Sociedad y poder

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Jorge Calvimontes. Poeta, periodista, boliviano, mexicano

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Jorge Calvimontes y Calvimontes, poeta y periodista nacido en Oruro, Bolivia, llegó exiliado a México en 1971 y desde entonces enriqueció la docencia y la convivencia en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Murió  el viernes 20 de diciembre, a los 81 años.

CalvimontesVarias veces tuve la oportunidad de que Jorge Calvimontes, mi viejo profesor de periodismo, me invitara a presentar algunos de sus libros. Ahora que me entero de su fallecimiento,  encuentro algo de lo que dije (y que nunca publiqué) en abril de 2005, en alguna de aquellas presentaciones.

 Comentario al libro Un relámpago de siglos. Crónica de una efímera eternidad  de Jorge Calvimontes y Calvimonte. Editorial Constate, México, 2005.

   La pasión lírica de Jorge Calvimontes se desencadena en Un relámpago de siglos. La elegía al servicio de la memoria –es decir, de la historia y las lecciones que ofrece tal recuento– es el hilo conductor de las estampas, los relatos y los cantos que aparecen en este libro.

Con infatigable vehemencia, el profesor Calvimontes se prodiga en la narración para describir primero el paisaje de los Andes bolivianos y luego las vicisitudes de algunos de quienes lo han habitado. Las figuras que este autor construye son exuberantes tanto en cantidad como en intensidad. Leer el resto de esta entrada »

Written by Raúl Trejo Delarbre

diciembre 21, 2013 at 2:53 pm

De nuevo a clases (a pesar de los profesores faltistas)

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Para decenas de miles de jóvenes, hoy ha sido uno de los días más memorables de su vida porque han entrado a la Universidad. Cada uno de ellos sabe que la oportunidad que tienen no la han alcanzado muchos más que se han quedado sin ingresar a la educación superior –o, en el caso del bachillerato, media superior–. La expectación y la alegría de hoy son plenamente justificadas y se han ganado el derecho a ellas. Lo seguirán teniendo en la medida en que perseveren. De ellos depende, pero también hay que reconocer que las universidades también están obligadas a comprometerse con los jóvenes de la misma manera que les exigen compromiso a ellos.

prepa 4

Lamentablemente no siempre nuestras instituciones educativas están a la altura de tan nobles expectativas. Una amiga me cuenta el desengaño que sufrió este lunes una joven a la que conoce y que hace pocas semanas celebró haber sido seleccionada para ingresar a la Prepa 4 de la UNAM.

La joven (me reservo el nombre porque lo que importa es el episodio que padecieron ella y varias docenas de muchachos más) aguardó con emoción que llegara este día. Sus padres le compraron con similar alborozo los primeros útiles escolares. A la muchacha le ilusionaba entrar a una institución con historia y prestigio como nuestra Escuela Nacional Preparatoria. Leer el resto de esta entrada »

Written by Raúl Trejo Delarbre

agosto 5, 2013 at 10:04 pm

Publicado en Educación, Universidad

Plagios

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Columna publicada en emeequis

Mostrador

Quizá más desfachatados que los plagios que cometió Sealtiel Alatriste, hayan sido los intentos para menospreciar las denuncias contra ese escritor y, más tarde, el esfuerzo de algunos de sus amigos para defenderlo. Hubo quien desafió

el que esté libre de plagio que tire la primera piedra… y llovieron las pedradas en las redes sociales.

A una obra de tantos años y libros como la de ese escritor, habrá que evaluarla más allá de los plagios que con tanta meticulosidad y oportunidad demostró Guillermo Sheridan en un blog de la revista Letras Libres. Pero las que cometió Alatriste fueron faltas inexcusables. En vez de disculparse, primero les restó importancia. La evidencia era demasiado contundente y les hizo un buen servicio –algo a destiempo– a la UNAM y al Rector al renunciar a la Coordinación de Difusión Cultural cuando el escándalo ya tenía varios días en los medios de comunicación.

La respuesta de las autoridades de la UNAM fue demasiado parsimoniosa y tibia. La creencia de que la ropa sucia se lava en casa sigue definiendo las reacciones institucionales cuando la Universidad es cuestionada. En esos casos, se olvida que no hay institución con mayor deber de transparencia que la Universidad. Para evaluarse a sí misma, reconociendo yerros por muy incómodos que sean, debería ser una caja de cristal. Leer el resto de esta entrada »

Written by Raúl Trejo Delarbre

febrero 18, 2012 at 12:34 pm

Publicado en Cultura, Universidad

Mejor un goya

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En enero pasado el suplemento Campus, que dirige Jorge Medina Viedas en el diario Milenio, publicó una edición especial en donde apareció el siguiente texto. Lo reproduzco ahora, aquí, con motivo del inicio de cursos en la UNAM y en ocasión del 60 aniversario de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.

