Competencia, pero en el negocio de enfrente

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Publicado en emeequis

Con un abrazo a todos los colegas de emeequis, en este primer sexenio

Los abogados de Iusacell se negaron a recibir la notificación de la Comisión Federal de Competencia que rechazaba la participación de Televisa en esa empresa. Cerraron las puertas e incluso cambiaron el número que identificaba al domicilio de sus oficinas corporativas, en un infantil pero sobre todo embaucador intento para demorar esa decisión.

Al edificio de Iusacell, en Montes Urales, la empresa le cambió de número para confundir a los notificadores de la COFECO. Foto tomada del espacio de Mariana Torres en Facebook: http://www.facebook.com/marianaatm

Se trata del mismo comportamiento que ha singularizado a otras empresas del llamado Grupo Salinas, propiedad de Ricardo Salinas Pliego. La ley, para esas firmas, no es reconocible si no es como coartada y respaldo que les permitan hacer negocios a su antojo. Cuando pueden, manipulan y presionan para torcer el cumplimiento de leyes y decisiones que no les convienen. Cuando pierden, arrebatan como hicieron hace casi 10 años al asaltar a mano armada el transmisor del Canal 40, frecuencia que sigue siendo irregularmente usufructuada por Televisión Azteca.

Ahora esos desplantes para burlar el orden jurídico involucran a Televisa. La empresa de Emilio Azcárraga Jean ha querido comprar la mitad de Iusacell con lo cual se asocia, en un sector ubicado en el centro de las telecomunicaciones, con los negocios de Salinas Pliego.

No se trata de una transacción más sino de un compromiso que, de prosperar, dejaría bajo las mismas manos todo el negocio de la televisión en México que hoy en día se reparte, de manera de por sí oligopólica, en los canales de Televisa y Azteca.

El peso de Iusacell en la telefonía celular es demasiado modesto. Después de haber acaparado ese campo, ahora dispone apenas del 4%. Esa participación en el mercado es tan pequeña que no alcanza a justificar el desmedido interés de Televisa para compartir la propiedad de Iusacell.

Lo que Televisa quiere es crear un puente formal, en una alianza con TV Azteca que iría más allá de la telefonía celular y que acentuaría la acumulación de recursos comunicacionales que ya constituye el dique más importante para la democracia mexicana.

Así parece haberlo entendido la Comisión Federal de Competencia que, con una votación muy ajustada, rechazó la unión de las televisoras en torno a Iusacell. En ocasiones anteriores, sin embargo, la Cofeco favoreció la expansión de Televisa.

Las televisoras podrán iniciar un tortuoso recorrido de impugnaciones en los tribunales. Días antes, Salinas Pliego confirmó el empleo faccioso que hace de los recursos legales cuando le ofreció al presidente de la Cofeco retirar varias demandas en contra de ese funcionario siempre y cuando fuese aprobada la participación con Televisa.

La extorsión como práctica corporativa a la que son tan afectos negocios y  abogados de Salinas Pliego, son compartidos por Televisa. En los canales de ambos consorcios se difundieron campañas contra la Comisión de Competencia y, además, contra el presidente de la Comisión Federal de Telecomunicaciones que tuvo el atrevimiento de poner a discusión la licitación de nuevas frecuencias para crear una nueva cadena de televisión nacional. Antes de este episodio, Televisa y Azteca se han coaligado para impedir que haya canales que les puedan hacer competencia. Cuando se trata de mantener su exclusividad en el mercado de la televisión abierta de carácter comercial se dedican a vituperar, al unísono, a quienes intentan afectar sus negocios.

Con esa actitud, el discurso de Azteca y Televisa contra las empresas telefónicas del Grupo Carso carece de autoridad y verosimilitud. Las televisoras dicen que tratan de participar juntas en telefonía celular para enfrentar al monopolio propiedad de Carlos Slim. Pero en el terreno de la televisión no admiten contraste alguno.

Las telefónicas del Grupo Carso ofrecen servicios malos y caros. Las conexiones se desploman a cada momento especialmente en el servicio de Internet. Los precios son probadamente superiores al mercado internacional.

El remedio no está en reemplazar a un monopolio por otro. La solución es crear reglas precisas y tener un organismo regulador auténticamente autónomo para que en los servicios de telecomunicaciones haya precios bajos y calidad supervisada por la autoridad.

Tanto en telefonía, como en televisión abierta y de paga, hay mercado para nuevas empresas. La opción no está entre Slim y las televisoras. La solución es que el Estado funcione. Pero eso no les interesa al gobierno, ni a los partidos, ni a candidato presidencial alguno.

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