El nuevo monopolio

Columna Mostrador, publicada en emeequis

Los voceros de Televisa y Televisión Azteca tenían, como de costumbre, mucha cuerda y escasa consistencia cuando, en enero pasado, desmintieron al periodista Miguel Ángel Granados Chapa que había anunciado que la empresa de Emilio Azcárraga compraría Iusacell, propiedad de Ricardo Salinas Pliego. El columnista de Reforma había develado un hecho cierto. Pero como no podía documentar ese acercamiento entre las televisoras tuvo que admitir que carecía de una fuente verificable. Televisa y TV Azteca se dieron vuelo descalificando al prestigiado periodista. Granados Chapa explicó y esperó.

No tuvo que hacerlo por mucho tiempo. A comienzos de abril, las televisoras confirmaron lo que tres meses antes le habían desmentido al columnista. Televisa tenía intenciones formales para asociarse con Salinas Pliego en Iusacell, la firma pionera en la telefonía celular pero que hoy ocupa apenas el 4% de ese mercado.

Azcárraga ofreció pagar 1600 millones de dólares, una cantidad tan elevada en vista de las malas condiciones de Iusacell que cuando se anunció, en abril, las acciones de Televisa cayeron por una cantidad, significativamente, muy similar. Se trata de una operación arriesgada, que fue precipitada por el enfrentamiento de las televisoras con las empresas de Carlos Slim y por la avidez de Televisa para incursionar de lleno en la telefonía celular.

En agosto de 2010 Televisa había obtenido, aliada con Nextel, una porción de 30 Megahertz nacionales que tenía un precio de 5 mil millones de pesos pero por la que pagó únicamente 180 millones de pesos. El favoritismo del gobierno para beneficiar a la empresa de Azcárraga en la Licitación 21 de la Cofetel, fue tan escandaloso que la propia Televisa renunció en octubre a su alianza con Nextel.

No desistió, sin embargo, del afán para tener telefonía celular. Ahora el acuerdo para adquirir la mitad de las acciones de Iusacell está sujeto a la aprobación de la Comisión Federal de Competencia. Si ese organismo estuviera realmente comprometido en el combate a los monopolios, tendría que vetar dicha operación. Sin embargo en los años recientes la Cofeco ha dispensado, e incluso propiciado, la expansión de Televisa.

La nueva alianza Televisa – Azteca no puede aquilatarse al margen de la presencia que ya tienen en los negocios de la televisión y la conducción de datos. Ambas televisoras acaparan el 93% de los canales para televisión abierta de carácter comercial en todo el país y se empeñan, hasta ahora exitosamente, en amagar al gobierno para no tener competencia en ese campo. Además Televisa maneja, con Telefónica, la red nacional para Internet y telefonía asentada en dos conductos de fibra oscura de la Comisión Federal de Electricidad, controla la mayor parte de los sistemas de televisión por cable (que también pueden ofrecer telefonía y conexión a la Red) y es propietaria del servicio de televisión satelital más extendido en el país. TV Azteca es dueña de otra empresa de telefonía celular, Unefón.

El desembolso de Televisa en Iusacell no serviría para expandir o mejorar los servicios, ni mucho menos para crear empleos. Del pago acordado con Salinas Pliego, 1565 millones de dólares serían para comprar deuda de la telefónica y únicamente 37 se destinarían al capital de esa empresa.

En México todavía es precaria la distribución de señales de televisión de manera directa a los celulares. Pero en manos de Televisa y Azteca, que han impedido que otros proveedores de televisión (por satélite o cable) tengan acceso a sus canales, es indudable que habría mayor acaparamiento, calidad ínfima y precios altos en servicios como ése.

El nuevo monopolio conformado por Televisa y Azteca no representa beneficio alguno para la sociedad. Además podría ser un compromiso ilícito porque fue pactado poco después de que Televisa rompió con Nextel y quizá sin aguardar a que transcurrieran los plazos que establecen las reglas de los mercados de valores para que, quienes han sido socios en un negocio, se coaliguen con otras empresas del mismo ramo. Por eso Televisa y TV Azteca se pusieron tan nerviosas y altaneras cuando el periodista Granados Chapa dio a conocer ese acuerdo a comienzos de este año.

Por eso, además, Nextel se encuentra en otro dilema. Hace un año tuvo que soportar las amargas consecuencias de asociarse con una firma tan poderosa pero a la vez tan cuestionada como Televisa. Luego fue abandonada por esa empresa la cual, ahora, se alía con uno de sus rivales para acaparar, a través de la telefonía celular, el mercado mexicano de las telecomunicaciones.

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