Dentro de un año se cumplirán cuatro décadas de mi ingreso como estudiante a la UNAM. En marzo de 1972 tenía 18 años, el mundo era más pequeño, el país estaba lleno de promesas, de alguna manera todos éramos más ingenuos, la Universidad era una isla de libertad y disidencia. La UNAM experimentaba ya el crecimiento fenomenal que propició la apertura y el empuje a la educación superior del gobierno de Luis Echeverría, después del enfrentamiento de los universitarios con el diazordacismo. Aquel año la UNAM llegaría a matricular 168 mil estudiantes en todos sus niveles. Eran 96 mil en 1968, serían más de 223 mil en 1975 y hoy son 315 mil.

La Facultad de Ciencias Políticas y Sociales era un hervidero de activismo pero, también, de intercambio y discusión intensos. Carteles y pintas convocaban a incesantes asambleas, lo mismo que a rabiosos mítines. Nuestros profesores venían del desacuerdo o del desencanto recientes. Uno de los más jóvenes, Gerardo Estrada, comenzó la primera clase de la materia “Sociedad y política del México actual” citando el comienzo de Adén Arabia, la desconsolada novela de Paul Nizan: “Yo tenía veinte años. No permitiré que nadie diga que es la edad más hermosa de la vida”.  Leer el resto de esta entrada »

Written by Raúl Trejo Delarbre

agosto 13, 2011 at 2:27 pm

Publicado en Jóvenes, Universidad

Sosa nostra, la costumbre de amedrentar

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Anteanoche, mientras hacía una brillante crítica a la indolencia de los senadores durante la presentación del libro La Ley Televisa y la lucha por el poder en México, el periodista Miguel Ángel Granados Chapa acababa de recibir una noticia buena y otra mala. El Tribunal Colegiado de Circuito que revisó una demanda cuyo desahogo se ha prolongado durante ya más de cinco años, exoneró de manera definitiva al autor de la columna política más leída en el país. Pero, al mismo tiempo, fue ratificada la condena por presunto daño moral en contra de Alfredo Rivera Flores, autor del libro La Sosa Nostra. Porrismo y gobierno coludidos en Hidalgo.

Ese libro, publicado en mayo de 2004, desató la cólera de Gerardo Sosa Castelán, el político priista que creó en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo un cacicazgo que todavía ejerce en esa institución educativa y que lo ha llevado a posiciones legislativas. El título de esa investigación, que alude a las prácticas mafiosas que en numerosos sitios se le han atribuido a Sosa Castelán, no es exageración. Dirigente de la Federación de Estudiantes Universitarios a fines de los años 70, Sosa ha sido rector de la UAEH, titular de su patronato, factor de poder e influencia en esa entidad, así como diputado federal.

Los orígenes de esa influencia son descritos con crudeza por Rivera Flores: “Estudiante sin brillo, líder por la fuerza de su carácter y la certeza de sus puños, hábil para crear alianzas, bronco comandante de sus subordinados, enemigo temible, se hizo dirigente estudiantil y desde el cargo inventó una nueva FEUH. Utilizó a los estudiantes, protegió a los vándalos, amedrentó a los profesores, propició enfrentamientos y terror, cimentó su fuero sobre la fuerza de los golpes y de las armas. Todo con un fin: tener el poder”.

A describir esa trayectoria, así como el contexto de una Universidad sometida al clientelismo y los caprichos políticos, está dedicado el libro de Rivera Flores. Apenas apareció, Sosa Castelán se querelló judicialmente alegando que esa publicación le causaba daño moral. Pero no demandó únicamente al autor. También acusó a Miguel Ángel Granados Chapa por haber escrito el prólogo, un preciso texto de 5 páginas en donde se esboza más el perfil tenaz de Rivera Flores que la personalidad oscura de Sosa Castelán. Granados Chapa ha escrito, pero no en ese libro sino en su columna política, juicios severísimos y apuntalados en hechos comprobables acerca del desempeño público de Sosa Castelán.

La demanda judicial incluyó al editor del libro Miguel Ángel Porrúa, al diseñador Enrique Garnica Ortega, a la empresa Libraria S.A. en donde se hizo la tipografía e incluso al fotógrafo Héctor Rubio que tomó la gráfica de Sosa Castelán que aparece en la portada. Tan desusada demanda ha transitado de una instancia judicial a otra. Los acusados han podido enfrentar ese largo recorrido, salpicado de episodios tortuosos e incluso vejatorios, gracias a la inteligente defensa de la abogada Perla Gómez Gallardo del grupo Libertad de Información – México, A.C., LIMAC.

Esa abogada ha explicado que la resolución que tomó el miércoles el Sexto Tribunal Colegiado de Circuito al ratificar la sentencia del Juez 29 de lo Civil en el DF será recurrida, incluso en tribunales internacionales. La decisión judicial que confirma la inocencia de Granados Chapa, Porrúa, Garnica y Rubio, es importante. Pero lo será más evitar que al autor de un libro se le condene por hacer una crítica abierta, sin duda severa pero documentada, a un personaje público que, por añadidura, finca parte de su poder en la intimidación.

