Sombras detrás de cada candidato

Publicado en emeequis

Estigmatizados con la antipatía que descalifica anticipadamente a los que se presume perdedores, Alejandro Encinas y Luis Felipe Bravo Mena quisieran llegar ya al 3 de julio, sobrellevar el trago más amargo de su carrera política y pasar de inmediato esa página.

Imagen tomada de http://www.milenio.com

Los dos son políticos honestos, comprometidos desde hace largo rato en la construcción de la democracia. Encinas militaba en las izquierdas desde el Partido Comunista, de cuya disolución para crear un partido unificado socialista se cumplirán tres décadas en noviembre próximo. Estudió Economía en la UNAM, ha sido diputado federal, jefe de Gobierno del DF en sustitución de López Obrador. Nació en la ciudad de México hace 57 años.

Luis Felipe Bravo Mena se comprometió con la política desde la derecha empresarial. Trabajó para el Consejo Coordinador Empresarial, la Coparmex y el Instituto de Proposiciones Estratégicas. Estudió Derecho en la Universidad de Guanajuato y ha sido legislador federal. Nació en León, hace casi 59 años.

Si las generaciones, como decía Ortega y Gasset, se renuevan cada quince años, Eruviel Ávila Villegas es de una generación más reciente. En mayo cumplió 42 años y aunque no es un jovencito está más cerca cronológicamente de los muchachos que abundan en el padrón electoral del Estado de México.

De los aproximadamente 10 millones y medio de ciudadanos con derecho a votar, habrá alrededor de 618 mil jóvenes que podrán ir a las urnas por primera vez. ¿Qué les dicen a esos jóvenes los discursos de tales candidatos? Casi nada. Becas, matrículas, empleos, menos inseguridad… Ninguno de los aspirantes a gobernar el Edomex se hace cargo de las vicisitudes ni de los sueños de los muchachos, sus alocuciones siguen ceñidas a la vieja retórica política.

“Voy a darle a la gente”, enfatizó Eruviel Ávila en el debate entre esos candidatos el miércoles pasado. A eso se limita su oferta. Repartirá el dinero público como si fuera suyo: despensas y máquinas de coser, desayunos y útiles escolares, líneas del metro, tren al DF, industrias: “yo sí pienso en grande”, se ufana, confundiendo al estadista con la estadística.

Ese es el gobernador que quieren los mexiquenses y, sin equivocarnos mucho, de ese perfil será el gobierno que quieran dentro de un año los ciudadanos en todo el país. Eruviel Ávila encarna el populismo, revestido de eficientismo y concesiones, como fórmula de gobierno: recursos públicos administrados desde la perspectiva discrecional del gobernante, ciudadanos subyugados por ayudas insuficientes pero reales. Es una crudeza distante del proyecto igualitario que desempolva Encinas, lo mismo que del humanitarismo retórico que proclama Bravo Mena.

La del Estado de México no es, sin embargo, una contienda en torno a proyectos. Allí cuentan, sobre todo, las sombras que trae detrás suyo cada candidato. Encinas carga, a veces como loza, con la presencia de López Obrador. Los activos y pasivos de ese padrinazgo, se contrarrestan. El PRD, si se mantienen las tendencias registradas todavía dos semanas antes de las elecciones, se quedará alrededor del 24% que obtuvo en los comicios para gobernador de hace seis años.

El fardo que significa Felipe Calderón en la campaña de su ex secretario particular es más difícil de sobrellevar. Cuanta propuesta o promesa formula el candidato panista, es inevitablemente contrastada con lo que hace o deja de hacer el gobierno federal. La sombra de Los Pinos es quizá el factor principal que hará del PAN el gran perdedor de las elecciones mexiquenses. En 2005 ese partido obtuvo casi el 25% de los votos; ahora posiblemente estará abajo del 15%.

El fracaso de la alianza PAN-PRD no es causa de tal derrota. Según la encuesta de Reforma, si Bravo Mena declinara a favor de Encinas el 65% de quienes piensan votar por el panista lo harían por Ávila.

De la misma manera, en comparación con la elección anterior los votos que pierde Acción Nacional los capitaliza el PRI. De casi 49% hace un sexenio, ahora ese partido alcanzará quizá el 59%. O más.

La sombra de Enrique Peña Nieto ha sido propicia para Eruviel Ávila, por mucho autoritarismo, clientelismo e inercias políticas que signifique esa candidatura. A pesar de Montiel y del clan de los Hank, a pesar de la soberbia y el talante mandón de Peña, a pesar del discurso hueco y rancio del PRI: ese partido va adelante gracias a los muchos yerros de sus oponentes y a la complaciente desmemoria de buena parte de la sociedad.

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