Pedagogía del plagio

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Publicado en emeequis

El premio literario que la Universidad de Guadalajara y el Conaculta entregaron a un plagiario suscitó una amplia, sólida y aleccionadora reacción adversa entre escritores e intelectuales de muy variadas propensiones y adscripciones.

Ha sido una lástima –vaya, una auténtica vergüenza— que los otorgantes del premio al escritor

El “copy and paste” de Bryce fue documentado en varias publicaciones, entre ellas “La Razón” de México

Alfredo Bryce Echenique decidieran llevárselo hasta su casa en París. Pero en medio de ese carnaval de abusos y equivocaciones en el que se enredaron miembros del jurado, autoridades de la UdeG y el Conaculta y algunos amigos del escritor tan deshonrosamente premiado, se puede reconocer el mérito de una impugnación que incluyó numerosas voces.

Entre septiembre y octubre aparecieron docenas de artículos de prensa que fueron del asombro y el sarcasmo, a la exigencia intelectual, moral y política para que el premio no fuese entregado. Esa profusión de ideas hizo más escandalosa la decisión de las autoridades de la Universidad de Guadalajara y del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes para suspender la ceremonia en la Feria del Libro pero entregarle a Bryce, de todos modos, los casi 2 millones de pesos del premio.

Se trata de dinero público, en vista de que ese es el carácter que tienen las principales instituciones que convocaron al premio. Los plagios del novelista peruano se repitieron decenas de veces en artículos periodísticos que calcó de diversas fuentes. No se trató de un descuido, ni de un pifia ocasional. Al abuso con los derechos de autor de docenas de escritores, se añade el engaño a los lectores.

Esas faltas fueron señaladas en docenas de comentarios desde que se anunció el premio.

Recompensar a Bryce implicaría “que hay plagiarios buenos y plagiarios malos” (Gil Gamés, La Razón, 5 de septiembre).

“¿Cómo es posible que uno de los premios más prestigiados que se otorgan en México sea concedido a un plagiario? El plagio es la apropiación indebida e ilegal del esfuerzo, del trabajo, de las ideas y de la creatividad de otros” (Alfredo Ávila, Antonio Azuela y 10 académicos más, en carta del 20 de septiembre).

“La FIL, con su vocación pedagógica, no puede normalizar el plagio como una práctica menor, una picardía intrascendente a la que tienen derecho los grandes autores” (Ricardo Cayuela, blog de Letras Libres,28 de septiembre).

 “Resaltan la lenidad del jurado, el cinismo de Bryce Echenique (ha dicho que no renunciará al premio) y la insensibilidad de las autoridades implicadas en la premiación” (Sergio González Rodríguez, Reforma, 29 de septiembre).  

 

A los miembros del jurado “no les importa quién haya escrito una obra, o quién la firma, eso es cosa de los tribunales (que por cierto, ya decidieron). A ellos, como jurado literario, sólo les corresponde entregar premios a sus amigos —también literarios, mucho muy literarios, y amigos” (Fernando Escalante, La Razón, 6 de octubre).

“Premiar a Bryce, aunque sea a escondidas, es premiar la cancelación del empeño intelectual. Es despreciar el trabajo de imaginación en que se funda, desde siempre, el oficio de escritor” (Héctor de Mauleón en el blog de Nexos, 19 de octubre).

“Los plagiarios son delincuentes –lo dice la ley—y los delincuentes no merecen premio sino condena” (Federico Reyes Heroles, Reforma, 24 de octubre).

“La ética de un autor no puede estar al margen de su escritura” (Juan Villoro, Reforma, 26 octubre).

Hay muchos juicios más sobre ese desatino. Ante esos argumentos los escasos defensores de Bryce apelaron a sensiblerías y quisieron minimizar el plagio. La autodefensa de Jorge Volpi, miembro del jurado que premió al novelista peruano, sorprende por cursi, limitada y débil. “En el acto extremo de apropiarse las palabras de otros no pude entrever al alevoso criminal que dibujan sus enemigos, sino al artista derrotado que no encontró otra salida… queríamos recompensar la obra del artista, sin tomar en cuenta las faltas del hombre” (Reforma, 28 de octubre). Así que el plagio es expresión de una búsqueda existencial y se le dispensa por los méritos estéticos del plagiario.

Sin habérselo propuesto los integrantes del jurado, junto con las medrosas autoridades de la FIL y el Conaculta, propiciaron una amplia condena a la apropiación cínica del trabajo intelectual. No hubo un auténtico debate de ideas porque  las impugnaciones al premio recibieron respuestas endebles y descalificatorias. Pero la oleada de inconformidades contra ese premio fue un ejercicio de pedagogía que, al menos, castigó la deshonestidad intelectual en el terreno de la confrontación pública. Esa lección nos costó dos millones de pesos y el lamentable desprestigio del premio literario más importante del país.

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2 comentarios en “Pedagogía del plagio

  1. A pesar de las triquiñuelas empleadas (línea entre literatura y periodismo; denominación de acusación de plagio, cuando ya ha sido condenado 16 veces por ese delito; menosprecio por el delito; desprecio y ocultamiento de las víctimas de Bryce; etc. ) el caso Bryce a desenmascarado prácticas deshonrosas en el entorno literario, editorial y universitario en Hispanoamérica. La FIL, en su pretensión de menospreciar la condena a Bryce y cubrir la sanción impuesta al plagiador, logró lo impensable: poner en palestra pública la práctica del delito, la corrupción e impunidad en las letras de Hispanoamérica. Una conciencia por el trabajo honrado, por el ganarse el pan, y los premios, con el sudor de la frente, y no por medios fraudulentos, saldrá favorecida con la deshonra de Bryce y de la FIL. El dinero del pueblo mexicano Bryce lo gastará a su antojo, pero a su tumba se llevará, en marca indeleble, su condición humana, de cinismo, que será señalada en la Historiografía del plagio en Hispanoamérica, donde ya ocupa peldaño destacado. Mal ejemplo y mensaje brindan a los jóvenes escritores Bryce y la FIL: el delito y la delincuencia pagan, mejor aun si se es delincuente de cuello blanco. No en “literatura” sino en Agronomía y Agroecología, en el caso de Colombia, hay dos ejemplos. En la Universidad Nacional de Colombia, Sede Palmira, se publicaron dos libros (“Agricultura y ambiente”, de Martín Práger y Efraín Escobar, 2003 y “Agroecología”, de Martín Práger, José Restrepo, Diego Ángel, Ricardo Malagón y Adriana Zamorano, 2002), denunciados por plagio múltiple; los casos siguen en impunidad institucional. Posiblemente existe un cartel de las publicaciones universitarias fraudulentas; docentes y estudiantes guardan silencio cómplice, a pesar de la contundencia de las pruebas. El caso Bryce, seguramente, al tocar fondo, destapará muchas ollas podridas del mundo “intelectual” y universitario en Hispanoamérica. El tiempo y los hechos lo dirán. Visite el portal http://www.plagiosos.org y los Face del Grupo Plagiosos y Son Plagiosos.

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