La sentencia del juez 29 padeció notorias irregularidades como la transcripción errónea de los nombres de los codemandados y de los párrafos del libro que supuestamente dañan moralmente a Sosa Castelán. Lo que ha dañado, o definido la fama pública de ese personaje, es su propio comportamiento público. Las que se encuentran en el libro de Rivera Flores no son las únicas denuncias documentadas contra él.

Basta buscar el nombre Sosa Castelán junto a la palabra “corrupción” para encontrar más de un millar de referencias en Internet. Ese descrédito no le ha impedido mantener el control sobre la Universidad Autónoma de Hidalgo, cuya secretaría general Sosa Castelán volvió a ocupar el 17 de marzo pasado solamente para manejar desde allí la designación de un nuevo rector. El miércoles 24 fue designado para ese cargo el médico Humberto Veras, ex secretario general, en un proceso con abundantes irregularidades. Ese mismo día, Sosa Castelán pasó a encabezar el Patronato de la Universidad.

Desde esas posiciones de mando universitario, no solamente se ha promovido la carrera política de Sosa Castelán. Además se han dispuesto represalias contra profesores y trabajadores que la burocracia universitaria considera afines a los adversarios políticos de ese personaje. Entre los afectados por esa persecución política se encuentran varios amigos y al menos un familiar de Miguel Ángel Granados Chapa.

La desfachatez y las revanchas del grupo que controla a la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo y cuyos dirigentes brincan de uno a otro cargo, se deben al temor que acalla casi cualquier expresión disidente y que es propiciado con acciones como la demanda judicial contra Rivera Flores y sus coacusados. Pero esa mezcla de arbitrariedad e impunidad también se origina en el respaldo que Gerardo Sosa y su grupo siguen encontrando en los gobernantes de dicha entidad.

Contra las costumbres del amedrentamiento y las coerciones en Hidalgo, el testimonio publicado por Alfredo Rivera Flores es un documento cuya circulación no debiera ser atajada. Una sanción judicial contra ese autor sería un agravio a la libertad de expresión en nuestro país.

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Written by Raúl Trejo Delarbre

marzo 26, 2010 at 4:44 am

Centralidad de la Universidad

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La satisfacción por el Premio Príncipe de Asturias va más allá de la Universidad Nacional. La vocación por el conocimiento, sus responsabilidades docentes, los hitos científicos, la independencia política así como el compromiso social, forman parte de los valores que hacen a la UNAM reconocible y apreciable en todo el país.

Desde luego no todo es irreprochable en la Universidad. Cualquier institución con las dimensiones de la UNAM tiene que experimentar conflictos y rezagos. La Universidad Nacional tiene contrastes tanto en su desempeño interno como en su imagen hacia el exterior.

Junto con esa heterogeneidad, a la UNAM se le reconoce como una institución útil, noble incluso, y sobre todo necesaria.

Por eso el premio en Comunicación y Humanidades que recogió el Rector José Narro el viernes pasado en Oviedo, ha permitido que se reitere la relevancia social de la UNAM en un momento de definiciones importantes. En todo el mundo, la crisis económica ha obligado a redefinir prioridades del Estado y no hay institución pública que no resienta nuevas restricciones financieras. Pero los criterios para apretarse el cinturón son distintos, de acuerdo con las decisiones de cada estado nacional. Hay países que, precisamente debido a la crisis económica, consideran indispensable estimular el desarrollo de la ciencia, así como la formación profesional de sus jóvenes, aunque para ello tengan que limitar otras áreas del gasto público. En otras experiencias, a los gobiernos les parece que el recorte debe afectar todos los rubros, inclusive aquellos con los cuales cada país construye su futuro.

Ese es el dilema que se mantiene hoy en México, cuando estamos a punto de entrar a la deliberación legislativa acerca del Presupuesto de Egresos para 2010. La tentación para sacrificar el desarrollo de la educación superior no solamente obedece a consideraciones financieras, sino a un no del todo enfático pero subyacente discurso contra las instituciones públicas.

La acometida del gobierno federal contra el SME, aunque se trata de un asunto muy distinto, obliga al recelo respecto de la apreciación que el poder político tiene acerca de las universidades públicas. Más allá de las circunstancias que han acotado el litigio en torno a la industria eléctrica, se ha desarrollado una conservadora ideología del prejuicio contra instituciones y bienes de carácter público.

