Carmen Aristegui

Publicado en Eje Central

Aristegui se ha convertido en todo un caso. Mientras más se aplaza la solución a su exclusión de la radio, más se polarizan las posiciones en torno a esa importante conductora y la desafortunada medida que tomó la empresa MVS.

Ya sea que haya sido decisión exclusivamente de la empresa o que haya sido inducida desde la Presidencia de la República, la cancelación del noticiero encabezado por esa periodista se confirma como un enorme desatino. De no haber sido expulsada de la frecuencia radiofónica, a estas alturas nadie se acordaría del cuestionamiento que Carmen Aristegui hizo el viernes pasado acerca del estado de salud del presidente Felipe Calderón. Las bravuconadas y provocaciones del diputado Fernández Noroña no hubieran trascendido, más allá de la de por sí lamentable suspensión de la sesión del día anterior en San Lázaro y del discutible comentario de la periodista.

Hay quienes quieren fijar la discusión sobre este asunto en torno al comportamiento profesional de Carmen Aristegui. Todos los periodistas que se han expresado al respecto coinciden, cómo no, en que el derecho a preguntar es intocable. Pero inclusive esa atribución no solo de los informadores sino de cualquier ciudadano, está acotada por el respeto a valores hoy tan poco inspiradores como la vida privada y la reputación de las personas.

Esa discusión ha sido resuelta por la propia periodista. En su alocución del miércoles en la Casa Lamm, Carmen Aristegui explicó que el viernes anterior, “en mi libre derecho de expresión formulé un comentario editorial que aludía a un incontrovertible hecho noticioso”. Tiene razón: se trató de una opinión personal, subjetiva aunque sustentada en una noticia y, sobre todo, que hizo en ejercicio de la libertad de expresión.

A algunos nos ha parecido que ese comentario era impertinente e innecesario, pero a estas alturas el eje del debate no se encuentra allí. Carmen Aristegui tenía derecho a formular aquel comentario desde el punto de vista jurídico y ético. Pero desde el plano político, no solamente fue insólito sino, además, profundamente irritante para algunos. Ningún periodista ha documentado, todavía, las reacciones que esas frases de Aristegui suscitaron en la casa presidencial. Con alguna perseverancia podrían reconstruirse llamadas, exigencias, reuniones y presiones que menudearon sobre los directivos de MVS y la periodista durante todo el fin de semana.

La decisión de excluir a la periodista fue, sin embargo, de MVS. A diferencia de otras remociones frecuentes en los medios, los directivos de esa empresa al menos ofrecieron una explicación, aunque muy débil. Decir que había transgredido un código de ética que nadie conoce, resultó tan insuficiente como inaceptable.  La propia Aristegui, al proponer una vía para resolver ese diferendo, ha dicho que el presidente de MVS recibió, desde Los Pinos, presiones inusitadas.

Por eso la exclusión de Aristegui de su programa de radio no es una decisión meramente empresarial. Aunque así lo fuese, como insisten algunos que con ese argumento quieren minimizar la decisión de MVS, una empresa de comunicación tiene responsabilidades con sus públicos. Echar a una periodista, máxime si tiene una audiencia significativa, es una medida que deja a esos radioescuchas sin el derecho a recibir los contenidos que dicha conductora suele presentarles.

En términos legales un medio de comunicación puede despedir a cualquiera de sus empleados (siempre y cuando page la indemnización laboral correspondiente). Pero un medio de comunicación además está acotado por los intereses de sus radioescuchas, televidentes o lectores. De hecho, esos públicos son el patrimonio más importante que puede llegar a consolidar una empresa dedicada a la comunicación. Y si es por motivos políticos o por simples desacuerdos con lo que decía el periodista así excluido, se trata de un acto de censura.

Entre los varios despropósitos que se han dicho en estos días está el de quienes aseguran que la censura solamente existe a partir de decisiones directas del gobierno. No es cierto. De hecho hoy en día, en México, la principal fuente de censura se encuentra en los intereses (sea por temores, ambiciones o conveniencias) de las empresas de comunicación.

El caso Aristegui subraya esa vulnerabilidad. La libertad de información y opinión se encuentra ceñida a un sistema de medios profundamente concentrado, ineficazmente regulado y al que todavía articula una relación perversa, de complacencias mutuas, entre el poder político y las empresas de comunicación más importantes.

