Denegri, el negocio de la simulación

 

Foto tomada de Excélsior

Publicado en Crónica el lunes 23 de septiembre

El periodista más importante de México durante al menos dos décadas cobraba por lo que publicaba y por lo que no. En Carlos Denegri el periodismo era coartada para el cinismo —o viceversa—y para el negocio de la simulación. Su extensa influencia, la prepotente acumulación de privilegios que ostentaba, así como la personalidad psicótica detonada por el alcohol pero exacerbada gracias a la impunidad que lo favorecía, hicieron de Denegri un personaje abusivo y estridente.

   La reciente novela de Enrique Serna, aunque con licencias literarias, está apuntalada en una detallada investigación que le permite reconstruir la biografía de ese personaje y, de esa manera, parte de la historia negra del periodismo mexicano en los años cincuenta y sesenta del siglo XX. Uno de sus muchos aciertos es el título. El vendedor de silencio describe la extorsión oficiosa y consuetudinaria que Denegri no inventó pero que practicaba como ningún otro. Aquel periodismo de chisme, panegírico y extorsión, cobraba por propalar versiones a conveniencia del poder político y económico pero también por ocultarlas. Serna le atribuye esta impúdica explicación a Rodrigo de Llano, que dirigió Excélsior durante 33 años —hasta 1963— y que le confirió a Denegri el sitio de primera línea en ese diario: “los periodistas debemos estar informados de todo, pero no necesariamente divulgarlo… Un periodista gana más dinero por lo que se calla que por hacer alharaca. En este negocio no sólo vendemos información y espacios publicitarios: por encima de todo vendemos silencio”. Seguir leyendo «Denegri, el negocio de la simulación»

Perseguir a la felicidad

Ilustración tomada de proyectopuente.com.mx

Publicado en Crónica el lunes 26 de agosto

La felicidad dispuesta desde el poder es más una ilusión que un diagnóstico. Hay que recelar cuando los gobernantes aseguran que el pueblo es feliz. La felicidad no se propaga, ni se adquiere, por decreto. Cada quien la aprecia según sus circunstancias pero sobre todo, de acuerdo con sus impresiones personales. Se puede ser feliz, o decir que se tiene esa condición, aunque se viva en severas limitaciones materiales. En la percepción de la felicidad hay una compleja mezcla de auto evaluación, voluntarismo, autoestima, ilusión, pragmatismo, resignación y anhelos. Cada quien es feliz a su manera, podría decirse. Pero también, con Fernando Savater, se puede reconocer que a la felicidad, si bien es imposible definirla de manera satisfactoria para todos, se le reconoce cuando está allí. “La única perífrasis que puede sustituir consecuentemente a la voz felicidad es ‘lo que queremos’. Llamamos felicidad a lo que queremos; por eso se trata de un objeto perpetuamente perdido, a la deriva”, dice el filósofo español (El contenido de la felicidad, 1994).

   Escurridiza y apetecible, la felicidad es quimera universal, coartada política y manjar de los demagogos. La gente no es feliz sólo porque le digan que lo es, aunque parte de la valoración que tenemos de nosotros mismos abreva en el juicio de los demás. Por eso los discursos políticos están repletos de invocaciones a la felicidad o a sus variados sinónimos y sucedáneos. Seguir leyendo «Perseguir a la felicidad»

La trampa de la diamantina

Fotografía tomada de Milenio.com

Publicado en Crónica el lunes 19 de agosto

La rabia nunca justifica la violencia contra terceros. Los intentos para legitimar agresiones a periodistas y a otros ciudadanos debilitan la lucha feminista. La causa de las mujeres contra la violencia es indispensable. La cólera y el miedo que padecen muchas de ellas avergüenzan a toda la sociedad.

   Por eso es muy preocupante que esa causa fundamental sea empañada por provocadores. Se equivocan los defensores y aquí es pertinente la precisión— las defensoras de los derechos de las mujeres cuando consideran que la violencia en las manifestaciones es un asunto menor. No alcanzan a advertir que en ese genuino y potente movimiento hay grupos a los que, más que combatir la violencia contra las mujeres, les interesa confrontar a las instituciones políticas.

   Para los provocadores, las luchas sociales son un pretexto. Ahora son los derechos de las mujeres, como antes han sido una elección presidencial o las demandas de un sindicato. La provocación está a la caza de ocasiones para infestar a los movimientos sociales con un radicalismo violento que los neutraliza y desprestigia. Seguir leyendo «La trampa de la diamantina»

1994, el desasosiego

Publicado en Crónica el lunes 20 de mayo

Más allá de la sorpresa ante un escenario político que empeoraba de una tragedia a otra, lo que experimentamos en 1994 fue un extendido desasosiego. La promesa de la globalización cristalizada en el TLC tropezó con el estallido del primero de enero en Chiapas. La confianza en la estabilidad política que ofrecía un sistema de partidos incipientemente competitivo y aún bajo la hegemonía priista, pareció quebrarse cuando Luis Donaldo Colosio fue asesinado la tarde del 23 de marzo. El espanto ante la violencia política se agudizó el 28 de septiembre, cuando matan a José Francisco Ruiz Massieu. La esperanza que, ya casi exhausto aquel año, ofrecía el nuevo gobierno encabezado por Ernesto Zedillo, quedó asolada con la crisis económica de diciembre.

   Veinticinco años después, el recuerdo que prevalece de aquel 1994 está fundamentalmente conformado por gruesos trazos acompañados de explicaciones toscas, o de ninguna. Como suele ocurrir ante los acontecimientos históricos más dramáticos, los pormenores quedan abrumados por grandes aseveraciones que resultan populares aunque no necesariamente se ajusten a los hechos. Seguir leyendo «1994, el desasosiego»

Un mexicano constructor

Publicado en Crónica el lunes 29 de abril

Mi padre murió el jueves. Los últimos días fueron difíciles. El mes próximo hubiera cumplido 93 años. Fue un hombre íntegro, con una personalidad cargada de contraluces. No era perfecto aunque, no siempre en broma, se ufanara de serlo. A últimas fechas le fallaba la memoria, la autocrítica nunca fue su mejor atributo y siempre le sobraron desprendimiento y una radical honestidad.

   Menciono a mi padre en este espacio no por la pedantería que me llevaría a suponer que lo que es importante para mí lo es para quienes se asoman a esta columna. Me permito conversar aquí sobre él porque creo que su historia es la de muchos mexicanos que, en la segunda mitad del siglo 20, se esforzaron para trabajar con empeño, respaldaron la construcción de instituciones básicas, no buscaron ni acumularon fortuna y les bastó con la satisfacción de haber hecho bien su trabajo. Seguir leyendo «Un mexicano constructor»