Medios en la mira

El secuestro de cuatro periodistas en Durango hizo evidente la ausencia de normas, así como de decisiones comunes, para que los medios de comunicación  respondan al amago de la delincuencia organizada. En buena hora, esos reporteros fueron liberados. La decisión de Televisa para poner en negro la pantalla donde debía haberse transmitido el programa de Denise Maerker y los dilemas que enfrentaron los directivos de Milenio, enfatizaron la gravedad del secuestro y extendieron la preocupación acerca de la seguridad de los periodistas que cubren informaciones relacionadas con la delincuencia organizada.

Ilustración tomada de http://mexico.cnn.com

Los narcotraficantes quieren incorporar sus puntos de vista en la agenda de los medios de comunicación. Lo han intentado de varias formas presionando con amenazas a las redacciones, intimidando con la colocación de explosivos, incluso secuestrando y asesinando antes a reporteros en varios estados del país. A la fecha hay 11 periodistas desaparecidos y se encuentran sin resolver los asesinatos de otros 64. El acoso delincuencial contra la prensa no es nuevo, aunque ahora resultó más evidente debido al secuestro de periodistas de dos medios de comunicación de alcance nacional.

Ante ese interés del narcotráfico y otros grupos delincuenciales, los medios de comunicación han reaccionado de manera errática, contradictoria y dispersa. Algunos, decidieron hace tiempo no transmitir imágenes de cuerpos mutilados o de las mantas que colocan tales grupos para expresar sus rivalidades y amenazas. Otros medios, al contrario, suelen difundir esas imágenes con desparpajo. No se trata solamente de la expresión de la natural competencia que hay entre distintas empresas de comunicación, sino de concepciones distintas sobre el papel y la responsabilidad de los propios medios.

Algunos medios han querido soslayar el hecho de que los grupos delincuenciales no son cualquier fuente de información, de la misma manera que la violencia que suscitan no es un tema cualquiera. Cuando los medios difunden una declaración, se convierten en portavoces de la fuente en donde la obtuvieron. Esa obviedad ha sido eludida por aquellos medios que, sin contexto ni contrastes, suelen publicar mensajes de los grupos delincuenciales. Una cosa es difundir hechos y otra, ser vocero de los dichos de otros.

El dilema de los medios, en ese terreno, radica en resolver cómo difundir las noticias de esa índole sin regatearle información a la sociedad y al mismo tiempo sin hacerle el juego a ningún grupo de interés. Se trata de un dilema que los medios resuelven todos los días cuando se ocupan de noticias de otra índole.

Ningún medio, salvo que sus editores hayan asumido una apuesta política específica, difunde declaraciones del candidato de un partido político sin complementarlas con afirmaciones de otros candidatos, o sin explicar el entorno en el que se produjeron. Las reglas consabidas para propiciar el equilibrio, la diversidad y la independencia en la cobertura de cualquier información, así como para ponerla en contexto, tendrían que ser ineludibles en noticias delicadas como las que comentamos.

Esa tarea no es sencilla para un periodismo que, como el mexicano, a menudo elude algunos de los parámetros profesionales más elementales. Tenemos un periodismo demasiado allanado a las filtraciones e insuficientemente comprometido con la investigación auténtica. En la cobertura de asuntos relacionados con la delincuencia organizada, escasean los datos duros y con frecuencia, muchas de las filtraciones surgen de las instituciones judiciales y policiacas. Reformar esas prácticas no depende únicamente de los periodistas.

Las empresas de medios tendrían que encontrarse en la primera fila en la construcción de acuerdos ante los amagos que están experimentando. Entre otras medidas, podrían ofrecer condiciones laborales especiales a los reporteros a cargo de informaciones delicadas y cubrir esos temas de manera conjunta, por parte de varios medios.

Sobre todo, resulta necesaria la disposición de las principales empresas comunicacionales para deliberar y tomar acuerdos más allá de viejas y nuevas rivalidades. ¿Estarán dispuestos a un compromiso así los propietarios y editores de Televisa y Azteca, Reforma y El Universal, Radio Fórmula y Milenio, La Jornada y Proceso, entre otros más? Se necesitaría de una magnanimidad hasta ahora infrecuente en varias de esas empresas.

Publicado en emeequis

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2 comentarios en “Medios en la mira

  1. Todo está bien, pero la lucha no puede ser dando trators diferentes ¿hay seguridad o no hay seguridad, en toda la sociedad? Lo demás es crear régimenes especiales, como el corresponsal de guerra pero no se si esto satifaga a los periodistas.

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