Por eso, aunque parco, el discurso del rector José Narro Robles el viernes pasado, 23 de octubre, en Oviedo, España, ofrece precisiones pertinentes. Después de recordar la historia, los compromisos y las dimensiones de la UNAM, el doctor Narro defendió la tarea esencial de la Universidad:

“No hay campo de la vida en el que no influya el saber. Por esto preocupa tanto el desinterés de algunos en la materia, como que en muchos sitios no sea una prioridad o que se le escamoteen los recursos para su generación y transmisión. Sin ciencia propia, sin un sistema de educación superior vigoroso y de calidad, una sociedad se condena a la maquila, a la medianía en el desarrollo”.

El país que queramos tener, depende en buena medida del sistema educativo que sepamos construir. Ese, como todos sabemos, en el caso de México es un campo de desastre. La Universidad Nacional misma, no funciona en todas sus áreas con la eficiencia ni la excelencia que el país tiene derecho a exigirle. Pero en el contexto de atrasos y dificultades que padecemos actualmente, el desempeño académico de la UNAM alcanza parámetros altamente satisfactorios.

El rector Narro, reivindicó el derecho a la educación: “Es necesario insistir y volverlo a hacer. La educación es vía de la superación humana, de la individual y la colectiva. Concebirla como un derecho fundamental es uno de los mayores avances éticos de la historia. Como bien público y social, la educación superior debe ser accesible a todos bajo criterios de calidad y equidad. Por eso duele que en el mundo de hoy, con sus grandes desarrollos, vivan cerca de 900 millones de personas que no saben siquiera leer y escribir”.

El reconocimiento le fue otorgado a la UNAM en las áreas de Comunicación y Humanidades. El Jurado del Premio Príncipe de Asturias subrayó que la UNAM, “ha sido el modelo académico y formativo para muchas generaciones de estudiantes de diversos países y ha nutrido el ámbito iberoamericano de valiosísimos intelectuales y científicos”. En atención a esa peculiaridad del Premio, el rector Narro precisó: “A algunos les puede parecer que hablar de valores o de humanismo es asunto del pasado, del Renacimiento o del siglo XIX. Se equivocan. También lo es de ahora y del futuro. Frente al éxito quimérico, el egoísmo, la corrupción o la indiferencia, el mejor antídoto son los valores laicos de ayer y siempre”.

Constantemente sometidos a prueba, esos valores tendrían que orientar no solamente la enseñanza, sino cualquier otra vertiente desde la cual se construye el espacio público contemporáneo. Gobierno, parlamento, medios de comunicación, tendrían que ser territorios en y desde donde se pusiera en práctica la exigencia señalada por Narro: “La modernidad debe traducirse en mejores condiciones para los excluidos de siempre. El verdadero saber no es neutro, debe estar impregnado de compromiso social. Aprovechemos la oportunidad que nos ofrece el fracaso del sistema financiero, para proponer nuevos esquemas de desarrollo que permitan a los jóvenes recuperar la esperanza en un futuro más alentador. El gran reto consiste en alcanzar un progreso donde lo humano y lo social sean lo importante”.

A una institución con las tareas cotidianas que debe cumplir la UNAM no le hacen falta premios para que se conozca y aprecie lo que hace. Pero el Príncipe de Asturias es un premio que permite acentuar bondades de nuestras universidades públicas en la crucial hora de la definición presupuestal. Ojalá que los diputados, que revisarán y ajustarán partidas financieras, no solamente quieran ensamblar estados contables sino, antes que nada, sepan y quieran diseñar un país que no sea solamente maquilador.

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Written by Raúl Trejo Delarbre

octubre 26, 2009 at 4:14 am

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Ese puño aún se ve

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“La casa de Zacatecas 94 se llena otra vez de rebeldía y de victoria. Poco a poco, mientras llueve, se van reuniendo los herederos de Rafael Galván Maldonado, a compartir una vez más la dignidad y la lucidez que Don Rafael sembró en todos. Aquí nadie está derrotado, como nadie lo estuvo el 22 de marzo de 1975, cuando Galván y su grupo fueron expulsados de la dirección charrificada del Sindicato Único de Trabajadores Electricistas. Ni el 16 de julio de 1976, cuando el ejército impidió la huelga de los electricistas. Ni en noviembre de 1977, cuando el Campamento de la Dignidad Obrera sonrojó demasiado los muros de Los Pinos y las retinas incómodas de Televisa”.

Así describió Hermann Bellinghausen la ceremonia luctuosa que se Rafael Galván, dibujado por Rogelio Naranjo (1980)realizaba la tarde del 4 de julio de 1980, un día después de la muerte del dirigente de la Tendencia Democrática de los electricistas. Escenario de innumerables discusiones y encuentros, cuartel general de los trabajadores del SUTERM y antes del STERM que pugnaron por la democracia sindical con una tenacidad que llevó al gobierno a despedirlos, perseguirlos e intimidarlos con tal de complacer a los líderes charros, esa casa en la Colonia Roma fue sede inolvidable de la insurgencia obrera de los años setenta.

