Héroes y huesos, la historia fúnebre

La primera gran ceremonia de las Fiestas del Bicentenario tuvo como protagonistas a varias cajas con huesos. Se trata, desde luego, de osamentas ilustres que permanecían en la Columna de la Independencia a salvo de averiguaciones y entremetimientos. Una extravagante decisión las puso a desfilar por Paseo de la Reforma, las mantendrá sujetas a un incierto examen en el Castillo de Chapultepec y luego las llevará para ser contempladas por los mexicanos durante todo un año en Palacio Nacional.

Habrá multitudes para presenciar esa insólita exhibición. Si hay quienes admiran las Momias de Guanajuato, con mayor expectación a difuntos tan distinguidos. Allí estará la mandíbula de Allende, por acá el cráneo del cura Hidalgo, ese parecerá el fémur de La Corregidora, por allá las costillas de Guadalupe Victoria… chicos y grandes se maravillarán ante una exposición de la cual obtendrán lecciones seguramente insólitas, pero muy posiblemente distantes de los propósitos patrios que expresan las autoridades encargadas de esta egregia operación osamental.

Hay algo de provincianismo de caricatura, y muy poco de reivindicación histórica, en este homenaje a los huesos de los héroes patrios. Pero, sobre todo, hay mucho de aberración política, y nada de claridad ni siquiera para aprovechar creativamente la oportunidad que le ofrecía el Bicentenario, en esta decisión del gobierno federal.

Los héroes no son sus huesos. Tener que recordarlo a estas alturas, tendría que resultar innecesario de no ser por la estrafalaria celebración en la que nos han embarcado el presidente Felipe Calderón y quienes le hayan aconsejado en este asunto. Venerar las osamentas es una manera de exaltar a Hidalgo, Allende, Aldama, Morelos y compañeros de viaje, pero una de las peores maneras.

El Bicentenario tendría que ser ocasión para reiterar y refrendar valores nacionales: cohesión en torno a propósitos fundamentales, responsabilidad y solidaridad, una idea actual de soberanía, identidad en la historia y otros rasgos comunes, etcétera. Pero ninguno de esos principios está representado en varias cajas con huesos, por muy venerables que sean sus propietarios originales. A los héroes los queremos recordar vivos, como hombres y mujeres con pasiones y convicciones que tomaron decisiones memorables en circunstancias difíciles. Pero nada de eso ocurrirá cuando nos asomemos a osamentas como las de Mariano Matamoros, Francisco Xavier Mina, Andrés Quintana Roo o Leona Vicario.

El historiador José Manuel Villalpando, uno de los responsables del rescate óseo, considera con demasiada grandilocuencia que a nuestros héroes hay que ponerlos a la vista del público de tal manera que “el ánimo de quien visita se conmueva, que propicie el recuerdo agradecido, pero también la reflexión comprometida, que nos haga recordar sus hazañas y anécdotas —todas formadoras de la patria— pero que también nos motive a cumplir y asumir el compromiso de mantener vivos los ideales por los que ellos lucharon…” Pero los niños, jóvenes y adultos que recorran las salas de Palacio Nacional destinadas a esa exhibición se quedarán con un recuerdo petrificado y fúnebre de la revolución de Independencia.

Lo peor será cuando se conozca el resultado del análisis de los huesos para acomodarlos y determinar características como edad, sexo y estatura de aquellos a quienes pertenecieron. Dígase lo que se diga, habrá márgenes para suponer que no se trata de los restos auténticos de los doce próceres que hasta ahora se suponía en la Columna de la Independencia.

El Bicentenario podría haber sido ocasión para construir, ya que no lo tenemos hoy, un proyecto de nación afianzado en la historia pero con una sólida y compartida visión de futuro. En vez de ello, el gobierno federal permanece atascado en una conmemoración aldeana pero a la que, mirada desde otro punto de vista, también se le puede considerar autoritaria. El historiador Enrique Florescano ha equiparado la exhibición de los huesos que hace el gobierno del presidente Calderón con las prácticas déspotas y centralistas de Porfirio Díaz.

Estamos transitando, ha dicho con oportuna ironía el analista Alfonso Zárate, de la narcopolítica a la necropolítica. La primera es tragedia; la otra, nomás comedia.

Publicado en eje central

Ilustraciones de José Guadalupe Posada realizadas en 1900 para la Biblioteca del Niño Mexicano, editada por los Hermanos Maucci y preparada por Heriberto Frías. Tomadas del sitio de la Colección Jean Charlot de la Biblioteca de la Universidad de Hawaii.

