Decisión en la UNAM

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Publicado en Crónica el 2 de noviembre

José Narro deja la vara demasiado alta. Ha conducido a la Universidad Nacional con inteligencia y prudencia. Representó a los universitarios con una voz enterada y autorizada y, a diferencia de otros rectores, estuvo cerca de ellos. Profesores y estudiantes a menudo lo recibieron en todas las facultades e institutos. Se le estima y ahora se le despide con afecto. No es fácil la designación de su sucesor.
Hay avances claros en esa gestión: la UNAM ha seguido creciendo, no sólo en infraestructura material sino también en presencia pública. Durante los ocho años recientes los universitarios han trabajado con escasos sobresaltos. El Rector ha gobernado a esa desigual y enorme institución sin excesos y suscitando consensos. Hay omisiones, desde luego. El auditorio de Filosofía y Letras y algunos salones en otras facultades siguen ocupados por puñados de vándalos. Además todavía es necesario un mayor talante autocrítico respecto del trabajo académico pero ese no es problema únicamente de las autoridades sino, en general, de la comunidad universitaria.
Para reemplazar al doctor Narro se inscribieron 16 universitarios. La Junta de Gobierno seleccionó y entrevistó a 10 de ellos. Ahora discutirá y resolverá. Se mantiene el procedimiento vertical que establece la Ley Orgánica: quince personajes deciden quién gobernará una institución que este año tiene más de 342 mil estudiantes y casi 39 mil académicos (12 mil de ellos de tiempo completo).
Quizá no es el mejor procedimiento pero tampoco el peor. Es el que hay. Pero en esta ocasión los aspirantes han debido registrar su postulación, sus programas de trabajo son públicos, los han presentado ante grupos de universitarios y los resumieron en alocuciones de 15 minutos difundidas por la televisión y la radio de la UNAM.
Entre los diez universitarios que llegan a esta recta final hay coincidencias esenciales. Todos reivindican el carácter nacional y público, así como la autonomía de la Universidad. Todos ofrecen más atención al bachillerato, reconocen la importancia de las tecnologías digitales y subrayan la urgencia de una auténtica descentralización administrativa para la UNAM.
Las principales diferencias entre ellos se encuentran en sus trayectorias y experiencias.
Suemi Rodríguez Romo es doctora en Química, tiene tres postdoctorados, dirige la Facultad de Estudios Superiores en Cuautitlán y cuenta con una interesante experiencia de trabajo interdisciplinario.
Héctor Hernández Bringas, sociólogo por la FES Acatlán, tiene una larga carrera en la administración central de la UNAM en donde ahora es Coordinador de Planeación.
Otro sociólogo, Fernando Castañeda, está por concluir ocho años dirigiendo la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Anuncia como logro una reciente reforma a los planes de estudio que, sin embargo, no involucró y menos aún convenció a la escindida comunidad de esa Facultad.
El odontólogo Javier de la Fuente, dirige la Escuela Nacional de Estudios Superiores en León. Se especializa en salud pública bucal.
Leonardo Lomelí es el aspirante más joven, con 45 años. Desde hace 5 es director de la Facultad de Economía en donde hizo su licenciatura antes de obtener un doctorado en Historia.
Juan Pedro Laclette dirigió el Instituto de Investigaciones Biomédicas, presidió la Academia Mexicana de Ciencias y es Coordinador General de Posgrado.
La decisión de la Junta de Gobierno puede favorecer a cualquiera de los diez. Pero hay cuatro de ellos con más posibilidades.
Sergio Alcocer Martínez de Castro, de 52 años, es ingeniero civil por la Facultad de Ingeniería, obtuvo en Austin un doctorado en Estructuras y dirigió el Instituto de Ingeniería entre 2003 y 2007. Durante el primer periodo del rector Narro, entre noviembre de 2007 y abril de 2011, fue secretario general de la UNAM. Antes fue Director de Investigación en el Centro Nacional de Prevención de Desastres de la Secretaría de Gobernación. A fines del sexenio del presidente Calderón fue subsecretario de Planeación en la Secretaría de Energía. Luego, ya en el gobierno del presidente Peña Nieto, fue subsecretario para América del Norte en la Secretaría de Relaciones Exteriores.