Allí recibía Galván a los delegados del sindicato electricista que llegaban de todo el país para organizar las movilizaciones que congregaron a cientos de miles en 1975 y 1976. Allí se escribió y discutió la Declaración de Guadalajara, el programa con el cual los electricistas dejaron claro que buscaban la democracia en su sindicato porque la querían también para el resto del país. Allí se reunía Galván con los dirigentes de izquierda que no lograron convencerlo para crear un nuevo partido político, a él que padeció como nadie el acoso del ala más intolerante del PRI y que años atrás había sido senador por ese partido.

A esa casa de Zacatecas 94 se trasladaron en 1971 las oficinas de la revista Solidaridad, órgano del grupo electricista y más tarde del movimiento sindical alentado por don Rafael. Allí estaba la imprenta (prensa plana, de tipos móviles que era preciso colocar a mano) en donde se editaban la revista y centenares de folletos y libros. Allí se organizó el Movimiento Sindical Revolucionario que pretendía reproducir en otras ramas de actividad la experiencia democrática de los electricistas. Allí se prepararon las reuniones del Frente Nacional de Acción Popular que llegó a ser una amplia y nutrida pero efímera alianza de agrupaciones sociales a mediados de los setenta. Allí los electricistas organizaron el campamento que instalaron frente a Los Pinos y que fue desalojado en noviembre de 1977. En aquellos días los dirigentes de los electricistas democráticos temieron que era casa en la Colonia Roma fuese asaltada también por la policía o por esquiroles y se prepararon para defenderla a como diera lugar.

Esa era la casa en donde aquella tarde de julio de 1980 sus compañeros rendían homenaje a Galván que había muerto a los 60 años. De acuerdo con la misma crónica de Bellinghausen, que fue publicada el 23 de julio de 1980 en el suplemento “La Cultura en México” de la revista Siempre!:

“Nada se escucha en las austeras salas de reunión donde en otras ocasiones habló la voz de tantas voces, desde la disidencia firme. El clamor hoy, en el patio central, es de quienes escudriñamos en su recuerdo nuestra propia voz:

“– Rafael Galván, ¡presente!. Evidencia y no lamento fúnebre de una historia ascendente y victoriosa. Fue él parte privilegiada de la conciencia obrera mexicana, esa moldeadora tenaz del futuro, mil veces contrariada pero nunca vencida. Ante la urna que contiene sus cenizas, sus amigos desfilan de palabra o de silencio, tristes pero seguros porque Rafael Galván, aún muerto, sigue abriendo el horizonte”.

Esa casa lucía muy diferente el jueves pasado, 4 de junio de 2009. Después de casi 4 años de gestiones administrativas y de una profunda restauración arquitectónica, el inmueble de Zacatecas 94 ahora es la “Casa de la cultura Rafael Galván Maldonado” de la Universidad Autónoma Metropolitana.

En 2005 los antiguos miembros de la Tendencia Democrática que fueron trabajadores y luchadores sociales con Galván y a quienes pertenecía ese inmueble, decidieron donarlo a la UAM para que allí funcione un centro de estudios del sindicalismo. El salón de sesiones en donde se reunían numerosos sindicatos independientes ahora es galería para exposiciones. El subsuelo en donde estaban instalados los mimeógrafos que imprimieron millares de volantes y documentos, fue convertido en librería para las ediciones universitarias. Las habitaciones que fueron archivo fotográfico y de documentos, son cubículos para investigadores. El galerón que alojó a la imprenta fue dividido en varias salas de juntas. El espacio en donde estuvo la oficina de don Rafael ahora será un recinto para conferencias.

Con la cesión de esas instalaciones, sus compañeros cumplen el cometido que Galván quería darle a la infraestructura de la sección de electricistas en donde se instaló la Tendencia Democrática. El análisis de la sociedad mexicana, el diagnóstico del estancado sindicalismo, la promoción del debate y de la cultura en variadas manifestaciones, interesaron siempre a Galván que no en balde fue escritor y editor de fructíferas reflexiones políticas y que siempre tuvo simpatía por los universitarios.

En la inauguración el Rector de la UAM, José Lema Labadié, estuvo acompañado por tres de los electricistas que acordaron esa donación: Sergio Álvarez, Bernabé González y Humberto Gordillo. Otro de sus compañeros, Sergio Pig, falleció hace algunas semanas. Sencilla, en la ceremonia faltó precisar la historia del grupo sindical que le dio vitalidad histórica a esas instalaciones e incluso se dijo erróneamente que se trataba del Sindicato Mexicano de Electricistas que es una organización distinta al SUTERM cuya Tendencia Democrática fue ejemplarmente dirigida por Galván.

Ojalá que la UAM, en donde hay estudiosos muy notables de los asuntos sindicales, sepa documentar, explicar y propagar los pormenores de esa entrañable casa y del grupo sindical que transitó de allí a la historia de México.