Beneficiario durante largo tiempo de esa relación perversa, ahora el poder político se está convirtiendo en rehén de ella. Los funcionarios que tanta indignación expresaron en Los Pinos ante el comentario incómodo de Aristegui han sido operadores, pero también cautivos, de las canonjías que las televisoras privadas están acostumbradas a exigir y recibir. Y una empresa de menores dimensiones pero con larga historia de perseverantes intentos para competir con esas televisoras, es colocada en una situación difícil debido al desparpajo de su periodista estrella y, antes que nada, debido a la intolerancia que de pronto se manifiesta desde la casa presidencial. Los quisquillosos y quisquillosas en Los Pinos rechazan una opinión política incómoda pero sobrellevan todos los días, a todas horas, los contenidos –esos sí ofensivos, para la sociedad toda– que son paradigmáticos en Televisa y Televisión Azteca.

MVS lleva años disputando una promisoria banda en la frecuencia de 2.5 Ghz, cuya concesión tenía asignada pero nunca la aprovechó plenamente. Se trata de un conjunto de frecuencias que esa empresa había recibido para la televisión por microondas que ha ofrecido desde hace tiempo. Ahora esas frecuencias son más valiosas porque en ellas se pueden difundir señales de Internet inalámbrica. El litigio en torno a ellas lleva varios años y está a punto de resolverse, si hemos de tomar en serio alguna declaración reciente del presidente de la Cofetel.

Las otras frecuencias que podrían interesar a MVS y desde luego a otras empresas, son las que algún día pondrá en licitación el gobierno para integrar una o dos nuevas cadenas de televisión nacional. Aunque recientemente en la Cofetel se dijo que esas licitaciones podrían terminar dentro de un año, ahora uno de sus comisionados anuncia que demorarán mucho más tiempo. Cualquier dilación en ese proceso beneficia a Televisa y Azteca, que se resisten a tener competencia en el campo de la televisión abierta.

El caso Aristegui tiene muchas aristas. Pero antes que nada ocurre en un contexto de intensa estridencia política, de irregular desempeño del gobierno en campos como el de las telecomunicaciones y de indolente sumisión del poder político a las televisoras tradicionales. El contraste a ese panorama ha sido la enorme vitalidad de los ciudadanos más inquietos ante la exclusión de la periodista. Quizá nunca hemos visto en México expresiones de irritación y preocupación tan extendidas, y a favor de un periodista privado de su tribuna profesional, como las que se han difundido desde el lunes pasado en respaldo a Carmen Aristegui. La repetición de su nombre en Twitter es una de las manifestaciones de esa desazón en sectores significativos de la sociedad mexicana.

En otro momento habrá que estudiar cómo es que una periodista llega a ser tan emblemática de tan variados afanes como los que hoy se manifiestan a favor de ella. Pero por eso y, como hemos dicho en otros sitios, porque con su exclusión de la radio nadie gana –excepto los abusivos y los intereses que suelen ser afectados por el periodismo que practica– hay que requerir el retorno, mientras más pronto mejor, de Carmen Aristegui a su espacio radiofónico en MVS.

 

 

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3 comentarios en “Carmen Aristegui

