La educación y sus rémoras

Publicado en emeequis

Imagen tomada de crisolplural.com

Elba Esther Gordillo personifica el abuso caciquil, así como el atraso cultural que el sindicato de maestros ha impuesto a la educación en México. La presidenta del SNTE se asocia con el gobernador Peña Nieto y la empresa Televisa con el mismo desparpajo que le permite regalar camionetas Hummer y firmar artículos en los que, sin pena alguna, se refiere a la calidad en la educación. 

La señora Gordillo dispone de los recursos del SNTE, designa a buena parte de la jerarquía burocrática en la SEP así como en las áreas responsables de la educación en los estados, se ha vuelto propietaria de enclaves como la Lotería Nacional y es dueña incluso de un partido político. El poder que disfruta, lo conserva gracias a los maestros.

Por indiferencia, resignación o miedo, centenares de miles de profesores toleran la dirigencia encabezada por Gordillo. La presidenta sindical, sin embargo, se encuentra lejos de la dedicación a la enseñanza y el compromiso con la sociedad que mantiene la gran mayoría de los profesores  de enseñanza básica en este país.

Antítesis de un gremio al que no obstante representa y cuyos recursos usufructúa con criterios facciosos, la señora Gordillo es arquetipo del viejo México que no cambió con la transición política y que se ha convertido en costosísimo fardo para la educación.

El otro responsable de la permanencia del liderazgo de la señora Gordillo es el gobierno. Durante el régimen priista, el partido gobernante y el liderazgo sindical compartían ambiciones y clientelas. Cuando en abril de 1989 el presidente Carlos Salinas dispuso la caída del antiguo cacique Carlos Jonguitud y promovió para sustituirlo a Elba Esther Gordillo, no propició la democratización sino apenas una modernización coyuntural del SNTE.

La profesora, como le dicen sus numerosos beneficiarios, está por cumplir 22 años al frente del sindicato. Los grupos disidentes que renovaron las dirigencias de algunas secciones y llegaron a constituir un vigoroso movimiento nacional hoy se encuentran apoltronados, han establecido complacientes entendimientos con el liderazgo de Gordillo e incluso, entre ellos se encuentran algunos de los núcleos que se oponen con más vehemencia a cambios elementales en el sistema educativo como el establecimiento de parámetros públicos para la evaluación de los profesores.

Es difícil distinguir al SNTE, de sus dirigentes. Las prácticas de Gordillo y los líderes que la rodean, la ostentación impúdica que hacen con recursos públicos y de los trabajadores, el convenencierismo de sus alianzas políticas, el daño que causan a la educación, han desacreditado la imagen de la organización sindical y de los maestros mismos. Antes los profesores de educación básica eran muy respetados. Hoy, la sociedad los identifica entre los obstáculos que sufre el país.

Los promotores de la “Coalición ciudadana por la educación”, que promueven una actitud crítica ante la dirigencia del SNTE, han insistido en que no están en contra del sindicato. Al contrario, consideran que los derechos laborales deben ser respetados y que los profesores son imprescindibles en cualquier transformación educativa.

Sin embargo esos ciudadanos objetan la supeditación de la enseñanza a intereses gremiales y proponen interesantes medidas para que la gestión educativa quede liberada de los rígidos compromisos que suele imponer el sindicato.

La promoción de los maestros y la designación de directores, supervisores y otros docentes con cargos administrativos deberían hacerse a partir de concursos públicos. La profesionalización de la carrera educativa tendría que estar acompañada de sistemas de promoción e incentivos, siempre a partir de evaluaciones en donde importen la capacidad de los profesores y no el favoritismo de los líderes. Los recursos sindicales deberían manejarse con transparencia y la sociedad tendría que contar con espacios para fiscalizar las decisiones en materia educativa.

Esas son algunas de las elementales e indispensables medidas que presenta la Coalición ciudadana. Los destinatarios de ese esfuerzo tendrían que ser además los propios maestros, si logran comprender que la calidad en la educación no es contra ellos, aunque sí antagónica con el amasijo de connivencias en el que se ha convertido su sindicato.

Encabezada por Gilberto Guevara Niebla, que conoce bien lo que sucede y lo que hay que hacer con la educación en México, la Coalición somete sus propuestas a la adhesión de los ciudadanos (www.porlaeducacion.com). Es el inicio de una larga marcha en la que, sin exageración, se juega la posibilidad de que el futuro del país no esté condicionado por la mediocridad.

 

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