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Written by Raúl Trejo Delarbre

junio 8, 2009 at 4:48 am

Rector autócrata, medievo en Culiacán

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Ana Luz Ruelas es una de las académicas mexicanas más prestigiadas en el estudio de las telecomunicaciones y la globalización y desde hace 20 años es profesora en la Universidad Autónoma de Sinaloa. Ahora, a pesar de los reconocimientos internacionales, del nivel que tiene en el Sistema Nacional de Investigadores y de la estupefacción que su caso está suscitando en universidades dentro y fuera de México, la doctora Ruelas es víctima de una persecución política instigada por el Rector de la UAS.

El 2 de abril pasado Ruelas, que es colaboradora en el diario Noroeste, publicó un artículo en donde considera desacertada la decisión de las autoridades de esa Universidad para hacerse cargo de 20 escuelas preparatorias que actualmente dependen de la contribución de los padres de familia. Los argumentos que ofrece son muy claros: las dificultades financieras, que ya son apremiantes en la UAS, se agravarían con el sostenimiento de esos planteles y especialmente de los profesores que enseñan en ellos. Ese proyecto, dijo Ruelas en su artículo aparecido en Noroeste con el título “Quo Vadis, UAS? implicará para la Universidad “añadir de golpe a su nómina a más de 400 profesores y 100 administrativos, generando una carga financiera que provocará que el próximo Rector no pueda cubrir los salarios de activos y jubilados y se dispare su pasivo histórico”.

Esa decisión del actual Rector, Héctor Melesio Cuén Ojeda, resulta especialmente delicada porque su gestión está a punto de terminar. Esta semana comienza el proceso formal para designar a quien lo sucederá, de tal suerte que la decisión acerca de las preparatorias podría ser una carga impuesta a las nuevas autoridades.

En aquel texto, la doctora Ruelas consideró que la absorción de las preparatorias “es una iniciativa política, sin estudios de factibilidad, que puede dañar tanto como lo hicieron las  campañas rectorales en el pasado”. Se refería a los tiempos de clientelismo y dilapidación que tanto daño hicieron en la Universidad Autónoma de Sinaloa y que por lo visto no han desaparecido del todo. El problema de las preparatorias, explicó Ruelas, no es de la Universidad Autónoma sino de las autoridades educativas tanto de la Federación como del estado de Sinaloa.

El mismo día que aparecieron esas opiniones, el Consejo Universitario tomó un acuerdo que lo faculta para llamar a cuentas a los miembros de la UAS que critiquen públicamente decisiones de la Universidad. Ese organismo colegiado podría sancionar a los profesores o estudiantes que “abusen” de la libertad de expresión y que perjudiquen a la institución con “difamaciones, calumnias y mentiras”.

No hubo recato alguno para subrayar que la ley mordaza en la Universidad Autónoma de Sinaloa estaba dedicada, antes que nada, a intimidar a la doctora Ruelas. El director de Comunicación Social de la Universidad, Enrique Zazueta, así lo puntualizó. El acuerdo del Consejo, indicó la información periodística con sus declaraciones, “busca poner fin a las voces, que valiéndose del ‘libertinaje’ de la expresión, dañan a la UAS.
‘Lo que el consejo dijo fue ya basta, ya pongamos un alto a estar soportando ese tipo de actitudes, que con mentiras y difamaciones calumnian permanentemente a la institución, y que dañen por lo tanto todo lo que concierne a ella… Específicamente está lo que Ana Luz Ruelas dice ayer (jueves) en la columna del periódico Noroeste, cuando afirma que las 20 preparatorias que se fusionaron por acuerdo del consejo, la universidad incrementará su plantilla en 400 plazas académicas y 100 administrativas, y que tal cuestión traerá como consecuencia el riesgo de pago de salarios, principalmente a jubilados, y tal cuestión es mentira, es calumnia, difamación”.

En vez de refutar los fundados temores de la doctora Ruelas con datos financieros y estimaciones presupuestales sólidas, las autoridades de la UAS emprendieron una persecución retrógrada y medieval. Si en algún espacio en este país la reflexión disidente y la crítica ideológica y política han tenido posibilidades para expresarse y mantenerse, ha sido en las universidades públicas.

Esa intolerancia, junto con una muy estrecha visión de los asuntos a su cargo, han sido emblemáticas de la administración de Cuén Ojeda. El año pasado, el profesor de Química Jesús Ramírez Montes fue despedido de la Preparatoria Central por haber firmado un desplegado en donde se cuestionaban manejos financieros de la administración universitaria. Aquella acusación dañaba “sentimientos, afectos, creencias, decoro, honor, reputación y vida privada del Rector“, indicó el documento de rescisión contractual. El Rector dijo luego que el despido quedaría cancelado. Pero hay otros casos de intolerancia y despotismo en la UAS.

