En desacuerdo con Sicilia

Publicado en emeequis

   Le tengo respeto a Javier Sicilia y he experimentado una sincera solidaridad con su situación. El dolor indescriptible que ha padecido, supo acompañarlo de una actitud de reivindicación y exigencia cívicas que ha removido emociones y convicciones en todo el país. Pero creo que el foco, el foro y el fondo de sus exigencias están equivocados.

Hoy Sicilia es un actor fundamental en el escenario político mexicano. Sus guiños y gestos son reproducidos en numerosos medios. No hay político ni gobernante que se rehúse a rendirle cuentas. Sus reproches se han extendido a todo el entramado público y las reivindicaciones que propone están conformando un programa como el de un partido. Solamente que, de manera discreta y a veces no tanto, Sicilia y sus seguidores dicen que están en contra de la política y los políticos.

Tales contradicciones hacen amorfo y confuso, al mismo tiempo que demuestra una gran vitalidad mediática, al movimiento encabezado por dicho escritor. Sus banderas iniciales eran claras, aunque discutibles. El reproche al gobierno por la violencia de la cual han sido víctimas, entre muchos otros, los familiares de Sicilia y de algunos de sus compañeros en este esfuerzo fue, por decirlo de manera sencilla, parcial y arbitrario.

Los elementos de algunas corporaciones de seguridad pública han sido culpables de abusos e incluso crímenes. Pero al cargar el énfasis en la denuncia contra el poder político, sin recordar que antes que nada los culpables de la violencia que ha golpeado al país son los jefes del crimen organizado, la denuncia de Sicilia y socios resultó riesgosamente incompleta.

Las medidas del gobierno para enfrentar a la delincuencia pueden ser controvertibles aunque nadie ha propuesto –ni siquiera el movimiento de Sicilia– una estrategia sustancialmente distinta. Con frecuencia ha parecido que, más que el combate a la delincuencia, les interesa combatir al gobierno o al poder político en general. Luego se abrazan y besan con los gobernantes y aumenta la confusión acerca de sus motivos y objetivos.

Que los cuerpos de seguridad pública rindan cuentas, que se recuperen nombres y apellidos de las víctimas, que los derechos humanos sean respetados, son exigencias compartibles y elementales. Lo más lógico sería suponer que para enfrentar a la violencia es preciso que el país esté cohesionado en contra de los criminales. Pero a juzgar por sus dichos, la batalla contra los delincuentes les interesa menos que alcanzar otras reivindicaciones.

De ser expresión de algunos familiares de las víctimas, ese grupo ha pasado a constituirse en una suerte de auditoría moral del poder político. Y uno, como ciudadano, más allá de solidaridades y emociones, tiene derecho a preguntarse a cuenta de qué el movimiento de don Javier se erige en fiscal de nuestra vida pública. Resulta inquietante esa tendencia a la subordinación de los asuntos públicos respecto de un personaje carismático, que para muchos puede ser entrañable pero que nadie ha elegido para representar a nadie.

Lo más sorprendente es la docilidad con que muchos políticos se subyugan a esa inopinada fiscalía y a quien la encabeza. Lo hacen debido al reconocimiento que Sicilia y su causa han suscitado en los medios de comunicación. Quizá, despistados como suelen ser en su apreciación de los medios, tales políticos ambicionan compartir el prestigio de ese movimiento. Pero cuando se disputan el micrófono para “pedir perdón” como con tanta arrogancia les exige el poeta, reiteran y empeoran la demagogia que ya les conocíamos.

En los encuentros que han tenido los dirigentes de ese movimiento con el presidente y luego con legisladores se han presentado denuncias, en ocasiones conmovedoras pero también indignantes, acerca de omisiones y excesos de distintas autoridades. Cuando el poeta y los suyos exigen disculpas, quedan a un lado las consecuencias jurídicas como si tales faltas se resolvieran tan solo con que los funcionarios o legisladores soliciten que los perdonen. Nomás faltaba.

