La nueva derecha en la boleta electoral

Publicado en Crónica el lunes 7 de mayo

Instalado en la desmesura, El Bronco se beneficia de la polarización entre los candidatos punteros. Aquella disputa nos tiene tan abrumados que no reparamos, casi, en los dislates del gobernador con licencia.

   La opinión publicada se burla de las grotescas insensateces de Jaime Rodríguez Calderón. Las ocurrencias de ese personaje parecen más propias de los caricaturistas que del análisis político. Pero ahí está, en el centro del escenario público, con la visibilidad que le dan las pasarelas de candidatos presidenciales, tres debates en cadena nacional y su nombre en las boletas el primero de julio.

   Mientras nos reímos de él y lo menospreciamos de tan burdo y ridículo El Bronco sigue construyendo un perfil público que, en medio de la confusión de estas campañas especialmente revueltas, gana espacios en la sociedad. No competirá con el resto de los candidatos pero por confusión, hartazgo o mera ocurrencia de no pocos ciudadanos, recibirá cientos de miles de votos. Más allá de esta elección, Rodríguez Calderón habrá consolidado una fama pública nacional que le permitirá mantenerse como referencia de los intolerantes. Seguir leyendo “La nueva derecha en la boleta electoral”

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La defenestración de Ricardo Alemán

Comentario grabado para el noticiero Así las cosas, de W Radio, el 7 de mayo

Ricardo Alemán cometió la insensatez de reenviar un tuit ofensivo, de mal gusto y, para muchos, amenazador. Hay quienes consideran que era una broma. El contexto de crispación que recorre al país y que se expresa con intensidad en Twitter propició que ese mensaje fuera tomado como amenaza directa en contra de Andrés Manuel López Obrador. Lo que sí es una broma, o un despropósito, es suponer que alguien convoca a un atentado en público y dejando constancia por escrito.

   Miles de tuiteros condenaron las implicaciones del mensaje reenviado por Alemán. Pero algunos de ellos, que son notorios simpatizantes de López Obrador, además exigieron que los medios de comunicación en donde trabajaba ese periodista lo despidieran.

  Una gran cantidad de quienes propagaron esa demanda habitualmente toleran, e incluso festejan, insultos y amenazas contra quienes mantienen opiniones críticas al candidato de Morena. En ese comportamiento hay una doble moral y allí se difumina la responsabilidad que todos tenemos para alentar un debate de ideas sin descalificar a las personas.

   El mensaje que reenvió Ricardo Alemán rebasa los límites habitualmente reconocidos como suficientes para la libertad de expresión. Pero la decisión de Televisa y Canal Once para cerrarle sus puertas tiene implicaciones paradójicas. Alemán se queda sin esos espacios no por la calidad de su trabajo periodístico (que es ciertamente discutible) sino por las exigencias de los furibundos tuiteros que se identifican con un candidato presidencial. Hay que rechazar la violencia en línea para que no se traduzca en agresiones en otros planos. Pero también es preciso reivindicar el derecho a la crítica —aunque incomode a los fanáticos dentro y fuera de Twitter—.

   

La serie que disgusta a López Obrador

Publicado en Crónica el lunes 30 de abril

Raúl Trejo Delarbre

Toda campaña electoral implica ataques mutuos. Todo candidato, además de mencionar sus propias virtudes, señala los defectos que encuentra en sus competidores. La política se hace a partir de contrastes y, sometida a la construcción maniquea de los medios audiovisuales, acentúa la polarización. Las descalificaciones, que constituyen una forma de calificar, son parte del quehacer político. No son deseables desde el ideal de una deliberación sustentada en argumentos y capaz de apelar al razonamiento y no a la emotividad de los ciudadanos, pero tampoco son ilegales.

   Las campañas negras propagan mentiras y/o rumores. Cuando así ocurre, se atraviesa la delgada pero siempre perceptible línea entre la discusión y la denostación. La imputación falsa de un delito constituye una calumnia. A un candidato se le pueden cuestionar su capacidad, lo que dice y calla, lo que promete, su trayectoria o alianzas. Todo ello forma parte de las apreciaciones subjetivas en las que abreva el debate político. Pero decir falsedades y, sobre todo, adjudicar acciones ilegales  sin que se presenten pruebas que acrediten tales acusaciones, es incurrir en difamación. Las campañas negras se nutren de calumnias y difamaciones. Seguir leyendo “La serie que disgusta a López Obrador”

Después del debate

Publicado en Crónica el lunes 23 de abril

Los debates electorales ayudan a los indecisos pero, sobre todo, ratifican las simpatías de quienes ya habían tomado partido. La confrontación entre varios candidatos es apreciada, de la misma manera que todo mensaje mediático, de acuerdo con la circunstancia de cada ciudadano. Por muy incisivos que sean los cuestionamientos de sus rivales y a pesar de la torpeza o ignorancia que haya demostrado un candidato, sus partidarios por lo general seguirán siéndolo. La posibilidad de que un debate influya de manera significativa en las preferencias de voto depende del efecto que tenga entre quienes no habían resuelto a quién respaldar y, en circunstancias muy especiales, del daño notorio que le hagan a un candidato los cuestionamientos de sus rivales.

  Los debates electorales son un espectáculo. En ellos se expresa la espectacularización que, sometida a los cartabones mediáticos, ha alcanzado la política. Ademanes y atuendos, interpelaciones incómodas, afirmaciones contundentes, son registrados por los televidentes que, en el caso de los debates contemporáneos, no se encuentran necesariamente delante del televisor porque a esos intercambios se les sigue en variadas plataformas y pantallas mediáticas. Se trata de un espectáculo esencialmente audiovisual en donde el maquillaje y los gestos ensayados enfatizan, y a menudo reeemplazan, a las ideas elaboradas. Frases cortas, miradas directas, actitudes, llaman la atención antes que proyectos y propuestas. Seguir leyendo “Después del debate”

Impostura e imprudencia

“El Bronco”, candidato gracias a la negligencia de cuatro magistrados electorales

Publicado en Crónica el 16 de abril

En una cosa tienen razón los cuatro magistrados electorales que incluyeron a “El Bronco” en la boleta electoral. La tienen cuando dicen, en voz del magistrado Felipe Alfredo Fuentes Barrera, que ese tribunal “no hace política”.

   En efecto, no la hace. La tarea de los magistrados es interpretar y aplicar la ley. Pero, al cumplir con ese cometido, tienen la responsabilidad de comprender y aquilatar las consecuencias políticas de sus decisiones. Toda resolución judicial, mucho más aún cuando se trata de asuntos electorales, tiene significados políticos. Si los magistrados no se han dado cuenta de esas implicaciones deberían dedicarse a otra cosa. Por lo pronto el daño que han ocasionado a la institucionalidad electoral, comenzando por el propio Tribunal, es de consecuencias incalculables.

   La decisión de cuatro de sus magistrados para desconocer las muchas irregularidades que cometió Jaime Rodríguez Calderón y hacerlo candidato presidencial no tiene asidero jurídico respetable. Con una sentencia que será ejemplo de imposturas con coartadas pretendidamente legales, colocan en la elección presidencial a un individuo tramposo que no cumplió los requisitos establecidos en las normas electorales. En el intento para justificar ese despropósito, los cuatro magistrados han querido descalificar el trabajo del Instituto Nacional Electoral. Seguir leyendo “Impostura e imprudencia”