El fantasma de Atenco

La Crónica, 28 de abril de 2005

Quizá cuando se haga la historia de estos días desastrados y tensos el nombre de Raúl Alberto Sánchez sea reconocido entre los más asociados al intento que anoche anunció el presidente Vicente Fox para atenuar la crispación política. El martes en Cuilapan de Guerrero, en Oaxaca, donde el presidente de la República estaba de visita, ese joven estudiante sostenía una cartulina con la frase “Fox, traidor a la democracia”. Cuando lo vio, el destinatario de ese reproche le reclamó con agresividad.

   Anoche en cambio el licenciado Fox comenzó su alocución, en cadena nacional, con una expresión que respondía al reclamo que encontró en Oaxaca: “El presidente de México cree en la democracia”.

   Fox está empeñado en que la sociedad acepte que tiene esa convicción. Es un buen propósito. Pero quizá lo manifiesta de manera demasiado tardía. Si hubiera dicho lo mismo tres semanas antes, la víspera del desafuero de Andrés Manuel López Obrador, otros habrían sido los resultados. Si, con mayor anticipación, se hubiera tomado en serio esas convicciones, no habría impulsado el proceso judicial que tuvo que pasar por San Lázaro.

   Ahora, las decisiones anunciadas anoche serán reconocidas no como resultado de las convicciones del presidente sino como consecuencia de la presión social que se expresó en la movilización del domingo pasado.

   El gobierno llevaba por lo menos un mes evaluando la destitución del general Rafael Macedo de la Concha. Se le atribuyen las posiciones duras, enfrentadas con iniciativas de negociación que aparentemente proponía Santiago Creel, en la deliberación frente al Presidente. La PGR cometió errores técnicos y de apreciación en la presentación del expediente de López Obrador. Esa dependencia, además, perpetró injusticias como las que padeció el ex funcionario de Los Pinos Nahúm Acosta.

   Macedo permanecía porque su presencia era importante en la línea de confrontación que el gobierno federal había decidido mantener respecto de López Obrador. Además, de acuerdo con la información oficial, los logros del General en la persecución del narcotráfico no fueron desdeñables.

   La sustitución del Procurador constituye un viraje en esa táctica de enfrentamiento con el jefe de Gobierno del DF. Los argumentos insistentemente sostenidos por el presidente, el PAN y la mayoría de sus legisladores quedaron derrotados por el estupor de Fox ante la marcha del domingo, la caída de su popularidad en las encuestas y las descalificaciones en la prensa internacional.

   Más que consecuencia de una emergencia tardía pero estimable de las convicciones democráticas, la decisión de ayer parece obedecer al sobresalto del Presidente ante una situación que él mismo contribuyó a desatar y luego no supo manejar. El recuerdo de Atenco campeó anoche en Los Pinos.

   Eso sí, más vale tarde. Si el mensaje presidencial realmente significa un cambio radical respecto del empeño para privilegiar intereses facciosos por encima de otras consideraciones políticas, será preciso conocer qué otras decisiones lo complementan.

   Anoche mismo se hablaba de la inminente renuncia de Santiago Creel para competir abiertamente por la nominación presidencial en el PAN. Si la salida del secretario de Gobernación se hubiera anunciado junto con la del Procurador General habría parecido que se trataba de dos bajas, en una operación aparentemente salomónica, en el organigrama del gabinete legal. Pero la decisión para proponerle al Senado que al general Macedo lo sustituya Daniel Francisco Cabeza de Vaca, que hace cinco meses era colaborador cercano de Creel, pareciera ofrecerle un saldo favorable al todavía secretario de Gobernación.

   Esas decisiones de Fox, que además anunció iniciativas para impedir situaciones como la inhabilitación política que López Obrador estaba en riesgo de padecer, pueden ayudar a resolver la descomposición de los meses recientes. Sin embargo sigue pendiente el dictamen de la Suprema Corte sobre las solicitudes de controversia constitucional que presentaron la Asamblea del DF y la Cámara de Diputados.

   La polarización, no hay que olvidarlo, ha tenido dos afluentes. Además de Los Pinos, ha sido perseverante y cotidianamente impulsada por el gobierno de la ciudad de México.

   Las decisiones del presidente quizá impidan que siga creciendo la popularidad de López Obrador a costa de los errores del gobierno federal. Pero pueden tener un efecto perverso si alientan el caudillismo y el autoritarismo que han definido al jefe de Gobierno del DF.

