El affaire MVS: Todos pierden

Texto publicado en emeequis

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Todos pierden –aparentemente, al menos– en el pleito entre MVS y el gobierno.

Pierde la empresa de telecomunicaciones que perseverantemente se empeñó, durante décadas, para ser una opción distinta a las preponderantes en el mercado de la televisión mexicana. Los propietarios de MVS hicieron todo lo posible para seguir manejando la banda de 2.5 Ghz. Todo, excepto pagar los 27 mil millones de pesos que exigió la Secretaría de Comunicaciones y Transportes para renovar y ampliar las concesiones que le hubieran permitido a ese grupo comunicacional ofrecer telefonía e Internet a velocidades altas.

Pierde el gobierno, cuya utilización abusiva y discrecional del espectro radioeléctrico ha quedado en evidencia. La indecisión durante todo el sexenio acerca de la banda de 2.5 Ghz confirma el desinterés, la vacilación, la ausencia de proyecto, la inhabilidad política o la marrullería (se puede elegir una de esas posibilidades, o todas) de una administración que utilizó el espectro radioeléctrico para negociar políticamente lo mismo con adversarios que con aliados.

Pierden los usuarios de telefonía celular y de Internet inalámbrica, servicios de calidad habitualmente mala y precios invariablemente altos en nuestro país. La banda de 2.5, manejada con inteligencia y sin voracidad desmedida, hubiera ofrecido posibilidades en provecho de los consumidores.

Pierde el país, al confirmarse la ausencia de una política de telecomunicaciones. El desarrollo de la telefonía y la radiodifusión continúa supeditado a ocurrencias, caprichos y conveniencias del gobierno. Y sobre todo, a la subordinación que el presidente Calderón decidió (y que inexplicablemente mantiene) respecto de los intereses de Televisa. El desplazamiento de MVS de la banda de 2.5 Mhz satisface una exigencia –otra más– del consorcio propiedad de Emilio Azcárraga. En poco tiempo sabemos si, al cabo de esta escandalosa historia, el único que gana es el duopolio Televisa – TV Azteca.

Pierde la prensa, con el comportamiento mandón y agraviante de Alejandra Sota, la coordinadora de Comunicación de Los Pinos que llegó a considerar que Carmen Aristegui leería el comunicado corregido de puño y letra por esa funcionaria. El comentario de esa periodista en febrero de 2011, que dio lugar a las presiones de la Presidencia de la República contra MVS, fue discutible e incluso imprudente. Pero la rectificación de aquella mención a una supuesta y nunca comprobada dipsomanía del presidente Calderón era responsabilidad de la periodista y de ninguna manera atribución de la señora Sota.

Pierde la fama pública de Joaquín Vargas, el empeñoso y respetable empresario que encabeza MVS. Vargas y sus directivos se equivocaron una y otra vez: al comprometerse a que Aristegui ofrecería una disculpa sin haber consultado con ella, al despedirla para apaciguar la furia de Los Pinos, al proseguir después la negociación con el gobierno acerca de la banda de 2.5 Mhz y solamente denunciar las presiones de febrero de 2011 cuando, año y medio después, el gobierno decidió excluir a MVS de las concesiones para emplear esas frecuencias.

El temor de Vargas cuando se entera de la ligereza de Aristegui y entiende que pone en riesgo la negociación que suponía a punto de fructificar con el gobierno describe de manera cabal la fragilidad, a la vez que el forzado sometimiento, de sus relaciones con la presidencia.

Algunos comentaristas han subrayado el tono y el fondo de las acusaciones entre Vargas y el gobierno, que son inusitadas en la historia de las relaciones entre empresarios y Estado en México. Pero quizá lo más notable es el acatamiento de ese hombre de negocios al trato despectivo que le dispensan secretarios de Estado y funcionarios de la Presidencia, la condescendencia con que ofrece disculparse, la desesperación que lo lleva a peregrinar por oficinas burocráticas, la paciencia enorme que debe invertir para que el negocio con la 2.5 no se le desbarate. Todo, para nada. Hasta que la decisión del gobierno, que hay motivos para entender como revancha política, lo lleva a la ruptura con más cólera que argumentos.

La decisión de Vargas para litigar en los medios antes que en otras instancias y respaldar sus denuncias haciendo públicos fragmentos de conversaciones privadas en las que él mismo no queda bien librado es un error más, resultado no sólo del fracaso en la negociación sino de las insolencias a las que tuvo que someterse.

Nada de eso tendría que haber ocurrido si funcionaran las instituciones y reglas para asignar y revisar concesiones. Pero tanto en la relación con periodistas, como en sus decisiones para el campo de las telecomunicaciones, el gobierno de Calderón fue tan autoritario, opaco y convenenciero como el PRI en sus peores épocas.

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2 comentarios en “El affaire MVS: Todos pierden

  1. En mi opinión gana Aristegui, al demostrar su entereza, no concuerdo en que Carmen demuestre ligereza en sus comentarios. Es de las pocas periodistas con que México cuenta.

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