Ayotzinapa, filtraciones, doble moral

La periodista Ramírez publicó en su columna de Reforma, y en su cuenta de Twitter, imágenes de mensajes atribuidos a miembros del grupo de delincuentes “Guerreros Unidos” sobre el asesinato de los normalistas.

Publicado en La Crónica el lunes 26 de septiembre

La doble moral es una forma de hipocresía. Ahora proliferan improvisados especialistas en ética periodística que condenan la publicación sin censura de algunos segmentos del informe del gobierno sobre la muerte de los normalistas de Ayotzinapa pero que, hace unos cuantos días, aplaudían la divulgación de otras filtraciones.

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La advertencia del General

El activismo del general Sandoval y de otros jefes militares rompe con la proverbial neutralidad política de nuestras Fuerzas Armadas.

Publicado en La Crónica el lunes 19 de septiembre

La advertencia del general secretario a quienes cuestionan el creciente poder de las Fuerzas Armadas ha sido una definición política alarmante, autoritaria e ilegal. Además reiteró el guión populista que sigue el presidente López Obrador: apropiación de la representación del pueblo para justificar la concentración de poder, una retórica aparentemente nacionalista que exige disciplina en aras de una cohesión dispuesta desde la cúpula, utilización del Ejército con propósitos facciosos.

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“¡Fue el Estado!”: farsa y demagogia

Decir que se trata de un “crimen de Estado” se convirtió en una consigna política muy eficaz. Encinas la repite, incurriendo en la demagogia que tanto ha nublado el completo esclarecimiento de los asesinatos de los normalistas. 

Publicado en La Crónica el lunes 22 de agosto

“¡Fue el Estado!”. Contundente e irritada esa frase, y lo que significa, ha contribuido a ocultar la verdad sobre el asesinato de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Referirse de esa manera a “el Estado” dice todo y dice nada. 

   Estado son las instituciones que detentan el poder político, que distan de ser homogéneas. Pero en la apreciación elemental que propalan los simplificadores al Estado se le identifica con su cúpula, comenzando por el presidente de la República. De tanto repetir esa frase, en amplias zonas del espacio público se ha considerado que la muerte de los normalistas fue culpa de la administración de Peña Nieto. Ese presidente cometió numerosas torpezas, comenzando por su insufrible insensibilidad política. Pero no supo, ni pudo prever, ni evitar, la muerte de aquellos estudiantes.

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El Estado arrodillado

Establecimientos y vehículos incendiados en Tijuana y otros sitios del país. La alcaldesa pidió a los delincuentes que les cobren a quienes no pagan sus extorsiones.

Publicado en La Crónica el lunes 15 de agosto

La presidente municipal de Tijuana ha ofrecido uno de los testimonios más humillantes que se hayan registrado del sometimiento del gobierno a los delincuentes.

   “No vamos a permitir que un solo ciudadano tijuanense pague las consecuencias de quienes no pagaron sus facturas” dijo el viernes, en un video en Facebook, la alcaldesa Montserrat Caballero Ramírez. La culpa del terror criminal en Tijuana, según ella, no es de los delincuentes sino de comerciantes e industriales que no han cedido a sus extorsiones.

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De los abrazos, a la impunidad

Los sacerdotes Javier Campos y Joaquín Mora son símbolo de millares de víctimas de las pandillas criminales. Sus asesinatos han sido notorios por la alevosía y el sitio en donde se cometieron y porque se trata de dos religiosos, pero forman parte de la creciente lista de crímenes en todo el país.

Publicado en La Crónica el lunes 27 de junio

El horror y la indignación ante el asesinato de los sacerdotes Javier Campos y Joaquín Mora y el guía turístico Pedro Palma, han propiciado el clamor para que sea revisada la estrategia de seguridad pública. Esa exigencia es muy pertinente pero se queda corta. El problema, antes que nada, es que el gobierno federal no tiene estrategia alguna para combatir a la delincuencia. Por inacción e indolencia, debido a la enorme irresponsabilidad y a la ignorancia con que se ha comportado ante el crecimiento de los grupos criminales, el presidente López Obrador ha dejado al Estado mexicano sin una política de seguridad digna de ese nombre.

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