Nunca estuvo claro qué tenía que hacer un ingeniero a cargo de la diplomacia en la zona de mayor interés para nuestro país. Tales responsabilidades en el gobierno manifiestan la experiencia de Alcocer en tareas de gestión pública pero también son su flanco más débil. Alcocer no es enviado de Peña Nieto como con simpleza dicen algunos. Pero su interés por ocupar responsabilidades en el gobierno indica la búsqueda de compromisos adicionales a los que puede tener con la UNAM.
Rosaura Ruiz Gutiérrez tiene 65 años y desde 2010 ha sido directora de la Facultad de Ciencias, en donde hizo licenciatura y doctorado en Biología. Durante los tres primeros años de la gestión del rector Juan Ramón de la Fuente, de 2000 a 2003, fue Directora General del Posgrado y luego secretaria de Desarrollo Institucional por seis años, la mitad de ellos ya en la gestión del rector Narro.
Aunque presidió la Academia Mexicana de Ciencias, los méritos principales de la bióloga Ruiz no están en el campo de la investigación sino en la administración universitaria. Sus antagonistas le cuestionan las simpatías que tiene en sectores de la izquierda, pero se le tendrá que evaluar por sus propuestas y experiencia y no por los amigos que tiene o ha tenido. Sería la primera Rectora en una Universidad en donde el 44% de los académicos y el 51% de los estudiantes son mujeres.
Francisco Bolívar Zapata es doctor en Química. Fundó el Instituto de Biotecnología, ha sido Coordinador de la Investigación Científica y es investigador emérito de la UNAM. Con 67 años, es difícil que haya una distinción académica en México que no haya recibido: Premio Universidad Nacional, Premio Nacional de Ciencias, Investigador Emérito del Sistema Nacional de Investigadores y además Premio Príncipe de Asturias. Su curriculum ocupa 225 páginas. Durante casi tres años fue coordinador de Ciencia, Tecnología e Innovación en la Oficina de la Presidencia de la República, cargo que dejó a fines de septiembre pasado.
No hay duda del prestigio académico de Bolívar. El dilema es si además tendría el talante necesario para dirigir a la compleja Universidad Nacional. En su presentación en video, el recuento que hace en primera persona de su acreditada trayectoria opaca la descripción de su proyecto para la UNAM. Ya en 1996 y 1999 fue aspirante a la Rectoría. Entre 2002 y 2012 fue miembro de la Junta de Gobierno, circunstancia que le da cierta ventaja porque conoce desde dentro el funcionamiento del organismo que ahora lo evaluará como posible Rector.
Enrique Graue Wiechers es médico cirujano especializado en Oftalmología. Con 64 años, está por terminar su segundo periodo como director de la Facultad de Medicina en donde antes dirigió el Posgrado. Desde la gestión académica ha participado en juntas de gobierno de hospitales públicos y en consejos de instituciones de salud. En la Facultad de Medicina ha tenido un desempeño pulcro y sin conflictos. Además mantiene una relevante labor de compromiso social en la Fundación Conde de Valenciana, institución no lucrativa.
El doctor Graue propone recuperar valores básicos: laicismo, tolerancia, inclusión, para afianzar los vínculos de la UNAM con la sociedad. “Creo en una universidad capaz de indignarse ante la injusticia y la inequidad”, dice. Con el Estado, considera necesaria “una relación respetuosa, pero independiente y firme”.
El proyecto de trabajo de Graue contiene más de 200 propuestas específicas que dan cuenta de su conocimiento cercano de la Universidad. Entre muchas otras: modernización de planes de estudio y respaldo a la formación de los profesores del bachillerato, tutorías en licenciatura, posgrados institucionales a distancia, rejuvenecimiento de la planta docente, más aulas virtuales, consejos de programación en Radio y TV UNAM, gimnasios en entidades académicas, Centro de Estudios de Género, espacio para académicos jubilados, comités de ética en las entidades que hacen investigación, acceso en línea a las publicaciones de la UNAM, nueva Escuela de Ciencias de la Computación.
Además de su compromiso universitario, a Graue se le conoce por su trato amable. Tiene un don de gentes que no se riñe con la autoridad académica ni con la capacidad para tomar decisiones. Su idoneidad para la Rectoría es tal que, con frecuencia, lo único que se le cuestiona es que la suya sería la tercera gestión consecutiva a cargo de un médico. Pero se trata de elegir a un universitario, independientemente del gremio del que forme parte, así que esa condición profesional no debería ser impedimento para que Enrique Graue fuese Rector. Además, en las buenas y en las malas, es convencido aficionado de los Pumas.

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