Doctora en Derecho por la UNAM, investigadora visitante en varias universidades estadounidenses y mexicanas, fundadora de la Escuela de Estudios Internacionales y Políticas Públicas en la UAS, Ana Luz Ruelas es autora de libros destacados como La reconversión regulatoria de las telecomunicaciones (Juan Pablos y UAS, 2005). La persecución que tan solo por manifestar su opinión padece en la Universidad a la que ha dedicado dos décadas de trabajo académico ha suscitado reacciones de solidaridad e indignación como la del doctor James Creechan, profesor de sociología en la Universidad de Toronto.

El doctor Creechan es un viejo amigo de la UAS, en donde ha participado en varios programas académicos. Ahora, en vez de textos sobre violencia social y narcotráfico ha escrito una petición a la Canadian Association of University Teachers. Por otra parte, en un mensaje al rector Cuén Ojeda, el profesor Creechan formula un reproche que tendría que avergonzar a los universitarios de Sinaloa:

“Antes de 1968, yo visitaba México muchos veces y tenia deseos de trabajar con Mexicanos para mejorar el mundo. Después de la represión y matanza en contra de los quienes pidieron el derecho de manifestar sus opiniones, yo nunca regresé a México antes de 1996. Después de TLCAN, me pensaba que México ha cambiado y estaban regresando al mundo moderno donde los derechos humanos fueron protegido. Lamentablemente, con los evento en el Consejo Universitario pienso que nada ha cambiado en México. ¿Cómo podría ser diferente de aquel tiempo negro de 68 si alguien no podría decir algo en contra de los que tengan poder? ¿Como podria ser diferente si los maestros y profesores de la juventud no entienden la importancia de expresión libre?”.

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Written by Raúl Trejo Delarbre

abril 20, 2009 at 4:42 am

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Una agenda para Lujambio

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Hombre culto, conocedor del trabajo académico, con experiencia política y cercanía al grupo en el poder, Alonso Lujambio despacha ahora en la mítica oficina que antes fue ocupada por José Vasconcelos pero también por Fausto Alzati. Su reciente compromiso con la transparencia define una de sus obligaciones iniciales al frente de la Secretaría de Educación Pública. La confianza que le tiene Felipe Calderón permite suponer que tendrá el respaldo suficiente para enfrentar los abundantes cuan añejos rezagos que enfrenta la SEP. Pero el temor del mismo Calderón al poder caciquil que sigue enquistado al frente del sindicato de maestros es fuente, al mismo tiempo, de augurios adversos para la gestión de Lujambio.

Ya se verá. Hace tres años la revista Educación 2001 nos preguntó a varios autores cuáles son los cinco grandes factores que debieran cambiar en la educación nacional. El texto que sigue parte de las respuestas que entregué en aquella ocasión, actualizándolas y ampliándolas. All se encuentra una agenda nada original pero necesaria, precisamente por elemental.

1. Las prioridades de la educación. Por mucho que se dice lo contrario, seguimos teniendo una educación que, al menos en sus etapas básicas, sigue siendo fundamentalmente memorista, reiterativa, monótona y plana. A los niños en Primaria se les sigue requiriendo el aprendizaje de largas listas de nombres, sitios, fechas y fórmulas sin que se les inculque, antes que nada, el entendimiento acerca de la utilidad de esos datos. Se trata de una educación, en palabras de Olac Fuentes Molinar, “que impide a los niños contextualizar el conocimiento que adquieren, por lo que podríamos calificar que en las escuelas con mejor desempeño tenemos estudiantes ‘macheteros’ con muy buena memoria”.

Al conocimiento se le confunde con la acumulación de datos, al discernimiento, con la memoria. El síndrome de los macheteros resulta patéticamente infecundo, pero además pedagógidamente gravoso, en los actuales tiempos de sociedad de la información. Hoy en día los niños y jóvenes se encuentran expuestos a torrentes de datos. Ya no hace falta saber de memoria los nombres de los Niños Héroes, la tabla completa de los elementos químicos o las capitales de los países africanos. Lo que resulta necesario es entender quiénes se dice que fueron los Niños Héroes y en qué contexto histórico se les ubica, para qué sirven los nombres de los elementos químicos y en dónde se encuentran y qué desarrollo social y político han tenido las naciones de África.

A los estudiantes de hoy les resulta indispensable saber discriminar cuál información resulta confiable y, cuál no, de entre los raudales de datos que pueden encontrar en Internet o que les ofrecen los medios de comunicación convencionales. Nuestra enseñanza, en todos los niveles, debería estar primordialmente orientada para pensar y para investigar. Hoy en día nadie aprende, salvo para salir del paso en el examen del día siguiente, una extensa relación de nombres si no comprende cuáles son su significado y utilidad. Y allí se encuentra una de las rémoras de nuestro sistema educativo. Contenidos y mecanismos de enseñanza suelen ser espeluznantemente aburridos. Niños y jóvenes bostezan aun antes de entrar al salón de clases porque saben que se encontrarán con una retahíla de discursos y exigencias a los que no les encuentran sentido. Por supuesto hay excepciones, cuando tienen la fortuna de encontrarse con profesores entusiastas e imaginativos. Pero esos son dos atributos por desgracia escasos en el magisterio de nuestro país –y, en general, en la vida pública mexicana–.