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6 comentarios en “Héroes y huesos, la historia fúnebre

  1. En sus comentarios de arriba encuentro excelentes reflexiones sobre el asunto de los huesos de los héroes, especialmente sobre el haber dejado ir la oportunidad, por parte del Gbno. Federal, de “aprovechar creativamente la oportunidad que le ofrecía el Bicentenario”.
    Pienso que esta absurda o anodina decisión refleja más que nada las limitaciones que tristemente exhibe Villalpando sobre sus reflexiones o concepciones históricas, lo que lamento mucho, porque he leido algunas cosas interesantes de él.
    Pero lo que me parece una exageración excesiva, es derivar de las limitaciones de este historiador una conclusión tan jalada de los pelos, el que esa tonteria “se le pueda considerar autoritaria” y mucho menos que según Florescano se equipare a “las prácticas déspotas y centralistas de Porfirio Díaz”. Esto sí son ganas de descalificar de cualquier manera, por ponerlo decentemente, y muy equiparable, a mi personal juicio por supuesto, a la estulticia de esa decisión absurda de Villapando.

  2. Saludos estimado Raúl:
    En efecto, esta situación raya en la necrofilia y en el mayor de los absurdos.
    Por otra parte, es usted generoso al llamar historiador al señor José Manuel Villalpando, pues más allá de uno o dos trabajos medianamente sustentados en documentación y reflexiones pertinentes, sus publicaciones no tienen incidencia alguna en el mundo académico de la historia. Por algo será.
    Esta situación de los huesos es tan trascendente como aquel genial descubrimiento del 2008 del mismo Villalpando cuando reveló que la I de Francisco I. Madero es de Ignacio y no de Indalecio. ¡Enhorabuena! ¡Tan importante la I como los huesos de los próceres!
    Saludos

  3. Aunque sé que Trejo no subirá mi comentario, debo decirle una vez más, que aunque sigue teniendo algunas razones válidas sobre su “inconformidad contra Calderón” por el ego necrofílico en el asunto de los huesos patrios, lo que no es nuevo en este, ya que es una tendencia del espurio presidente.(nada mas en su “guerrita” ya acumula más de 20 mil muertos), finalmente no tiene la razón.

    Porque lo lamentable es que, siendo o pretendiendo ser historiadores, olvidan lo esencial de estos ritos presidenciales muy propios de la “alternancia” Prianista: “Los mismos que fusilaron, decapitaron, pasearon y colgaron las cabeza de Hidalgo y los insurgentes en 1810, son los que ahora, absurda e irónicamente, pasean y exhiben las osamentas de los “héroes patrios”. Es decir, los conservadores y pro imperialistas (De España) de antes, son los conservadores y pro imperialistas (De España y de USA) de ahora. Como también lo serán cuando en el centenario de la revolución, los mismos que delincuenciaron, vilipendiaron y mandaron ejecutar a los caudillos de 1910, ahora los exhibirán como “héroes callados”, y hasta intentarán remover sus restos oseos del monumento de la revolución traiconada.

  4. Una buena manera para medir nivel del intelecto de la clase gobernante puede ser despropósitos como este. “Provinciano” es una buena palabra, aunque creo que aldeano queda de mejor manera. No se entiende de dónde el animista gobierno de Calderón crea este tipo de espectáculos patéticos, no sabemos que “brillante” consejero le propuso esto o aberraciones como la encuesta sobre su asistencia a la inauguración de la Copa del Mundo. Es increible que para esta gente sea más importante seguir construyendo pirámides y totems que abordar el asunto más importante en el mundo: gestionar el cambio institucional que haga transitar al país -al mundo, en general- hacia un nuevo ciclo económico, que, consecuentemente, representa la misma superación de la crisis. ¿TICs? ¿Regulación financiera? ¿Nuevos esquemas de contratos sociales? ¿Upgrade del sistema educativo? ¿Eficientización del aparato gubernamental? ¿Tendrán estas personas la más mínima idea de dónde se encuentra el mundo, actualmente? Si así fuera, ¿seguirían con su ridículo desfile óseo? Por cierto, les recuerdo que el Halloween tiene lugar en noviembre.

  5. Estimado Raúl, creo que el asunto de los huesos de nuestros héroes patrios refleja el estado de ánimo del presidente, además de una gran incapacidad para entender la palabra “celebración”, que ciertamente no debía iniciarse con un evento por demás anticlimático.
    Felicidades por tu atinado análisis.
    Saludos de Elsie

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