Son demasiadas disculpas. Las responsabilidades legales de servidores públicos, e incluso de criminales, están siendo desplazadas por esas insólitas ceremonias del perdón. Ahora el sacerdote Alejandro Solalinde pide “perdón a los Zetas, a todos los delincuentes y a todos los hermanos que les hemos fallado”. La solidaridad con Sicilia y socios no puede llegar tan lejos. Trivializan el perdón, que es una de las actitudes sociales y humanas más elementales y comprometen el ejercicio de la justicia. Eso sí es imperdonable.

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7 comentarios en “En desacuerdo con Sicilia

  1. Sicilia nunca ha dicho representar nada que no sea él mismo y el movimiento más cercano a él. Acusarlo de quererse convertir en una fiscalía o de presentarse como representante de algo no creo que tenga sustento sólido en las afirmaciones que él ha hecho en distintos foros, estimado Raúl.
    En cuanto a las culpas y los perdones, en ningún momento Sicilia o Álvarez Icaza han planteado un trueque de perdones por responsabilidades penales o administrativas. Las causas judiciales abiertas siguen su curso y en ningún momento se podría pensar que Sicilia o su gente esperan hacer ese tipo de trueques.
    En cuanto al cargo contra Solalinde no entiendo cómo es que lo dicho por él trivializa el perdón. Es un reconocimiento de una realidad clara. Todas las instituciones socializadoras de este país han fallado, y Solalinde habla a nombre de una de ellas. Si el gobierno, las fuerzas armadas, los medios, las escuelas y/o las demás instituciones socializadoras no quieren aceptar su responsabilidad, no creo que lo dicho por Solalinde traiga implícita alguna renuncia o solicitud de renuncia o de desistimiento de las culpas de los Zetas o de las responsaiblidades, por ejemplo, de los ejércitos de México, Guatemala y Estados Unidos en crear ese monstruo.
    Movilizar en México no es cosa fácil. Tú lo has vivido en carne propia. Los recursos que Sicilia utiliza pueden no ser los “de cajón” y seguramente te molestan por su uso de símbolos religiosos o por la cercanía con líderes religiosos como Solalinde y el obispo mormón Lebarón, pero yo no veo en el horizonte de la vida pública nacional otra cosa que no sea apatía y una especie de desazón mezclada con el sentimiento de la inevitabilidad del regreso del PRI a Los Pinos.
    No sé por qué Sicilia hace lo que hace, yo no haría mucho de lo que él hace, pero le doy crédito por su empeño y por la creatividad que despliega…
    Saludos

  2. Agrego, además, que tu crítica a Sicilia acerca de la falta de propuestas recuerda la de Calderón. En lo personal no creo que sea responsabilidad de Sicilia ofrecer otras soluciones, ¿o qué? Si tú vas al médico y el diagnóstico/tratamiento del médico está equivocado y le haces ver que no mejoras, ¿también eres responsable de darle un mejor diagnóstico/tratamiento para que lo te lo apliquen?
    Eso es responsabilidad de laautoridad. Desafortunadamente, en México la autoridad es brutalmente refractaria y se niega por todos los medios a atender las propuestas que, por ejemplo, Nexos viene publicando en algunos de sus números más recientes. Pero están las propuestas de Luis de la Barreda y de otros que han señalado los errores de la estrategia del gobierno que fracasa no sólo por sí misma, sino también porque la política económica no le ayuda.

