Frank la Rue y Catalina Botero

Tanto la ONU, como la OEA, tienen sendos relatores para la libertad de expresión. En la Organización de las Naciones Unidas esa responsabilidad la desempeña el guatemalteco Frank La Rue. En la Organización de Estados Americanos, la responsable de tales asuntos es la colombiana Catalina Botero. Los relatores de esos organismos nunca habían realizado una misión conjunta. El discutible honor le corresponde a México.

Frank La Rue. Fotografía tomada de http://gacetabicentenario.com.a

El lunes pasado, Botero y La Rue comenzaron una visita oficial de 15 días. En el transcurso de esta semana se han entrevistado con funcionarios públicos y legisladores pero también, y con especial interés, con periodistas, representantes de organizaciones sociales y defensores de derechos humanos. Estarán en Sinaloa, Chihuahua y Guerrero, algunos de los estados en donde el ejercicio del periodismo ha sido más riesgoso. Los resultados de esa observación formarán parte de los informes que presentarán en sus respectivas organizaciones pero antes de dejar nuestro país enumerarán, en conferencia de prensa, los problemas que habrán advertido en esa intensa visita.

El prontuario de circunstancias agraviantes para la libertad de expresión en México que están elaborando Botero y La Rue se extiende a cada testimonio que reciben. Los más graves se refieren a los asesinatos, desapariciones, secuestros e intimidaciones contra periodistas y medios de comunicación en varios estados del país. Para documentar esos atentados no les haría falta mas que hojear la prensa mexicana de las semanas recientes. Pero, con notoria escrupulosidad, los relatores de la OEA y la ONU escuchan con atención, toman nota de cada declaración que se les presenta, preguntan y piden más datos, atiborran de apostillas los cuadernos en donde registran cada caso de agresiones al periodismo y la información en México.

Hay otros temas, también relevantes porque significan restricciones al ejercicio de la libertad de expresión, que interesan a los relatores. La ausencia de reglas actuales, que sean cumplidas y que garanticen la diversidad de enfoques en los medios de comunicación, les llama la atención cuando se les narra la circunstancia mexicana. La concentración de los medios electrónicos, aunque ya tienen referencias de ella, les inquieta de manera singular. México es uno de los países en donde se concentran más recursos comunicacionales en menos manos. Las alusiones a Televisa proliferan, y no de manera favorable, en los testimonios que escuchan Botero y La Rue.

Las reticencias del gobierno mexicano a cumplir con el derecho de los ciudadanos para tener acceso a la información pública y especialmente el desaire a varias resoluciones recientes del IFAI, se encuentran registrados ya en las libretas que cargan Botero y la Rue. La persistencia en México de normas legales que sancionan con penas corporales los delitos de prensa (como sucede con la Ley de Imprenta, vigente desde el lejano 1917) les llama la atención porque habitualmente se piensa que en nuestro país ya no hay posibilidad de encarcelar periodistas por lo que dicen o publican. La ausencia de parámetros para que el Estado compre publicidad en los medios, la reconocen como fuente de coerciones y obstáculo a una prensa verdaderamente libre. La ausencia de mecanismos expeditos para que las radiodifusoras comunitarias sean legalizadas, es preocupante.

Catalina Botero. Foto tomada de http://focosgrupo.blogspot.com

El lunes por la tarde los relatores conocieron de viva voz las quejas de varios operadores de radiodifusoras de esa índole contra quienes se han abierto causas legales, que pueden llegar al encarcelamiento. Doña Rosa Cruz, indígena purépecha que participaba en la modesta radiodifusora instalada por los habitantes de Ocumicho, en Michoacán, narró las persecuciones que la han convertido, desde luego muy a su pesar, en emblema de la lid por la radiodifusión comunitaria. En esa misma sesión, la directora del diario AM de Guanajuato exhibió los amagos del gobernador de aquella entidad contra la prensa que no se somete a sus veleidades. Un reportero de Chiapas describía un panorama de asechanzas que algunos creerían asunto del pasado. Uno tras otro, los interlocutores de La Rue y Botero refirieron experiencias, aprensiones, diagnósticos críticos.

Frank La Rue lleva décadas peleando por los derechos humanos en Guatemala. Durante una temporada tuvo que vivir en Estados Unidos debido a la persecución que enderezaba en su contra el gobierno guatemalteco. Estudió en la Universidad John Hopkins un posgrado en Política Exterior estadounidense y años después fue candidato al Premio Nobel de la Paz. La cercanía geográfica, pero además la extensión a ese vecino país de los peores defectos de nuestra prensa, le permiten estar muy familiarizado con la circunstancia mexicana.

A Catalina Botero las desventuras mexicanas tampoco le son desconocidas. Antes de esta visita, ha recibido en Washington diversos testimonios acerca de las limitaciones a la libertad de expresión en México. Fue magistrada de la Corte Constitucional en Colombia y estudió un posgrado en Derechos Humanos en la Universidad Complutense de Madrid.

Desde hace tres años, antes incluso de la designación de cada uno de ellos, la visita de los relatores para libertad de expresión fue solicitada por diversas organizaciones mexicanas empeñadas en promover y defender estos temas. El gobierno mexicano se había negado a expedir la invitación que es necesaria para que los relatores hagan un viaje oficial. Ahora están en nuestro país pero no debido a deferencia ni a apertura alguna del gobierno, sino al empeoramiento de los asuntos que les alarman a los enviados de la OEA y la ONU.

Inquisitiva y pizpireta, la joven abogada Catalina Botero solicita a sus interlocutores información precisa, conocedora del valor que tienen las evidencias documentales. Paciente y bonachón, Frank La Rue escucha a los periodistas mexicanos con atención y respeto. Hacen un dúo formidable. Quizá, también, su presencia en México ayude no solo a denunciar, sino además  a construir puentes y cauces para solidificar el ejercicio de la libertad de expresión.

Publicado en eje central

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