Mesiánico

Publicado en Crónica el lunes 2 de diciembre

En el mundo de clichés que el presidente López Obrador modela todos los días, él mismo se califica sin modestia alguna. De las muchas maneras como se ha definido a sí mismo, quizá la más significativa es la que le contó al periodista Ricardo Rocha poco antes de las elecciones del año pasado.

   “AMLO:  …lucho para que haya una auténtica democracia en el país. Y que podamos llevar a cabo una utopía, un sueño que queremos construir aquí en la tierra, ya para que digan que soy…

   Rocha: muy religioso.

   AMLO: ¡Mesiánico!

   Rocha: Mesiánico también.

   AMLO: De remate mesiánico. Y que queremos construir aquí en la Tierra el reino de la justicia…”

   El periodista publicó esa conversación el pasado 6 de noviembre en El Universal. La auto descripción de Andrés Manuel López Obrador explica o confirma, al menos en alguna medida, el ensimismamiento y el autoritarismo con los que ha gobernado durante un año. Un presidente auténticamente democrático escucha y dialoga, en las opiniones distintas a las suyas no encuentra antagonistas sino oportunidades de intercambio; en las instituciones no subordinadas a su gobierno identifica posibilidades de solidificación del Estado. En cambio un presidente que se considera depositario de una voluntad superior al Estado y a la sociedad únicamente atiende a sus creencias y al interés para impulsar un proyecto personal. No procura intercambios sino asentimientos, como hizo una y otra vez ayer domingo en la conmemoración que se organizó por sus primeros doce meses en el gobierno. Alguien que supedita sus actos —y su propia identidad— a una convicción religiosa no acepta ninguna otra opinión. De allí la antidemocracia de López Obrador y su rechazo a la pluralidad.

   Mesiánico es el que está relacionado con el Mesías, es decir, con el salvador de un pueblo —como Cristo que, según el Nuevo Testamento, fue enviado por Dios para liberar a los hebreos—. El mesías es ungido por designio divino. El mesianismo, por derivación, es la actitud de quienes se presentan ante sus sociedades como los salvadores en situaciones críticas.

  El mesianismo, en política, es el estilo de los dirigentes, y la aquiescencia de quienes los siguen, que anteponen el culto a un personaje, la descalificación sin argumentos de todos aquellos que no coinciden con él y el intento para someterlo todo (instituciones, leyes, soberanías, intereses de otros sectores) a las decisiones o los caprichos de ese líder. El mesianismo es una forma primitiva del populismo o una derivación que, más que los intereses de las personas, reivindica un proyecto supra social. O, visto de otra manera, el populismo condensa las actitudes y coartadas políticas que le permiten al líder mesiánico relacionarse patriarcalmente con la sociedad y, a la vez, construir un discurso en el que se justifica.

   En religión el mesianismo se legitima en el dogma; es decir, en la fe que se deposita en una colección de mitos a los que se toma como verdaderos. Numerosas religiones han propuesto figuras mesiánicas para suscitar la esperanza de sus creyentes. En todas ellas el mesías es el redentor cuya llegada traerá felicidad y justicia y el advenimiento mesiánico está precedido de largas temporadas de sacrificio y sufrimiento de la gente. Se necesita una enorme vanidad, y una buena dosis de irrealidad, para que alguien considere que es enviado de Dios. Por eso resulta muy inquietante la descripción que hace de sí mismo el actual presidente.

   En vista de las aficiones y convicciones que López Obrador se empeña en propagar, se puede considerar que cuando se describe como mesiánico no piensa en las implicaciones políticas de ese término sino en las de carácter religioso. Cuando emplea ese calificativo se coloca más allá de las circunstancias y la justicia terrenales. Esa vocación mesiánica es grotesca e irracional, pero así la asume el presidente de la República.

   Los rasgos mesiánicos del liderazgo de López Obrador fueron identificados por Enrique Krauze en el célebre ensayo que publicó en junio de 2006 (“El mesías tropical, en Letras Libres). “Yo soy muy demócrata y muy místico, estoy en manos de la gente”, decía el ahora presidente. Para Krauze, en declaraciones como esa, “no había sombra de cinismo… había candor, el candor de un líder mesiánico que, para serlo cabalmente, y para convocar la fe, tiene que ser el primero en creer en su propio llamado. No se cree Jesús, pero sí algo parecido”.

   Las creencias religiosas explican, pero no justifican la insensatez y mucho menos la intolerancia. El “algo parecido” que veía Krauze lo ratifica López Obrador en sus homilías cotidianas: no argumenta, ni explica, ni discute. Simplemente dictamina, señala y pontifica a partir de lo que él ha resuelto que es adecuado. Una cosa es que desde el análisis crítico se reconozcan los rasgos mesiánicos de López Obrador. Otra, que él mismo se adjudique ese calificativo.

