan equívoca que pareciera culposa del secretario de Gobernación cuando acudió a San Lázaro no a ofrecer sino a eludir las aclaraciones que le pidieron diputados de casi todos los partidos, son parte de una operación política confusa y desmañada.

Si el gobierno apuesta a la transparencia en el manejo de sus medios de comunicación, podría hacer públicos los proyectos que tiene para el nuevo organismo que presuntamente coordinará varias de las televisoras y radiodifusoras que se encuentran en la administración pública federal. La ausencia de claridad ha propiciado especulaciones que posiblemente no apuntan a los propósitos reales del OPMA pero que encuentran caldo de cultivo en la vaguedad de la Segob cuando se refiere al nuevo organismo.

Nueva imagen de Canal Once

El decreto presidencial que establece el Organismo Promotor de Medios fue publicado el 31 de marzo, miércoles de semana santa. Si en Bucareli no había el propósito de dar un albazo, lo disimularon con gran tenacidad. Durante las semanas siguientes, en los medios del gobierno federal se extendió una inquietud que no ha cesado. Trabajadores, pero también directivos de los canales 11 y 22, de Radio Educación y del Instituto Mexicano de la Radio, han compartido y sobrellevado toda clase de suposiciones y dudas. Ante el vacío de explicaciones de las autoridades federales, prosperaron las versiones que le asignan al OPMA la función de centralizar, con propósitos de manipulación y censura política, los contenidos de esos medios de comunicación.

A trasmano, funcionarios de Gobernación cercanos a la creación del nuevo organismo insisten en que lejos de cercenarlos, el OPMA les dará recursos adicionales a los medios de la administración pública federal. De manera específica, se reitera, se trata de hacer del Canal Once una cadena de alcance nacional que contribuya a equilibrar el panorama televisivo capturado por las dos empresas que acaparan la mayor parte de las concesiones.

Si ese es el propósito del OPMA, ¿por qué no lo ha explicado así el secretario de Gobernación? Pero antes que nada, ¿por qué se trata de un proyecto en manos de la Segob y no del Conaculta o la Secretaría de Educación Pública?

La oscuridad de la información gubernamental en este asunto obliga, ni modo, a conducirnos en el resbaladizo terreno de la especulación. Si el OPMA es para que el Canal 11 tenga señal nacional, ¿por qué es necesaria la creación de un nuevo organismo? ¿No es más adecuado que el Estado le asigne nuevas concesiones de manera directa al Canal 11 en vez de que esa emisora transmita por una red que, en las condiciones así planteadas, no sería suya sino de otra entidad del gobierno federal?

Surgido en 1959 el Canal 11 se ha forjado, en medio de frecuentes cuan abundantes restricciones financieras y a veces también políticas, una imagen de nobleza y respetabilidad, en contraste con la televisión comercial. Se trata, como es bien sabido, de una emisora adscrita al Instituto Politécnico Nacional aunque la designación de su director suele ser una decisión presidencial que no es consultada con las autoridades del IPN.

Actualmente el Canal 11 tiene repetidoras en 14 ciudades, ubicadas en 10 estados del país. Su señal, además, es retransmitida en sistemas de cable y satélite que la llevan a otras localidades. Sin embargo la cobertura de la televisión de paga aún es tan insuficiente, pues apenas llega a 3 de cada 10 hogares, que en México no hay televisión nacional si no se difunde en señal abierta. El Canal 2 de Televisa tiene 128 repetidoras en el país; el 13 de Televisión Azteca, cuenta con 89. Si al Canal Once se le asignan nuevas frecuencias, junto con los recursos para transmitir esa señal en cada una de ellas, su red tendría que incrementarse con varias docenas de repetidoras.

Sería una espléndida noticia que el noble Canal 11 alcanzara presencia nacional. Pero si el gobierno va a financiar –con nuestro dinero, desde luego– esa plausible expansión, tendría que responder, ahora sí de manera clara, por lo menos a dos inquietudes fundamentales.

En primer lugar ¿es el Canal Once, tal como lo conocemos ahora, la mejor opción para una televisión nacional orientada por intereses no mercantiles? ¿Qué cambios tendría que haber en la programación, el organigrama y desde luego en las decisiones de esa emisora para ofrecer una televisión en donde la calidad esté aunada a la pluralidad?