  1. “formulé un comentario editorial”. ¿Usted tan enterado, puede informar a este villamelón cuando algún dicho es noticia y cuando es comentario editorial? ¿También podría indicarme si el programa de CA era un noticiario o uno de comentarios editoriales?
    A algunos nos ha parecido que ese comentario era impertinente e innecesario, pero a estas alturas el eje del debate no se encuentra allí. “Usted dice ambas cosas con mucha elegancia”
    Ningún periodista ha documentado, todavía, las reacciones que esas frases de Aristegui suscitaron en la casa presidencial. “Con alguna perseverancia podrían reconstruirse llamadas, exigencias, reuniones y presiones que menudearon sobre los directivos de MVS y la periodista durante todo el fin de semana. Esperaremos pues a que la solidaridad gremial tan poco comprometida arroje luces alguna vez. ¿De verdad no le escama el contenido de los mensajes de muchos insinceros apoyadores?”
    los directivos de esa empresa al menos ofrecieron una explicación, aunque muy débil. Decir que había transgredido un código de ética que nadie conoce. “Nadie es demasiada gente, me conformaría con que exista y que CA lo conozca y lo haya aceptado, ¿no le parece raro que ella no lo declare inexistente?”
    valores hoy tan poco inspiradores:
    La propia Aristegui, al proponer una vía para resolver ese diferendo, ha dicho que el presidente de MVS recibió, desde Los Pinos, presiones inusitadas. “¿Otra verdad, rumor, mentirita, valor poco inspirador, comentario editorial? La vía propuesta es la misma que ella rechazó, sólo que usted y yo creemos que ella tiene razón los Vargas no.”
    decisión de MVS, una empresa de comunicación tiene responsabilidades con sus públicos. Ojalá ese público se las cobre dejando de escuchar el noticiero. Asi valorarán el impacto real de su tremenda equivocación.
    De hecho, esos públicos son el patrimonio más importante que puede llegar a consolidar una empresa dedicada a la comunicación. Y si es por motivos políticos o por simples desacuerdos con lo que decía el periodista así excluido, se trata de un acto de censura. “Hermoso y oportuno si condicional oculto entre tantas otras verdades y sugerencias de a kilo.”
    Los funcionarios que tanta indignación expresaron en Los Pinos ante el comentario incómodo de Aristegui han sido operadores, pero también cautivos, de las canonjías que las televisoras privadas están acostumbradas a exigir y recibir. “Como todos sabemos afirmación sustentada en lo que que ningún periodista ha documentado.”
    hay que requerir el retorno, mientras más pronto mejor, de Carmen Aristegui a su espacio radiofónico en MVS. ¿por que no también a Televisa y uno de comentarios editoriales en Azteca?”
    El contraste a ese panorama ha sido la enorme vitalidad de los ciudadanos más inquietos ante la exclusión de la periodista. “Ojala les dure su inquietud y cuaje en algo más que un tuiteo iracundo e inverecundo. Podríamos salvar a CA si hacemos una coperacha para crearle un nuevo espacio. Perdón, los tiempos no están para eso, pero si podemos boicotear todos los programas radiofónicos y telvisivos de los Vargas y asi cuando, les otorguen las concesiones por las que luchan y que CA defendió tan valientemente, podamos decir voz en cuello: ya ven, AHÍ ESTÁN LAS 30 MONEDAS, HE AHÍ EL PLATO DE LENTEJAS, y como no va a suceder lo contrario, cuando menos en radiofonía, tendremos la razón.”
    En otro momento habrá que estudiar cómo es que una periodista llega a ser tan emblemática de tan variados afanes como los que hoy se manifiestan a favor de ella.
    a estas alturas nadie se acordaría del cuestionamiento que Carmen Aristegui hizo el viernes pasado acerca del estado de salud del presidente Felipe Calderón.
    “Usted dice ambas cosas.”

  2. Tengo la impresión, don Gerardo, de que usted no necesita que le expliquen la diferencia entre información y opinión. Saludos.

  3. De nuevo, otra vez el mismo problema mediático:
    Hay Periodistas que hacen bien su trabajo, como Carmen. Pero hay también de los otros, los qué se dicen periodistas, pero solo conforman el enorme cuarto poder fáctico que subsiste gracias a las bondades del sistema y los privilegios que el régimen les concede a cambio de su incondicionalidad, su proteccionismo mediático y los beneficios compartidos.
    ¡No manchen por favor!
    El caso de Carmen Aristegui es otro más (el tercero para ella) de los continuos atentados sistémicos y sistemáticos que el Estado ha venido cometiendo en contra del ejercicio de la libertad de expresión y de opinión, especialmente cuando se trata de personajes que no hacen (ni han hecho) parejas con el “periodismo oficialista” y mercenario, como el que distingue a: Las televisoras duopólicas (Tele Risa y TV Apesta), a los periódicos “nacionales” (Reforma, El Universal, Excélsior, etc.), y a las verdaderas CADENAS nacionales de Radio (La Red de Radio Centro, Radio Fórmula, W Radio, Mega Radio, etc.) quienes no cejan ni dan tregua contra el verdadero periodismo, que por naturaleza debe ser CRITICO y VERAZ.
    El pretexto para excluir a Carmen de MVS es lo de menos, lo confortable, es que no se atrevieron a la desaparición física forzada o hasta el magnicidio, tan practicado por los que hoy controlan el poder ejecutivo y sus dependencias oficiosas como la PGR y la SSPF, y que si se dan en otras regiones que no son el centro geopolítico de la república, como Chihuahua, Tamaulipas y Nuevo León.
    Nuestro apoyo a Carmen es incondicional, porque su Periodismo ha sido y es también incondicional con los intereses más generales de los mexicanos, y además siempre crítico de los privilegios que injustamente disfruta la minoritaria clase (Des) gobernante del Prianprdismo.
    predomina en nuestra nación, y dodne hacen cabeza, indiscutiblemente, las empresas Televisa y TV Azteca

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