   La doctora Anna Marta Marini, de la Universidad de Alcalá, ha encontrado que en los mensajes de López Obrador hay una mezcla de elementos que va “de las referencias a valores cristianos a la remisión a tradiciones priístas a través de consignas típicas del presidencialismo y nacionalismo mexicano”. El carácter mesiánico de ese discurso es articulado tanto por imágenes como las que aparecen en las escenografías de sus apariciones públicas como por términos que remiten a emociones religiosas. Además, “explota sentimientos identitarios y espirituales, apelándose a valores supuestamente compartidos por la nación entera y a un pasado mitificado cuya narrativa ha sido evidentemente endulzada. De hecho, el uso instrumental de la historia nacional y la manipulación de la narración historiográfica son elementos claves al soporte del discurso morenista, en pos de la aprobación popular y de la construcción de argumentaciones –emocionales más que lógicas– de carácter nacionalista”.

  Esa investigadora considera: “La característica más asimilable con la tradición populista latinoamericana es la dimensión mesiánica e implícitamente religiosa del discurso de López Obrador. Si bien la mayoría de sus actitudes y de las idiosincrasias que estructuran su personaje discursivo se acercan a un nuevo populismo internacional, su carácter salvador añade un valor espiritual a su papel político como líder” (“El mesías tropical: aproximación a fenómenos populistas actuales a través del discurso de López Obrador” en revista Chasqui, CIESPAL, Quito, marzo 2019).

   El empleo de invocaciones religiosas es frecuente en dirigentes políticos de variadas coordenadas ideológicas pero, siempre, implica la preeminencia de la emoción sobre la razón. Todos queremos tener confianza en lo que ha de venir aunque, si somos realistas, a menudo los asideros para la esperanza política son escasos. De hecho, la confianza en la política es el reemplazo secular de las viejas creencias religiosas, de acuerdo con la explicación que el apreciado politólogo Norbert Lechner daba al desencanto en las sociedades contemporáneas. Toda la política, decía ese pensador, descansa en ilusiones pero no como engaños sino como proyectos de futuro. A diferencia de la política sustentada en la realidad, la religión propone una redención más allá de la razón y la experiencia. “Las políticas redencionistas suelen así desembocar en una visión esteticista y moralizante de la política, cuando no en el terrorismo… El objetivo no es cambiar las condiciones existentes, sino romper con ellas” (Los patios interiores de la democracia, FCE, 1990). Cuando asegura, como dijo ayer en el Zócalo, que ahora el pueblo es “el que verdaderamente gobierna”, López Obrador se presenta como sujeto de un destino inexorable, que le confiere una infalibilidad que, en esas coordenadas, resulta incontestable.

   Las creencias del presidente tendrían que ser un asunto solamente suyo. Pero cuando intenta explicarse a sí mismo como encarnación de una voluntad divina, esas creencias del licenciado López Obrador son motivo de preocupación para los ciudadanos. Más allá de tales convicciones y de las fuentes religiosas en las que abrevan, sus consecuencias serán más o menos extendidas de acuerdo con el efecto que tengan en la sociedad. Andrés Manuel López Obrador puede suponer que tiene una misión y atributos mesiánicos pero esas creencias no son compartidas por la mayoría de los mexicanos, por muchos motivos. En las tradiciones religiosas el mesías promete la bienaventuranza después de que la gente ha experimentado épocas de privaciones. En cambio el supuesto mesías que tenemos ante nosotros no ha resuelto los problemas esenciales del país, no tiene rumbo ni soluciones y cada día —así hemos llegado a un año— se agota la capacidad de sus promesas para mantener la esperanza de quienes quisieron creer en él. Tenemos ante nosotros a un mesías de pacotilla.