Y por otra parte, ¿de qué manera se garantizaría que el gobierno federal, engolosinado con una televisora nacional, no quisiera hacer de ella un instrumento de propaganda? Las abundantes suspicacias que se han manifestado a ese respecto no son gratuitas. La administración del presidente Calderón ha colocado y mantenido al frente de los medios bajo su responsabilidad, a profesionales de la comunicación a quienes les ha reconocido comprobables márgenes de libertad y respeto. Pero nada asegura que eso seguirá ocurriendo, sobre todo en los turbulentos tiempos políticos que se ven aproximarse y especialmente en caso de que, como es muy posible, el gobierno cambie de manos dentro de dos años.

¿Está la administración de Calderón creando una cadena nacional para que el PRI tenga su propia televisión a partir de 2012? Es posibilidad quizá parezca ominosa pero está a la orden del día.

La única manera para que esa televisora nacional mantuviera el prestigio ya ganado por Canal Once y además con tal autonomía que la colocara al margen de tentaciones burocráticas y jugarretas políticas, radicaría en una renovación de su estructura y su situación jurídica. Podría pensarse, por ejemplo, en un esquema similar al que tiene desde hace varios años la agencia de noticias Notimex, cuyo director general es nombrado por el presidente de la República con la posibilidad de que el Senado objete esa designación. Ese director dura seis años en tal encargo.

Esa sería una vía para darle transparencia, estabilidad y credibilidad a un nuevo Canal Once. De ocurrir un cambio de esas dimensiones, tendría que estar precedido por una decisión generosa –y realista– del Instituto Politécnico Nacional para dejar que la emisora que nació bajo su cobijo siga creciendo y adquiera el estatus jurídico necesario para que ofrezca un mejor servicio a la sociedad.

La decisión fundamental tendría que ser del gobierno del presidente Calderón: más repetidoras, para un Canal sometido a la supervisión de Bucareli, no sería avance sino involución.

El gobierno puede impulsar una televisora auténticamente pública, aunque las definiciones recientes del presidente y su partido en materia de medios de comunicación no dejan mucho margen para suponer que apostarán por la pluralidad, la competencia y la calidad en la televisión.

Publicado en eje central

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3 comentarios en “¿Canal 11 en cadena nacional? Dudas e interrogantes

  1. Don Raúl: Con respecto a lo que hoy escribe, quiero decirle que con inversión millonaria — nuevas instalaciones, equipo y la contratación de un equipo humano de más de 150 personas –, en la DGTVE, Televisión Educativa, se está fraguando el canal de TV de la Presidencia de la República, misión encabezada por René Palavicini que seguramente usted sabe quién es por su paso en Cepropie. Supuestamente es un canal para promover la educación no para promover las actividades presidenciales y mucho menos ser la punta de lanza de las aspiraciones presidenciales de Alonso Lujambio y Ernesto Cordero, como el mismo Palavicini pregona. En ese proyecto, que lleva más de un año, ahí no vale la austeridad ni la congelacion de salarios. Ahí aumentan los empleados y se aumentan los salarios sin el menor pudor. Es el refugio de recomendados que falsean supuestas trayectorias y refugio también para las novias y queridas de los empleados de Comunicación de Los Pinos. Llevan un año ensayando un noticiero nocturna que no ha salido porque no han dado la ‘luz verde’ pagándoles a sus empleados salarios muy, pero muy por encima de empleados regulares de DGTVE. La DGTVE fue creada por el bachiller Gálvez y Fuentes para promover la educación hace más de 40 años. No es justo que se convierta a ese valioso recurso en caja de resonancia de las actividades presidencial y mucho menos en parte de promociones transexenales. Un abrazo don Raúl.

  2. el canal opma, no tiene ni pies ni cabeza, se creo de la nada y el canal once le ayudo a resolver sus problemas, este tambien sirve para poner a la querida del jefe y pagarle salarios muy por encima de la media, de igual manera el nepotismo no se hace esperar para este canal, los sobrinos de cierto director de canal once, el cual ayudo a que opma se levantara de igual manera estan ahi ganando un sueldo nada despreciables, e incluso hace poco se aumentaron el sueldo, siendo que si ya ganaban bien, ya se imaginaran, pero este no es solo un problema de opma, tambien canl once tiene sueldos en sus directores y subdirectores estratosfericos, algunos llegan ganar mas que el presidente de México, argumentando que solo ellos son los idoneos para manejar el canal, jefes divisionales con un sueldo de 50 mil y con ningun personal a cargo, estos mismos se suben el puesto a subdirectores, obvio para ganr mas, se deberia de echar un ojito a las financias de estos canales que viven del erario publico, ya que el IFAE sirve para lo mismo, tener mas gente que le pagen bien y no hacer nada.

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