Nuestros indispensables medios públicos

Intervención en la entrega del “Reconocimiento José Vasconcelos” en Radio Educación

Cuando el maestro Antonio Tenorio  Muñoz Cota tuvo la gentileza de llamar para informarme que Radio Educación había resuelto otorgarme esta distinción, mi primera reacción no fue de júbilo, ni de agradecimiento, ni de sino de auténtica sorpresa. En vez de decirle gracias, lo primero que atiné a exclamar fue “y yo, ¿por qué?”. Esa pregunta me la sigo haciendo pero no voy a pecar de falsa modestia repitiéndola aquí. En vez de atormentarme con ella, prefiero arroparme en los varios motivos de orgullo que significa el Reconocimiento José Vasconcelos. Se trata de un honor en virtud de la trayectoria esforzada y ejemplar de Radio Educación y de la comunidad que anima a esta emisora. Lo es porque lleva el nombre de un personaje fundacional de la modernidad mexicana y cuyo ímpetu creativo incluyó el establecimiento, hace 88 años, de la estación de radio de la Secretaría de Educación Pública. A este Reconocimiento lo singulariza el ascendiente social y profesional de los tres ciudadanos que lo han recibido hasta ahora (Miguel Ángel Granados Chapa, Froylán López Narváez, Marta Romo, por orden de premiación). Y es un honor porque está vinculado a la reivindicación de los medios de comunicación de vocación pública.

Ese es el tema de fondo que nos congrega aquí. Los medios de radiodifusión de carácter público tienen historia –como confirman los 88 años de la creación de esta emisora–, cuentan con presencia pública, están nutridos del admirable trabajo creativo de quienes diseñan y transmiten sus contenidos y constituyen la trinchera más importante que tiene nuestra sociedad ante la comunicación regida por el interés mercantil.

En toda sociedad contemporánea, uno de los puntales de los procesos civilizatorios se encuentra en los medios públicos. Al carecer de las barreras que imponen las prioridades comerciales, los medios públicos pueden ser espacios de libertad, deliberación, creatividad y pluralidad. Para ello, por supuesto, es preciso que tengan salvaguardas legales e institucionales, así como finanzas sólidas, que los protejan de manipulaciones del poder político y de cualquier otra fuente de ambiciones que pueda distorsionar esa vocación pública. Los medios de esta índole tienen la responsabilidad de auspiciar la imaginación, esparcir ideas, entretener con calidad, informar con seriedad.

Indispensables, esas tareas nunca han sido sencillas. Los medios públicos siempre han encontrado la resistencia de políticos que se incomodan cuando no pueden controlarlos como quisieran, la animosidad de empresarios que se consideran propietarios del espectro radioeléctrico y el aborrecimiento de los militantes de la privatización que quisieran desvanecer cualquier presencia estatal en la vida pública. En un mundo que ha tomado a la liberalización económica como dogma, estos medios reivindican al servicio público como eje cardinal en las responsabilidades del Estado.

No son estos los mejores tiempos para los medios públicos. En varias naciones sudamericanas son utilizados como instrumentos de propaganda por parte de gobiernos autoritarios o populistas. En Europa, se han contado entre las primeras víctimas de las crisis financieras, o se encuentran atrapados por el burocratismo y la desorientación como le ha sucedido a la legendaria BBC británica.

Por todo el mundo, los medios públicos quedan rezagados ante los primeros efectos de una convergencia tecnológica que, salvo excepciones, no saben aprovechar. La diversidad de canales y contenidos que abre la comunicación digital incluso ha puesto en cuestión la pertinencia de los medios de radiodifusión públicos. En no pocas circunstancias nacionales sus impugnadores de siempre, pero ahora también algunos de sus antiguos defensores, se preguntan qué sentido tiene destinar recursos fiscales al sostenimiento de medios que han dejado de ser el contrapeso esencial frente a la radio y la televisión comerciales porque esa función la empiezan a cumplir cada vez más los contenidos en línea. Pero lejos de hacerlos obsoletos, la convergencia digital propicia que los medios públicos sean necesarios como espacios confiables, en donde la diversidad no sea desconcierto, y como baluartes de racionalidad en la frecuentemente caótica sociedad de la información.

