Antes del debate

Mostrador

Publicado en emeequis

Los debates son el espectáculo cardinal de la democracia deliberativa –es decir, la democracia sustentada en razones públicas, decisiones fundadas, reflexión ciudadana–. Dicho así, parece claro que no es de esa índole la democracia a trompicones que se ha instalado entre nosotros.

Los debates capaces de nutrir ese modelo ideal parecieran más propios de Europa Occidental, aunque también allí se cuecen intolerancias y exclusiones, que de nuestra accidentada y en algunos sentidos inconclusa transición. Ese no es motivo para menospreciarlos, sino para justipreciarlos.

El debate que sostendrán los candidatos presidenciales el domingo 6 de mayo podría ser ocasión para airear el clima político que ha mantenido estancadas a las campañas. Pero es dudoso que, si ocurre, la discusión de propuestas sea noticia destacada en los periódicos del día siguiente.

Por lo pronto, no ha resultado fácil encontrar una definición relevante, un diagnóstico clarificador o tan siquiera una frase decisiva de alguno de los aspirantes a la Presidencia. En el primer mes de campañas los episodios más notorios fueron el zipizape retórico entre panistas y priistas a la sombra de un puente inconcluso en Tlalnepantla y los infructuosos escarceos para que hubiera debates adicionales a los dos que, en cumplimiento de la ley electoral, serán organizados por el IFE.

No deja de ser sintomático que el tema central no hayan sido el combate a la inseguridad, la reactivación de la economía o el rezago educativo, sino las reticencias de unos y otros para ponerse a discutir. La incapacidad de los candidatos para presentar una agenda nacional digna de ese nombre, resulta palmaria. No es que les falten ideas. Carecen, antes que nada, del sentido político suficiente para definirse en torno a propuestas y no a partir de la imagen que construyen sus asesores en mercadotecnia electoral.

Ninguno de ellos tiene ese aliento más allá de los intereses y la coyuntura que los clásicos denominaban visión de Estado. La perspectiva de todos ellos se agota en el cortísimo plazo. Por eso su actividad política por lo general se reduce a la politiquería, que es la forma elegante de llamarle a la grilla.

Así sucedió en los regateos alrededor de los debates convocados por varios medios. Desde el primer momento era claro que Enrique Peña Nieto no tiene necesidad de encontrarse con sus rivales más allá de lo estrictamente obligatorio. El candidato del PRI habría demostrado voluntad para crear espacios de interlocución desde ahora si hubiera aceptado algunos de tales debates. Pero el horno no está para rollos, por muy consolidada que sea su posición en las encuestas. Peña no sólo busca ganar la Presidencia. Además ambiciona obtener mayoría en el Congreso para gobernar sin contrapesos incómodos.

Por las redes sociales y en espacios de opinión ácida en los medios corre la conseja de que Peña Nieto se rehúsa a los debates y a entrevistas difíciles porque no tiene el talento suficiente para ello. El estereotipo que se ha creado acerca de ese candidato resulta demasiado sencillo para ser absoluta verdad.

Peña tiene demasiado camino andado en el quehacer político para que lo supongamos simple polichinela de sus asesores o de los poderes fácticos que lo respaldan. Al menos en varios años que lleva de campaña algo debe haber aprendido. Por eso se equivocan quienes han supuesto que no piensa por sí mismo ni articula frases sin el teleprompter.

La semana pasada el candidato del PRI fue entrevistado por el economista Ciro Murayama, meticuloso conductor del programa “Observatorio 2012” de TV UNAM. En esa charla Peña Nieto admitió que se necesita una reforma fiscal pero no se comprometió con ninguna fórmula para incrementar impuestos, reiteró que quiere crear una sola institución de seguridad social, rechazó construir refinerías, respaldó la apertura de Pemex a la inversión privada, se rehusó a considerar un gobierno de coalición, se amparó en el pragmatismo para defender la reducción de espacios legislativos a las minorías en beneficio de la eventual mayoría priista.

La que tuvo en TV UNAM fue, como anticipó Murayama, una conversación sin estridencias pero sin concesiones. Gran parte de lo que dijo el candidato del PRI es discutible y de allí la utilidad de esas declaraciones. Pero como no hubo escándalo, la entrevista no alcanzó primeras planas. Quizá la nota fue que Peña Nieto respondió de manera articulada, apareció como un político con ideas (simples, pero ideas al fin) y no está necesariamente dominado por la necedad y la frivolidad como insiste la murmuración políticamente correcta. Nada de ello, en este clima de estridencia, es noticia.

–0–

Anuncios

Un comentario en “Antes del debate

  1. Quizás no esté dominado por la frivolidad este personaje, pero yo creo que sí por la necedad: la del priísmo por volver a hincarle el diente a la nación y al pueblo. Sobre lo de ser “polichinela de los poderes fácticos”, por favooooor Doctor: todos los presidentes del “prian” han sido impuestos por la oligarquía. Quizá no sea una mera marioneta, pero de que hay hilos que lo manejan y que lo han convertido en un producto mediático, cualquier persona medianamente informada lo puede constatar. Saludos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s