   El presidente Fox le ha concedido a López Obrador un triunfo inapreciable. No tardaremos en saber si el beneficiario de ese gesto responde con sensibilidad política, o si lo domina la bravuconería de la que ha hecho gala en otras ocasiones. Después de descorchar la champaña como posiblemente hicieron anoche, López Obrador y sus partidarios más cercanos pueden construirse un perfil responsable o perseverar en el comportamiento abusivo que hasta ahora ha singularizado a ese personaje.

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Se dice fácil, se entiende mal

La Crónica, 10 de enero de 2005

El spot de televisión de la Cámara de Diputados que tanto estruendo causó la semana pasada, era tan críptico que difícilmente debe haber afectado la imagen pública de los tres personajes del PAN exhibidos de esa manera: el presidente Vicente Fox, el senador Carlos Medina Plascencia y el secretario de Gobernación Santiago Creel.

En 30 segundos, de manera atropellada, ese anuncio reproduce sendas frases de esos personajes cuando eran diputados federales. Aparentemente se trata de mostrarlos en contradicción con las posiciones recientes de por lo menos dos de ellos en el reciente litigio por el presupuesto federal entre el gobierno y la Cámara de Diputados.

Sin embargo es preciso conocer el contexto de esa discusión para entender tales alusiones.

La transmisión del anuncio de 30 segundos causó disgusto en el gobierno y en Acción Nacional. Algunos de sus voceros consideraron que la Cámara excedía sus funciones al destinar parte de su presupuesto a pagar mensajes de impugnación política cuyo contenido no comparten todos los partidos en San Lázaro. Otros comentarios consideraron que con ese mensaje la mayoría en la Cámara entraba al terreno de las confrontaciones personales.

Quizá algunas de esas opiniones no tomaron en cuenta el contenido del anuncio. Por eso vale la pena recordarlo.

El medio minuto comienza con la frase “Se dice fácil” resaltada sobre fondo negro.

A continuación aparece Vicente Fox cuando era diputado federal en 1988, en mangas de camisa y hablando aparentemente en la tribuna de la Cámara. Mientras dice tres palabras (“comuniquen, razonen, legislen”) esa imagen se va difuminando para que aparezca de traje negro y ya como presidente de la República.

En segundo lugar se muestra a Carlos Medina Plascencia, a quien se identifica como diputado federal 1998. Esa imagen se traslapa con una más reciente junto a la cual se le reconoce en un rótulo que dice “precandidato a la presidencia 2004”. También aparece el logotipo del PAN. En esa transición de escenas se le escucha decir: “nos hemos enfrentado a las mas groseras presiones del gobierno y su partido. ¡En la cámara de diputados qué no manda el presidente!” (sic).

El tercer término aparece Santiago Creel que dice “debatidas y aprobadas por esta soberanía” mientras se le identifica: “diputado federal 1997”. Luego se le ve en una escena reciente, aparentemente refiriéndose al actual litigio mientras dice: “este procedimiento está poniendo a cada cual en su lugar”. Un letrero lo señala como “precandidato a la presidencia 2004” junto a un emblema de su partido. Durante un segundo y medio, todavía con el secretario de Gobernación a cuadro, aparece escrita la frase: “se olvida pronto”.

Finalmente se lee sobre fondo negro mientras se escucha una voz en off: “La Cámara de Diputados trabaja con seriedad y tiene memoria…”. El logotipo de esa cámara rubrica el anuncio.

Esas frases dicen nada, o algo, según la interpretación que les de cada telespectador. Confuso y hasta anodino, el spot provocó indignaciones políticas, vestiduras desgarradas y protestas enfáticas. Pero es difícil que haya alterado la apreciación pública, cualquiera que sea, del diferendo entre los diputados y el presidente.

Algunos dirigentes del PAN se quejaron por el empleo del emblema de su partido sin recordar que se trata de un símbolo público y no se engañaba a los televidentes al colocarlo junto a panistas notables.

Todo parece indicar que el anuncio es parte de la publicidad institucional de la Cámara de Diputados. En ese caso sería importante que se aclarase si fue difundido en ejercicio del tiempo estatal en televisión o si fue pagado con dinero de esa Cámara. El asunto es más confuso porque algún diputado del PRI aseguró que el spot fue pagado por varios partidos.

