Coalición, contra la politiquería

Publicado en emeequis

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La exhortación que hicieron 46 ciudadanos para que haya un gobierno de coalición levantó suspicacias, lo mismo que objeciones interesadas. Se trata de que, en caso de que ningún partido tenga mayoría tanto en la elección presidencial como en la conformación del Congreso, se coaligue con otros para estar en condiciones de gobernar.

El documento apareció en varios diarios el lunes 10 de octubre

Distintas voces consideraron que esa iniciativa es limitada. Otras, quisieron encontrarle intencionalidades políticas que no necesariamente comparten todos los ciudadanos que la suscriben. El ruido sustentado en especulaciones más que la discusión de esa iniciativa, da cuenta de las limitaciones de una cultura política aturdida por la crispación que atraviesa por todo nuestro espacio público. La propuesta, publicada el lunes 10 de octubre, es sencilla, seria y sensata. Está respaldada por la experiencia reciente.

Desde hace casi tres lustros, el partido que ocupa la Presidencia de la República es minoritario en el Congreso. En 1997, a la mitad del gobierno de Ernesto Zedillo, el PRI dejó de tener mayoría en la Cámara de Diputados y solamente alcanzó 239 de las 500 curules.

En 2000, a pesar de haber llevado a Vicente Fox a la silla presidencial, Acción Nacional únicamente tuvo 207 diputados. En la elección intermedia durante ese sexenio, las diputaciones para el PAN disminuyeron a 148.

La elección de 2006 les permitió a los panistas seguir en la presidencia pero solamente alcanzaron 206 de las 500 diputaciones. Ahora tienen 142.

En todas esas ocasiones, el partido en la presidencia ha carecido de la mayoría que necesita para tomar decisiones que deben ser avaladas por el Poder Legislativo. También en el Senado han existido, con diferentes proporciones, mayorías de los partidos en la oposición.

A pesar de convivir con mayorías parlamentarias que les han sido adversas, dichos presidentes han podido gobernar. Los partidos han aprobado numerosas reformas legales pero, en los casos más importantes, con enfrentamientos y regateos que han sido políticamente muy costosos. En otras ocasiones, como sucedió con la indefinición de casi un año acerca de los consejeros electorales, la incapacidad para tomar decisiones conjuntas ha dejado sin atender asuntos de la mayor importancia.

Esos aprietos se deben a la insuficiencia de un sistema presidencialista, antaño acaparador de la hegemonía política, que ya no es compatible con la diversidad que se manifiesta en todos los espacios de la vida pública, incluso en el Congreso. Una auténtica solución tendría que reconocer ese agotamiento del presidencialismo y, en consecuencia, avanzar en la construcción de un régimen parlamentario en donde resulte forzosa la articulación de acuerdos entre los partidos.

El gobierno de coalición es una opción más modesta y supondría la existencia de un programa de las fuerzas políticas que se comprometerían a tomar decisiones conjuntas, sin demérito de sus diferencias. Los gobiernos de esa índole no resultan extraños, incluso en sistemas presidencialistas.

Hace varios años los profesores José Antonio Cheibub, Adam Przeworski y Sebastián M. Saiegh, de las universidades de Yale, Nueva York y Pittsburgh, estudiaron la integración de los gobiernos en todas las democracias que identificaron durante la segunda mitad del siglo XX. En total, clasificaron 716 casos. De ellos, 498 fueron gobiernos de régimen parlamentario y 218 en regímenes presidenciales. (“Government Coalitions and Legislative Success Under Presidentialism and Parliamentarism”, en British Journal of Political Science, Volume 34, Issue 4, 2004).

De las situaciones examinadas en sistemas parlamentarios, hubo gobiernos con mayoría de un solo partido en 215 casos. Bajo sistemas presidenciales, en 121. Es decir, en 4.5 de cada 10 experiencias de gobiernos bajo regímenes presidenciales el partido en el poder no contaba con mayoría legislativa. Se trata de 97 casos. En menos de la mitad de ellos (45) el presidente miembro del partido minoritario gobernó sin alianzas durante toda su gestión. En otros 18, gobernó una coalición de partidos que no alcanzaba mayoría en el congreso. En 28 situaciones, el partido del presidente formó coalición mayoritaria con otros partidos políticos y en 6 más hubo distintas formas de coalición.

El compromiso político rescata la diversidad y le da cauces. Sin mayoría para nadie en el Congreso, el gobierno de coalición implicaría un cabal ejercicio de la política –que en las plurales sociedades contemporáneas es la vía para construir acuerdos– en perjuicio de la politiquería.

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Un comentario en “Coalición, contra la politiquería

  1. En pocas palabras, nuestro Raúl Trejo, también está de acuerdo, aunque no se atrevió a firmar el “desplegado”, con esta postura oportunista, convenenciera y promotora del ejercicio, ya de manera formal, del gobierno, por cierto nefasto y mas depredador, ejercido fácticamente por la partidocracia.

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