Pacto: el fantasma del Gatopardo

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1. ¿Por qué ahora? Con el cambio de gobierno se reacomodan las fuerzas partidarias. El PAN debe reaprender a ser oposición sin dejar de hacer política. Al PRD, la creación de Morena le resta bases pero le ofrece nuevos márgenes para proponer e influir. El PRI entiende que no puede gobernar solo. De esas necesidades los partidos hacen una práctica virtuosa. En esta fase de ajustes las fuerzas políticas quizá son menos vulnerables a las presiones de grupos conservadores –es decir, cuyo interés fundamental es conservar privilegios— como las televisoras o la burocracia del sindicato de maestros.

   2. ¿En lo oscurito? El Pacto fue suscrito en una ceremonia pública, sus contenidos y Pacto dic 12primeras medidas han sido debatidas de manera abierta, muchas de las reformas que propone tendrán que ser aprobadas por el Congreso. Los compromisos que lo originan, sí, fueron acordados en privado igual que sucede con las decisiones políticas importantes. Nada hay de extraño en ello. Una concepción simplista del quehacer político pretende que las negociaciones relevantes tienen que hacerse en público. Si hubiera ocurrido así, los partidos y el gobierno apenas estarían concertando las reglas o el temario de sus discusiones.

3. ¿Le conviene al gobierno? Por supuesto. También a la sociedad. Y a los partidos. Medidas como la seguridad social universal, el seguro de desempleo o el respaldo a la investigación científica, tendrán consecuencias propicias para la mayoría de los mexicanos. Si funcionan, sus efectos consolidarán al gobierno de Enrique Peña Nieto. Pero como el mérito público y político de tales reformas es de todos los partidos nacionales, el Pacto dista de ser un instrumento exclusivo del gobierno o del PRI.

4. ¿Es como otros pactos? Los llamados pactos de estabilidad de hace tres décadas no eran resultado de acuerdos sino de la voluntad presidencial y estaban orientados exclusivamente a comprometer medidas para regular el manejo de la economía. El que firmaron el 2 de diciembre partidos y gobierno es un documento muy ambicioso, que va de la economía y la política social a la educación, las telecomunicaciones, la política energética y la seguridad pública entre otros temas.

5. ¿Es continuación de las reformas electorales? Desde hace largo tiempo las reformas de mayor importancia estuvieron circunscritas al campo electoral. Gracias a ello tenemos un sistema político razonablemente competitivo. Pero siempre, en cada ajuste a las normas electorales, quedaban pendientes reformas en temas como las telecomunicaciones y los medios. Ya era hora.

6. ¿Son reformas de izquierda o de derecha? Son reformas sociales. Si hubiera que ubicarlas en la geometría política podrían considerarse como socialdemócratas (acceso universal a servicios de salud, pensión para viejos, becas escolares) pero muchas de ellas forman parte de los proyectos de cualquier fuerza liberal (derechos humanos, competencia económica y específicamente en telefonía y radiodifusión, etcétera).

7. ¿Qué partido aportó más propuestas? Todos hicieron un esfuerzo de conciliación pero la mayor parte de los compromisos del Pacto estaban en las plataformas de más de un partido. Hay temas que convocan el respaldo de todos como ha sucedido con la reforma educativa.

8. ¿Cambia la política en México? Pero por lo pronto se modifica el eje del debate político. Hemos transitado de los resentimientos postelectorales a la discusión de una agenda de reformas específica y promisoria. No es poca cosa.

9. ¿Podemos creerles? El Pacto no requiere fe, sino decisiones. Y para que esas decisiones sean posibles hacen falta respaldo y exigencia ciudadanos. Las reformas que el país necesita no pueden lograrse al margen del sistema político ni con sostén de una sola fuerza. El Pacto ha sido, por lo pronto, un triunfo de la política –que no es lo mismo que la politiquería–. Es decir, de la construcción de acuerdos y compromisos.

10. ¿Y si no cumplen? Habrá que señalarlo. El costo político sería muy grande tanto para el presidente como los partidos. Los principales obstáculos para las reformas que postula el Pacto no se encuentran en la llamada clase política sino en las camarillas cuyos intereses serían afectados si los esos prometedores dichos se vuelven hechos. Unas horas antes de que fuera anunciado, las televisoras lograron desfigurar uno de los compromisos del Pacto (la incorporación obligatoria de las señales de TV abierta en los sistemas de TV por cable o satélite: se establece que sea mediante un pago aunque los partidos habían acordado que sería gratuita). Los grupos de interés corporativo querrán coartar mucho más los alcances del Pacto. El viejo ardid del Gatopardo. Que parezca que todo cambia para que a final de cuentas todo siga fundamentalmente igual. Para que el Pacto sea mucho más que intenciones se requiere el apremio enterado y crítico de la sociedad.        

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