Se dice fácil, se entiende mal

La Crónica, 10 de enero de 2005

El spot de televisión de la Cámara de Diputados que tanto estruendo causó la semana pasada, era tan críptico que difícilmente debe haber afectado la imagen pública de los tres personajes del PAN exhibidos de esa manera: el presidente Vicente Fox, el senador Carlos Medina Plascencia y el secretario de Gobernación Santiago Creel.

En 30 segundos, de manera atropellada, ese anuncio reproduce sendas frases de esos personajes cuando eran diputados federales. Aparentemente se trata de mostrarlos en contradicción con las posiciones recientes de por lo menos dos de ellos en el reciente litigio por el presupuesto federal entre el gobierno y la Cámara de Diputados.

Sin embargo es preciso conocer el contexto de esa discusión para entender tales alusiones.

La transmisión del anuncio de 30 segundos causó disgusto en el gobierno y en Acción Nacional. Algunos de sus voceros consideraron que la Cámara excedía sus funciones al destinar parte de su presupuesto a pagar mensajes de impugnación política cuyo contenido no comparten todos los partidos en San Lázaro. Otros comentarios consideraron que con ese mensaje la mayoría en la Cámara entraba al terreno de las confrontaciones personales.

Quizá algunas de esas opiniones no tomaron en cuenta el contenido del anuncio. Por eso vale la pena recordarlo.

El medio minuto comienza con la frase “Se dice fácil” resaltada sobre fondo negro.

A continuación aparece Vicente Fox cuando era diputado federal en 1988, en mangas de camisa y hablando aparentemente en la tribuna de la Cámara. Mientras dice tres palabras (“comuniquen, razonen, legislen”) esa imagen se va difuminando para que aparezca de traje negro y ya como presidente de la República.

En segundo lugar se muestra a Carlos Medina Plascencia, a quien se identifica como diputado federal 1998. Esa imagen se traslapa con una más reciente junto a la cual se le reconoce en un rótulo que dice “precandidato a la presidencia 2004”. También aparece el logotipo del PAN. En esa transición de escenas se le escucha decir: “nos hemos enfrentado a las mas groseras presiones del gobierno y su partido. ¡En la cámara de diputados qué no manda el presidente!” (sic).

El tercer término aparece Santiago Creel que dice “debatidas y aprobadas por esta soberanía” mientras se le identifica: “diputado federal 1997”. Luego se le ve en una escena reciente, aparentemente refiriéndose al actual litigio mientras dice: “este procedimiento está poniendo a cada cual en su lugar”. Un letrero lo señala como “precandidato a la presidencia 2004” junto a un emblema de su partido. Durante un segundo y medio, todavía con el secretario de Gobernación a cuadro, aparece escrita la frase: “se olvida pronto”.

Finalmente se lee sobre fondo negro mientras se escucha una voz en off: “La Cámara de Diputados trabaja con seriedad y tiene memoria…”. El logotipo de esa cámara rubrica el anuncio.

Esas frases dicen nada, o algo, según la interpretación que les de cada telespectador. Confuso y hasta anodino, el spot provocó indignaciones políticas, vestiduras desgarradas y protestas enfáticas. Pero es difícil que haya alterado la apreciación pública, cualquiera que sea, del diferendo entre los diputados y el presidente.

Algunos dirigentes del PAN se quejaron por el empleo del emblema de su partido sin recordar que se trata de un símbolo público y no se engañaba a los televidentes al colocarlo junto a panistas notables.

Todo parece indicar que el anuncio es parte de la publicidad institucional de la Cámara de Diputados. En ese caso sería importante que se aclarase si fue difundido en ejercicio del tiempo estatal en televisión o si fue pagado con dinero de esa Cámara. El asunto es más confuso porque algún diputado del PRI aseguró que el spot fue pagado por varios partidos.

De Eva Perón a la Madre Teresa

La Crónica, febrero 17 de 2004

Al decir que no hará trabajo “político partidista” la señora Sahagún de Fox sugiere que seguirá haciendo política, pero al margen del que hasta ahora ha sido su partido. Si hubiera querido aclarar la equívoca situación que ella misma ha creado al presentarse como posible candidata presidencial al tiempo que disfruta de los recursos, la visibilidad, la información privilegiada y la influencia de los que goza en Los Pinos habría anunciado, simplemente, que se retira de la política.

