La costosa búsqueda de una epopeya

El gobierno esgrime la coartada de la seguridad nacional para violentar los amparos judiciales promovidos por grupos empeñados en frenar la devastación ecológica que ya ocasiona la construcción del Tren Maya.

Publicado en La Crónica el lunes 25 de julio

El presidente López Obrador va, de un desfiguro a otro, en busca de una epopeya. Todo su gobierno lo ha transcurrido tratando de construir episodios para La Historia. Todos, hasta ahora, le han fallado (en ocasiones con altísimos costos para los mexicanos). La siguiente escala en esa búsqueda será el 16 de septiembre.

   El presidente dice que ese día responderá a los reclamos de Estados Unidos y Canadá, inconformes porque la política energética del gobierno mexicano incumple el tratado comercial de los tres países. Las decisiones que inhiben la competencia y la participación privada en la generación de energía son contradictorias con el TMEC. Ratificado por el Senado, ese Tratado fue suscrito por el mismo Andrés Manuel López Obrador. 

   Tales discrepancias entre lo que firmó en ese Tratado y lo que hace el gobierno mexicano al subsidiar a Pemex y la CFE y privilegiar la generación de energías costosas y contaminantes, ya se conocían. Estamos ante una confrontación muy anunciada que podría resolverse en los paneles que para eso están previstos en el Tratado, siempre y cuando haya interés para conciliar. 

   Lo más razonable sería hacerlo. Nuestros socios comerciales pueden imponer sanciones a las importaciones de productos mexicanos que serían fatales para la economía mexicana. Algunos especialistas estiman que esas penalizaciones podrían ascender a 30 mil millones de dólares, aplicados en aranceles a las exportaciones agrícolas de nuestro país.

   Es deseable que se mantenga una exigencia social suficiente para que nuestro gobierno tome con seriedad ese desafío y no desdeñe las negociaciones en los páneles del TMEC. Sin embargo para López Obrador esa es una nueva oportunidad para fabricar un adversario, poner en tensión al país y polarizar, como le gusta hacer.

   El nuevo escenario de soflamas cargadas de reproches históricos, nacionalismo impostado y demagogia sensiblera, será el festejo de la Independencia. Si el año pasado López Obrador puso esa celebración al servicio del burócrata que encabeza la dictadura en Cuba, ahora podría lanzar fuegos de artificio retóricos culpando a nuestros socios norteamericanos de intervenir en decisiones soberanas. El populismo se alimenta del combate con sus antagonistas, reales o ficticios. Cuando hace falta, los inventa.

   Para eludir la rendición de cuentas y el cumplimiento de las leyes, el presidente sostiene ahora que sus proyectos son asunto de seguridad nacional. Cree que las obras públicas en las que finca el futuro político de su movimiento son tan indispensables para el país que, sin ellas, la paz social, nuestras fronteras o la nación misma, estarían en peligro. 

   La decisión que declara a la construcción del Tren Maya como asunto de seguridad nacional es claramente ilegal. Hay ocho secretarios de Estado en el Consejo de Seguridad Nacional, entre ellos los de Defensa Nacional, Marina, Gobernación  y Relaciones Exteriores. Es muy grave que la alienación de esos funcionarios a las ocurrencias del presidente llegue al extremo de confundir la seguridad nacional (que todos o la mayoría de ellos seguramente entienden) con las obras que López Obrador considera emblemáticas para su administración. Eso, claro, si es cierto que, como ha dicho el gobierno, dicho Consejo clasificó la obra ferroviaria como tema de seguridad nacional.

   El mencionado Consejo no tiene atribuciones para hacer una declaración así. La seguridad nacional está amenazada cuando hay espionaje o sabotaje, obstrucción a la acción militar y naval contra la delincuencia organizada, tráfico de materiales nucleares y armas químicas, acciones terroristas. De nada de eso nos defiende el Tren Maya. 

   Ya a fines de noviembre de 2021 comentamos aquí esa petulancia de López Obrador que, en aquellas fechas, expidió un Acuerdo para declarar “de interés público y seguridad nacional” los proyectos y obras del gobierno. No habría actividad del gobierno que no formase parte de la seguridad nacional, según ese Acuerdo cuya constitucionalidad fue impugnada por el INAI. El asunto está en manos de la Suprema Corte. El gobierno esgrime la coartada de la seguridad nacional para violentar los amparos judiciales promovidos por grupos empeñados en frenar la devastación ecológica que ya ocasiona la construcción del Tren Maya.

  La seguridad nacional involucra a las fuerzas armadas. Cuando busca que sus proyectos sean considerados como asuntos de  esa índole, el presidente acentúa la militarización que ha impuesto a la vida pública —con extendida indiferencia de la sociedad y, también, con lamentable pasmo de los partidos de oposición—. López Obrador desmantela instituciones, desampara a la administración pública, combate a organismos autónomos, vitupera a la sociedad crítica y les da a las fuerzas armadas una centralidad que la historia y la experiencia mexicanas les habían quitado.

   El presidente despliega sus proyectos por vías de hecho, contrapuestas con el derecho. A sus críticos, ya se sabe, los descalifica de maneras cada vez más ordinarias. Al reconocer que sus decisiones en materia energética son cuestionadas por “los académicos del más alto nivel”, agrede: “entre más sabiondos, más traidores a la patria”. El pleito del presidente con la ciencia y el conocimiento es irreversible. 

   El 16 de septiembre se conmemora, como bien sabemos, con un desfile militar. Para justificar su política energética apoyada fundamentalmente en combustibles fósiles en vez de impulsar tecnologías limpias, el presidente aprovechará el cobijo de las fuerzas armadas. No habrá ni epopeya, ni historia que redima esos desplantes autoritarios.

ALACENA: Dani Alves, la Universidad como crisol social

El brasileño Dani Alves, que tanta habilidad lució en el Barsa y otros  clubes, jugará con los Pumas. Más allá de la eficacia deportiva que ojalá traiga, Alves explicó con inteligencia por qué jugará con el equipo de la UNAM: “Creo que la universidad es la unión de la sociedad, en donde todos pueden soñar, no importa cuánto hay en la cuenta o en qué mansiones viven. La universidad está hecha para que la gente pueda luchar por lo que sueña, interactuar con las diferentes posiciones sociales que hay en el mundo, por eso tomé la decisión de venir acá”.

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