Un comentario en “Mesiánico

  1. Me gustá su estilo don Raúl y yo lo leo, ahora le comparto esto que es mío. Un abrazo.
    MEDIDAS PROHIBITIVAS Y ESTÚPIDAS

    Por Carlos Mendoza.
    Un día por la mañana en las así llamadas conferencias de prensa mañaneras del presidente López Obrador un “periodista” denuncia más o menos esto: “Señor presidente andan asaltando a las personas con pistolas que son réplicas de las armas verdaderas, estas “armas” se pueden adquirir a 2 o 3 mil pesos en el mercado nacional, ¿qué se puede hacer para impedir que pase esto…?”
    López Obrador dijo que se haría algo al respecto, oiga usted, pero estas “armas” (pistolas) si bien no son de juguete disparan balines o postas o sea diábolos a más o menos 350 a 400 pies por segundo con un alcance máximo de 15 a 20 metros, y podrían herir a alguien, sí, pero no matarlo, más daño hace una pedrada.
    Un dicho muy conocido dice así: “Si quieres resolver un problema, pégale a sus causas”, ¿usted realmente cree como así lo creyó López Obrador, que un delincuente se hace por tener una de estas armas, -que no lo son- a la mano?
    El asaltante posee una mente criminal y sí se la juega con un arma que no lo es y que solo tiene la apariencia lleva las de perder si le sacan un arma de verdad e igual si alguien es asaltado con una arma que tira balines y no balas pues mínimo no corre peligro su vida, aquella frase de: “si te asaltan y no te pasó nada, eso ya es ganancia” vale para este tipo de casos.
    He de aclarar que en México está prohibida la venta libre de armas de fuego de las que usan balas de verdad y que sí matan.
    Quien quiera poseer legalmente un arma de fuego, aclaro de fuego necesita adquirirla en la ciudad de México en un lugar que todo mundo habla de él pero que nadie sabe dónde está, es la tienda de la SEDENA, ahí al comprador le piden una serie de requisitos para adquirir una arma, ante esta situación la venta de armas en mi país es desde hace muchos años atrás una actividad del mercado negro, mismo que se estableció hace más de 50 años; este mercado negro de armas de fuego es muy activo en el país y nace a raíz de la prohibición de venta de armas de fuego del año 1968 cuando el presidente Díaz Ordaz temiendo un golpe inexistente de estado mandó cerrar e incautar toda la mercancía de las armarías del país y le declaró la guerra a la industria nacional de las armas de fuego y de parque dejando a miles de ciudadanos sin trabajo en una industria que era del todo honesta y legal. Estas acciones que vienen desde el siglo pasado propiciaron el desarrollo del mercado negro de armas y municiones en el país.
    Pero regresando al día en que este sujeto en la mañanera del presidente denuncia que las réplicas de pistolas son usadas para delinquir, esta acción generó una reacción del gobierno que es igual o muy parecida a la de hace 51 años de Díaz Ordaz, se prohibió la internación al país a partir del día 19 de noviembre de armas impulsadas por gas CO2 de USA a México, ahora para internar o pasar de USA a México legalmente y no libremente como antes armas de CO2 se necesita solicitar los permisos a la SEDENA y pagar al SAT dichos permisos como si fueran armas de verdad, lo cual es del todo absurdo, no son armas de fuego, así no controlan para nada el delito de asalto a mano armada es pendejamente absurda la medida.
    El documento que lleva por título: “Importación de armas a México” (SIC) -¿armas, pero si estas armas no lo son en realidad?-, dice: “2. Artículos que sí requieren permiso extraordinario de importación o exportación de la Secretaría de la Defensa Nacional. Armas deportivas impulsadas por gas comprimido (de gotcha, airsoft, lanzadardos y otras) Armas que cuentan con un alojamiento para un tanque de gas comprimido (no de aire) de cualquier tamaño.”
    “El gas puede ser CO2 (bióxido de carbono o gas carbónico), nitrógeno, o cualquier otro utilizado en estas actividades.”
    He incluye además la prohibición de importar libremente tanquecillos de CO2.
    Absurdo, además porque este tipo de “armas” están a la venta libremente en el país, la medida es solo para los particulares que quieran pasarlas de USA a México y deberán de hacerlo con los permisos ya mencionados, si no lo hacen así cometen en delito y se confiscaran las pistolas que sean detectadas si estas son de las impulsadas por gas CO2 y hasta vas a dar a la cárcel.
    Me parece una medida además de prohibitiva, estúpida he inútil, es igual o peor que la de Díaz Ordaz, pensar que así se van a abatir los asaltos es una estupidez, por eso estamos como estamos, esta medida no le pega para nada a las verdaderas causas que provocan la delincuencia.
    Si un maleante se dedica a saltar se valdrá de lo que tenga a mano para atracar: palo, piedra o los cuchillos cebolleros de la cocina, y me permitiré hacer esta reflexión del porque califico la medida de López Obrador, del SAT y de la SEDENA de inadecuada y estúpida por lo siguiente: mire usted un “arma” o pistola replica impulsada por CO2 que lanza balines o diábolos no mata a nadie, pero si el asaltante lleva un cuchillo como los que están a la venta por doquier, con esa arma que si es de verdad sí te mata.

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