Para que no hubiera lugar a confusiones, la señora Marta de Fox podría haber declarado, llana y claramente, su renuncia a cualquier posibilidad de suceder a su marido. Pero no era esclarecimiento alguno sino mantenerse en una amenazadora ambigüedad lo que pretendió la llamada primera dama.

Lo que procuró ayer la esposa del presidente fue, antes que nada, replicar a las presiones que ejercía la dirección del PAN para mantenerla al margen de la competencia por la candidatura presidencial. Los líderes de ese partido y no pocos miembros del gobierno han entendido que la candidatura de Sahagún sería una traición a los principios de equidad en la competencia política que el PAN ha querido sostener. Además han anticipado que, si bien actualmente tiene índices de reconocimiento público importantes, si se convirtiera en candidata presidencial la señora Sahagún sería vista como prolongación de un gobierno cuyas ineficiencias le resultan cada vez más claras a la sociedad mexicana.

En tono artificiosamente perentorio la esposa del presidente dice, a través de su oficina de prensa, que “por ahora no dedicará ni un solo minuto de su tiempo a hacer trabajo político partidista, sino que se concentrará totalmente en el trabajo social”. Por eso renuncia a la posibilidad de formar parte del consejo nacional panista. Pero como la política se hace en ámbitos cada vez más versátiles –incluso, para muchos estar en un partido tiende a convertirse en limitación más que en un recurso– la señora seguirá influyendo en la vida del país.

Avisar que se concentrará en el trabajo social, puede ser entendido como una amenaza y no como un alivio a las preocupaciones que el gobierno y no pocos mexicanos han experimentado a causa del activismo de la señora. La fundación Vamos México, impulsada por la esposa del presidente de la República, implica una suerte de privatización de la política social. En vez de apuntalar los organismos y cauces institucionales que el Estado tiene para combatir a la pobreza, la señora Fox apuesta por la caridad privada.

En varias ocasiones la señora ha dicho que se identifica con la Madre Teresa, conocida por la congregación que dirigió en Calcuta. Las obras que esa religiosa de origen albanés promovió en favor de los pobres le permitieron ganar notoriedad mundial. Sin embargo una mirada menos complaciente permite reconocer, en el activismo de la Madre Teresa, comportamientos de manipulación e intereses políticos que pondrían en entredicho la filantropía que propagaba.

El escritor Christopher Hitchens mantuvo hace pocos años una espléndida discusión al respecto luego publicada en el libro, provocador desde su título, The Missionary Position. Mother Teresa in theory and practice (Verso, New York, 1995). Esa obra cobró nueva actualidad hace pocos meses cuando la religiosa, seis años después de su muerte, fue beatificada.

Hitchens explica la fama internacional de la Madre Teresa gracias a la preferencia de los medios que consideraron que su causa era políticamente correcta y destaca el enorme poder económico que acumuló su congregación. La reticencia de esa agrupación para ofrecer informes financieros claros o admitir auditorías, el autoritarismo de la Madre Teresa cuya palabra delante de sus subordinados era ley inapelable y su aparente rechazo al quehacer político como una forma eficaz de hacer política, son comentados por ese autor.

“La intervención ya sea moral o política –escribe Hitchens– siempre y en todas partes es un asunto del más exquisito timing. La elección del tiempo y del lugar puede ser muy significativa… La Madre Teresa es afecta a decir que no está muy por encima de la política sino realmente más allá de ella, operando en una manera que resulta trascendental. Todos los reclamos de los personajes públicos que dicen ser apolíticos merecen un doble escrutinio crítico. Los ingenuos y simples pocas veces son tan ingenuos y simples como se ven, y esta sospecha es reforzada por quienes proclaman su propia ingenuidad y simpleza. No hay engreimiento equivalente a la falsa modestia, y no hay política como la antipolítica, así como no hay refinamiento que se compare con la ostentación de quienes dicen que no les interesan los asuntos materiales”.

Si la señora Sahagún ha cambiado de paradigma y en vez de aspirar a ser Eva Perón quiere parecerse por algún tiempo a la Madre Teresa, habrá que tomar con atención las advertencias que Hitchens contra la política disfrazada de filantropía.

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Colisión anunciada

La Crónica, 24 de agosto de 2004

La colisión hacia la que se dirigen los gobiernos federal y de la ciudad de México es uno de esos conflictos en donde ninguna de las partes tiene toda la razón y ninguna de ellas, además, alcanza beneficios plenos en tal confrontación.