Para permanecer en este nuevo contexto, a los medios públicos les hace falta replantear su ubicación y sus prioridades: reivindicarse como instituciones del Estado pero deslindarse de intereses circunstanciales del poder político, acercarse más a la sociedad, hacerse indispensables por la calidad y no únicamente por la diferencia de sus contenidos en contraste con los medios privados. Los medios públicos necesitan trascender la autocomplacencia que demasiado a menudo esgrimen para resguardarse de amenazas externas y de sus debilidades internas. La mejor defensa que pueden tener esos medios se encuentra en la sociedad y en la autocrítica.

En México los medios públicos son cardinales debido a la concentración excesiva y la vulgaridad rampante que tan a menudo distinguen a la televisión y a la radio en manos privadas. Hace tanta falta que tengamos medios públicos sólidos y saludables que resultan muy preocupantes la desprotección jurídica y la debilidad política que padecen a menudo. En muchos estados del país, los medios públicos están a la deriva de los caprichos e intereses de los gobernadores. En el plano federal Radio Educación, el Instituto Mexicano de la Radio, Canal 11 y Canal 22 se han podido desarrollar con decoro pero sus apremios materiales no son pocos. Por eso llama la atención el despliegue de recursos que el gobierno federal invirtió en el Organismo Promotor de Medios Audiovisuales, creado con el sigilo con que se hacen las cosas indebidas y cuyas estaciones transmisoras, si son para ampliar la cobertura de Canal Once, deberían estar en manos de esa televisora y no de un entidad fantasmal y de incierta pertinencia.

El estancamiento de la televisión digital es la expresión más reciente de la complacencia del gobierno con los caprichos de las televisoras privadas. Pero esa demora permite reiterar una exigencia básica. Si hay frecuencias para dos cadenas nacionales de televisión, al menos una de ellas debería ser destinada para crear una cadena de televisión pública manejada por un organismo con autonomía respecto del gobierno y con señales en todo el país. Al mismo tiempo, una política de Estado para la convergencia digital tendría que privilegiar el desarrollo de opciones como Radio Educación que requiere presencia en la banda de FM y cobertura en el resto del país.

Si el nuevo presidente de la República quiere gobernar para los ciudadanos y liberarse al menos en parte del lastre que serán las televisoras privadas y sus ambiciosas exigencias, podría zanjar esas y otras inquietudes de los medios no comerciales. Una radiodifusión de servicio público fincada en la diversidad y la calidad es el mejor recurso para crear nuevos equilibrios en el hasta ahora escandalosamente inequitativo escenario de la comunicación mexicana.

Agradezco mucho a Radio Educación, a su tesonera colectividad de trabajadores de la comunicación y especialmente a su director general, este Reconocimiento. Sigo preguntándome por qué yo. Pero no tengo duda de que esta distinción me compromete con la entrañable causa de los medios públicos. Muchas gracias.

 Raúl Trejo Delarbre

29 de noviembre de 2012

 

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5 comentarios en “Nuestros indispensables medios públicos

  1. Mi estimado amigo muchas felicidades!!! ¿ Y usted por qué, Doc? Porque dentro y fuera de los espacios mediáticos, usted ha ayudado con su visión y continúa aportando propuestas, ideas, formas de interpretar lo que sucede. Confieso que no siempre estoy de acuerdo con usted, pero defenderé sus ideas hasta donde se pueda, con lo que se pueda.No se puede ni se debe ser complaciente con el poder. Es más importante aportar crítica constructiva que ayude a corregir errores. Y sabe algo? Tiene usted razón: la democratización de los medios partirá necesariamente desde los medios públicos. Un abrazo. Le estimo de verdad.

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