2. La evaluación. Evaluar escuelas, planes de estudio, maestros y al sistema escolar mismo se ha convertido en una moda pero casi nunca los evaluados y los evaluadores se preguntan para qué tendrían que servir esos ejercicios de revisión, cotejo y apreciación. La evaluación, cuando la hay, tiende a ser una rutina y no el momento sobresaliente que podría constituir en la relación entre la escuela y la sociedad.

En la enseñanza básica, la evaluación suele servir fundamentalmente para resolver expedientes de promoción laboral o para nutrir informes burocráticos a los que, por añadidura, la sociedad no suele tener acceso. En las universidades la evaluación por lo general es un mecanismo de autocomplacencia, simulaciones y eventualmente incluso de represalias pero pocas veces constituye una oportunidad para identificar y enmendar insuficiencias de carácter académico.

Para una gran cantidad de funcionarios y profesores universitarios la evaluación, cuando la hay, se ha convertido en monserga admisible sólo porque de ella dependen reconocimientos y financiamientos. A la evaluación no se la reconoce como ejercicio indispensable que tendría que formar parte de la autocrítica que debiera acompañar al desempeño de las tareas universitarias. Hace dos décadas, cuando la UNAM realizó su Congreso Universitario, una de las propuestas que más antipatías suscitó fue, precisamente, la que sugería que hubiera mecanismos de evaluación regulares para estimar el desempeño del personal académico. Y la misma UNAM ha sido una de las pocas universidades relevantes en el país que ha expresado reticencias a la evaluación por parte de instituciones como el CENEVAL.

3. El empleo de nuevas tecnologías. A las computadoras, la Internet y otros recursos que amalgaman la digitalización de los contenidos con su teletransmisión se les ha mitificado de dos maneras en nuestro sistema educativo.

Por una parte hay quienes por ignorancia o temor, o por una suerte de fundamentalismo didáctico, descalifican a esos que no son mas que instrumentos que de la misma manera que facilitan la socialización y la propagación de informaciones, también pueden facilitar la enseñanza. Con frecuencia, profesores de todos los niveles y especialmente con varias décadas de experiencia docente desprecian la utilización de tales recursos a veces simplemente porque nadie les ha enseñado a aprovecharlos y, en otras, porque se sienten tan distantes de ellos que prácticamente llegan a considerar que compiten con su propio trabajo. La ausencia de proyectos de capacitación razonables, razonados y accesibles para los profesores, desde la primaria hasta la Universidad, mantiene a muchos de ellos en la creencia de que esas tecnologías sirven sólo para encauzar el ocio e incluso para propiciar la haraganería de los estudiantes jóvenes y no como herramientas de aprendizaje.

La otra forma de fundamentalismo en este campo es la de quienes, en el extremo opuesto, ensalzan de tal manera a la Internet y a la computadora que llegan a considerar que en ellas y con ellas se resuelven los déficit de nuestro entramado educativo. La expresión más patética, costosa y bochornosa de ese fanatismo tecnofílico ha sido la manera como el presidente Fox y su gobierno promovieron, con propósitos propagandísticos más que didácticos, el proyecto Enciclomedia. Apoyado en una plataforma tecnológica innecesariamente costosa, subordinado al menos en sus inicios a los contenidos que había diseñado la empresa Microsoft, emprendido sin un plan de capacitación para los profesores que hipotéticamente habrían de aprovecharla y cerrada a la diversidad de contenidos que hay en la Internet la Enciclomedia, a pesar de los esfuerzos de sus propagandistas, se está convirtiendo en prematuro y dispendioso elefante blanco de este sexenio.

Las computadoras y la Internet son instrumentos formidables cuando están en manos de profesores y estudiantes con aptitud y calificación para aprovecharlas. En México no hemos contado con un plan nacional para que la sociedad –y en primer lugar los jóvenes, los niños y sus maestros– se beneficien de esa plétora de información y conocimiento. En el terreno de la enseñanza no hemos comenzado a construir una auténtica sociedad de la información. Lo que tenemos, en vez de ella, es una patética sociedad de la simulación. (Concluirá el miércoles).

Publicado en eje central

Written by Raúl Trejo Delarbre

abril 13, 2009 at 3:05 am

Publicado en Educación, Universidad

Lucía Morett, víctima del aventurerismo

with 2 comments

Este texto fue publicado en marzo de 2008. Cobra alguna actualidad debido al regreso a México de la srita. Morett y a la versión distorsionada que algún articulista hizo de estas opiniones sobre la frágil distancia que suele haber del voluntarismo al aventurerismo.

Written by Raúl Trejo Delarbre

diciembre 10, 2008 at 4:01 pm

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