   Nadie gana, como decía una de las caras más temidas en el viejo y sabio juego de la pirinola. Todos pierden y en este caso antes que nada perderá el país que está invirtiendo tiempo, atención y perplejidad en un pleito que la sociedad mexicana no buscó y al que, para muchos, ni les va ni les viene nada a cuento.

   Tanto los impugnadores, como los adeptos de Andrés Manuel López Obrador, tienen argumentos atendibles en este conflicto. Ninguna de ambas partes cuenta con toda la razón.

   El jefe de Gobierno se ha empeñado en singularizarse por el desprecio que les tiene a las leyes y al orden jurídico cuando no se ciñen a sus proyectos, o a sus caprichos. En el caso que lo podría privar del fuero constitucional hay evidencias de que desatendió, sistemática, enterada y abiertamente, las instrucciones judiciales para que suspendiera una obra que afectaba los derechos de un particular. Podrá decirse que con esa obra el gobierno de López Obrador beneficiaba al interés de la sociedad, pero eso sucedía en contra de la explícita resolución de un juez.

   A sabiendas de esa instrucción López ordenó que las obras prosiguieran. En ese, como en otros casos, ha querido imponer su voluntad a contrapelo de las decisiones del Poder Judicial. Y cuando se ha visto presionado por la aplicación de las leyes, ha intentado respaldarse en movilizaciones como la que encabezará el domingo próximo.

   Las Procuraduría General de la República ha considerado que tiene la obligación de llevar ese caso ante el Congreso de la Unión porque solo si se le priva del fuero López Obrador podría ser sometido a un juicio por tal desacato. El gobierno federal sostiene que no había otro camino y que de haber ignorado ese problema habría incurrido, también, en una conducta ilegal.

   En el transcurso de este litigio, los partidarios de López Obrador han esgrimido abundantes motivos políticos y unos cuantos argumentos jurídicos para oponerse al desafuero. Dicen que lo que realmente pretende el gobierno federal –muy posiblemente con la interesada ayuda del PRI– es sacar a López de la carrera por la presidencia de la República. Me quieren derrotar a la mala, se queja el jefe de Gobierno.

   Mientras el Congreso resuelve si el desafuero es procedente o no, López Obrador ha adquirido una imagen de político perseguido por un sistema autoritario. Con más explicaciones emocionales que solidez jurídica, sus defensores están consiguiendo promover la impresión de que como va adelante en las encuestas, al jefe de Gobierno lo quieren desplazar con una chicana de insuficiente consistencia legal.

   En el plano jurídico la defensa de López ofrece evidencias solamente parciales. Ha intentado demostrar que ese funcionario no ordenó directamente la continuación de las obras vetadas por el juez. Luego ha informado que, en casos similares, algunos gobernantes que incumplieron una instrucción judicial no fueron sancionados como se pretende hacer con el jefe de Gobierno del Distrito Federal.

   Sobre todo, los simpatizantes de López alegan que las dimensiones de la falta por la que se pretende juzgarlo son minúsculas en comparación con las consecuencias políticas que acarrearía la inhabilitación de sus derechos ciudadanos.

   Ese argumento tiene una clara (y en algunos casos razonablemente interesada) solidez política. Pero al prescindir del flanco jurídico involucrado en este litigio no solamente ofrece un enfoque parcial. Además implica el riesgo de aportar una solución riesgosamente cínica para enfrentar el diferendo en torno a López Obrador.

   Si la razón jurídica se impone por encima de la razón política y los legisladores votan por el desafuero del jefe de Gobierno, estaremos quizá ante una aplicación rigurosa de la ley pero de corolarios políticos inciertos. Si la política impera sobre el Derecho, se establecería un precedente que sujetaría cualquier diferendo, en cualquier circunstancia, a la lógica de las presiones y no al marco de las leyes.

   Hay que recordar que si se le priva del fuero López Obrador tendría que acudir ante el juez y exponer allí sus argumentos. Solo en caso de que entonces hubiera una sentencia que lo condenara por haber cometido un delito su candidatura presidencial podría ser afectada. Pero bastará la aprobación del desafuero para que sus seguidores consideren que se le quiere aplicar, con fines de persecución política, la fuerza de la ley. Y habrá entre ellos quienes consideren que los marcos institucionales no bastan para ceñir la lucha política en México.

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