  3. Gracias, estimado Rodolfo, por tu amable comentario. No estoy seguro de que Javier Sicilia no haya propuesto que habla a nombre de otros más. Por lo general desconfío de quienes, desde los partidos, las oposiciones, los medios o donde sea, dicen que su voz es la de la sociedad civil. De lo que sí estoy seguro es de que él y su movimiento se han erigido en fiscales del resto de la vida pública. Lo hacen, incluso, con una autosuficiencia y/o soberbia bastante sorprendentes. Aprecio que reconozcas que el señor Solalinde sí pretende hablar “a nombre” de instituciones muy diversas. Y por ello insisto, ¿quién lo nombró? ¿A cuento de qué? No he dicho que al dispensar perdones y exigir disculpas a diestra y siniestra Sicilia y su movimiento traten de reemplazar las responsabilidades jurídicas de quienes han cometido faltas, supuestas o reales. Pero ¿qué puede pensarse cuando insisten en tales absoluciones simbólicas y soslayan la exigencia para que se cumpla la ley? No estoy seguro de que todas, “todas” las instituciones del país hayan fallado. Algunas ahí andan, maltrechas y vetustas pero funcionan (instituciones de salud, universidades públicas y, si vemos el panorama general, el ejército y el gobierno mismos). Las fallas que de todos modos tienen son enormes y por eso es preciso mantener una crítica constante pero, para que resulte eficaz, puntual y seria. Cuando Sicilia descalifica a todos se le olvida lo que sí funciona y los motivos por los que funcionan, entre ellos el trabajo honesto de muchos mexicanos. Los matices no son lo suyo, como es evidente. El desprecio con que se ha referido a los mexiquenses que votaron por Peña Nieto es una auténtica vergüenza para el debate público. En vez de matices y análisis, en Sicilia y al menos buena parte de su movimiento hay descalificaciones a grandes brochazos. Eso no me gusta y creo que no debería gustarnos a quienes hemos requerido y hemos tratado de practicar un análisis y una práctica política más allá de los maniqueísmos. El hecho de que movilice con esos grandes brochazos no justifica el simplismo ni el autoritarismo de los planteamientos de ese personaje y su lucha. A mi también me inquieta la resignación de muchos ante el retorno de los priistas a Los Pinos pero encuentro la misma desventura en la permanencia de los ineficientes gobernantes del PAN o la por fortuna lejana posibilidad de que llegase el PRD con toda su carga de demagogia y oportunismo. El hecho de que no haya salidas a la vista no debiera hacernos menos críticos ante expresiones tan vacías e, insisto, tan autoritarias como las de Sicilia y su movimiento.

    Con agradecimiento por tus reflexiones, te envío un abrazo.

    Raúl Trejo Delarbre

  4. De acuerdo estoy con algunos o muchos de los puntos que usted toca en este texto sobre las acciones del señor Sicilia, y sobre todo, el análisis en medios alrededor de este personaje que justamente es la especialidad de sus estudios (soy estudiante de Comunicación Social de la UAM-X y he leído sus textos). Sin embargo, y con deseos de no sonar un “romántico” del quehacer de la ciudadanía, creo que deja de lado (o cuando menos de manera no sustancial) lo que ha significado el movimiento que encabeza el señor Sicilia y por ende, lo que ya significa para la ciudadanía mexicana, no solamente para aquellos que han vivido las desgracias de una “guerra contra el narcotráfico” que, como muchos académicos y especialistas han coincidido, no fue planeada con una estrategia clara, sino también para una ciudadanía que se encuentra en un nivel de hartazgo descomunal. Creo que ante esta situación la figura de Sicilia ha ayudado a abrir un debate político y de otra índole entre la ciudadanía y las cúpulas del poder. Aún cuando también comprendo que las exigencias del señor Sicilia hacia legisladores, magistrados, etc no pueden ser “echados” a la ligera por la complejidad que por naturaleza tienen las reformas, los cambios a la legislación etc; creo que esto (el movimiento del señor Sicilia) ha sido un primer paso para que la sociedad mexicana (todavía no la mayoría, por supuesto) comience a establecer comunicación con la clase política. Gracias por el espacio.

    ATTE. Daniel Gaenza

  5. Estoy de acuerdo con muchas de sus criticas, pero en algunas no porque se omite que Sicilia es poeta pero creo que nunca ha presumido de analista social ¿se le pueden pedir alternativas viables?. Sicilia con algun apoyo de los medios se está convirtiendo en un lider, tal vez solo moral, pero es una de las pocas voces en contra de las consecuencias de la guerra declarada contra los criminales. Es cierto no se han planteado caminos diferentes que la presidencia entienda, pero eso no es culpa de SIcilia ni de usted

  6. Me da gusto encontrar su opiniòn que se aparta de los analistas que no quieren ver el error (¿?) de Sicilia. Vengo siguiendo las opiniones de Octavio Rodrìguez araujo y las caricturas de Helguera que reflejan un punto de vista realista sobre este asunto. Sì, yo creo que Sicilia està jugando en favor del règimen.Inclusive, La Jornada y Proceso estàn encaminando sus baterìas para legitimar la actitude de Sicilia.

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