Sindicatos, la foto y los que no se mueven

Publicado en emeequis

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Al rechazar las reformas que hubieran aireado aunque fuese ligeramente la opaca vida sindical, las organizaciones gremiales perdieron la extraordinaria oportunidad de recuperar parte del prestigio que extraviaron hace demasiado tiempo. Cuando les preguntan cuánta confianza les tienen a los sindicato, dos de cada tres mexicanos (68%) responden que ninguna, o muy poca, de acuerdo con el Latinobarómetro de 2008.

Un sindicalismo inmovilizado, dinosáurico, es el que protegen los partidos cuando rechazan transparencia en las relaciones gremiales

Impedidos para renovarse debido a burocracias que siguen empeñadas en exprimir hasta el último centavo de cuotas y prerrogativas, los sindicatos ya son asunto, fundamentalmente, de viejos. En mayo de 2011 una encuesta de Consulta Mitofsky comprobó que solamente el 12% de los mexicanos mayores de 18 años ha formado parte de un sindicato. Muchos cambiaron de trabajo y dejaron de pertenecer a sindicatos de tal manera que en ese momento, únicamente el 5% se encontraba adscrito a una organización de ese tipo.

Entre los jóvenes de 18 a 29 años, solamente el 9% había formado parte, alguna vez, de un sindicato. Pero ese porcentaje aumenta al 16.5% entre los mayores de 50 años. Aquellos que trabajan desde hace más tiempo, o los ya jubilados, son quienes han tenido, fundamentalmente, la experiencia de haber estado en un sindicato.

En muchos casos se ha tratado de una sindicalización forzada, o incluso ignorada, cuando se trata de sindicatos de membrete. Pero en otros, formar parte de un sindicato ha sido un privilegio y no por razones políticas o ideológicas sino porque esa pertenencia puede ser signo de estabilidad laboral y con todo y prestaciones. Por eso no resulta extraño que, de acuerdo con la misma encuesta, solamente el 8% de los ciudadanos con escolaridad de primaria o menor haya estado en un sindicato. En cambio el 17% de quienes tienen estudios universitarios ha pertenecido a uno de ellos.

Cuando Fidel Velázquez acuñaba una de las frases emblemáticas de la política dinosáurica al decir que el que se mueve no sale en la foto, describía la costumbre de parálisis e indiferencia que sigue definiendo a los viejos líderes. A diferencia de El Gatopardo que al menos proponía cambio de apariencias, los sindicatos mexicanos han seguido, por décadas, igual de corrompidos, esclerotizados y arbitrarios. En los años 70 había excepciones y en algunos sectores contábamos con un sindicalismo diferente que abría brecha con prácticas democráticas. Hoy la democracia sindical, cuando existe, sirve fundamentalmente para que se perpetúen los mismos líderes.

Nadie se ha movido de la foto. Quien se asome a la secretaría general de casi cualquier sindicato encontrará los mismos rostros detrás de los escritorios en donde han envejecido al cabo de tres décadas y media. Ese inmovilismo les ha permitido a los dirigentes mantener cuotas de poder a las que se aferran con mezquindad y ha impedido que los sindicatos crezcan.

Por eso en México hay cada vez menos sindicalizados. En los años 70 teníamos tasas de sindicalización cercanas al 25% o quizá superiores, según el método que se empleara para medirlas. Estaba sindicalizada la cuarta parte de los trabajadores. Hoy, difícilmente llegan al 10%. En 2010, de una población ocupada de 44.6 millones, había solamente 4.6 millones de sindicalizados, de acuerdo con el investigador Javier Aguilar García (Tasa de sindicalización en México 2005 – 2008. Fundación Ebert, 2010). Se trataba del 10.3% pero esa cifra muy posiblemente sigue disminuyendo.

En las empresas cuyas relaciones están regidas por el Apartado A del 123 Constitucional en 2005, de acuerdo con el mismo autor, había 2585 sindicatos. Esas organizaciones reunían a poco menos de 2 millones de trabajadores. Si los sindicalizados eran casi 5 millones, entonces podemos afirmar que ahora la mayor parte de los sindicalizados en México son trabajadores al servicio del Estado. Es decir, las reformas a la Ley Federal del Trabajo, que rige las relaciones laborales de quienes no son empleados del Estado, hubieran afectado a menos de la mitad de los sindicalizados.

La reforma para que las elecciones en los sindicatos sean con voto directo y secreto era respaldada por el 92% de los ciudadanos, según una encuesta que realizó Ulises Beltrán para Excélsior. El 85% simpatizó con la reforma para que los líderes sindicales estén obligados a rendir cuentas sobre los recursos que manejan. Esas dos reformas, que formaron parte de la propuesta del presidente Calderón, fueron rechazadas por los diputados del PRI junto con la mitad de los diputados del PRD y otros partidos considerados de izquierda.

Que los priistas defiendan privilegios de los viejos líderes sindicales puede ser indignante pero no resulta sorpresivo. Que el inmovilismo de los “charros” sea respaldado por buena parte de las llamadas izquierdas a muchos quizá ya no les indigne. Pero qué sorpresa.

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3 comentarios en “Sindicatos, la foto y los que no se mueven

  1. No solamente el PRI tiene dentro de sus filas lideres sindicales, tambien estan en los partidos de Izquierda, como tambien los ha habido dentro del PAN, por lo que es dificil que se vean afectados en sus intereses, es decir, en temas relativos a la transparencia y las cuotas sindicales, en cuanto a las conquistas laborales esas si pueden negociarse.

  2. Estimado Don Raúl:
    ud escribe “Que el inmovilismo de los “charros” sea respaldado por buena parte de las llamadas izquierdas a muchos quizá ya no les indigne. Pero qué sorpresa.” Para mi desafortunadamente No es sorpresa. De hecho, y o les comenté a varios amigos, de los seguidores de nuestra izquierda ultra, y definitivamente antidemocrática, (no toda la izquierda, afortunadamente), que con esta reforma ibamos a ver quién realmente es un partido u opción progresista. Si alguien se opone a la transparencia sindical, para que las cúpulas sindicales usufructen para sus arbitrios y beneficios pecunarios propios, no sé con que calidad moral acusa a los demás a las primeras de corruptos y se quieren presentar como opción moral de los políticos de este País. Me quedaba claro que las descalificaciones, muy sesgadas y muy dirigidas solo a facciones no aliadas políticamente con esa izquierda, solo representan la versión de nuestra izquierda mexicana de la frase Wilsoniana: “yes, that guy is a son of a bitch, but it is our son of a bitch”.

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