Desprotegidas universidades

El Auditorio Che Guevara, secuestrado hace 16 años

Publicado en Crónica el 29 de febrero

La ocupación del auditorio Che Guevara es una vergüenza que la Universidad Nacional ha soportado durante más de 16 años. No hay motivos políticos, ni jurídicos, ni policiacos (al contrario) para que los secuestradores de ese recinto universitario no hayan sido desalojados. Pero durante más de tres lustros ha existido temor a que la recuperación del auditorio, en vez de resolver un problema, ocasione otro de mayores dimensiones debido a tres circunstancias.
La primera de ellas es el insuficiente respaldo del gobierno federal. Cualquier intervención en el campus recuerda conocidos abusos cuando la policía ha entrado no a defender a los universitarios sino para agredirlos. La ocupación del auditorio ocurrió después de la huelga que entre abril de 1999 y febrero de 2000, y en contra de la opinión mayoritaria de estudiantes y profesores, mantuvo cerrados los accesos a Ciudad Universitaria. Aquella huelga se prolongó por la indecisión del gobierno del presidente Ernesto Zedillo para desalojar a los vándalos. Luego, además del auditorio diversos grupos de seudoizquierda ocuparon salones en media docena de facultades. Seguir leyendo “Desprotegidas universidades”

Decisión en la UNAM

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Publicado en Crónica el 2 de noviembre

José Narro deja la vara demasiado alta. Ha conducido a la Universidad Nacional con inteligencia y prudencia. Representó a los universitarios con una voz enterada y autorizada y, a diferencia de otros rectores, estuvo cerca de ellos. Profesores y estudiantes a menudo lo recibieron en todas las facultades e institutos. Se le estima y ahora se le despide con afecto. No es fácil la designación de su sucesor.
Hay avances claros en esa gestión: la UNAM ha seguido creciendo, no sólo en infraestructura material sino también en presencia pública. Durante los ocho años recientes los universitarios han trabajado con escasos sobresaltos. El Rector ha gobernado a esa desigual y enorme institución sin excesos y suscitando consensos. Hay omisiones, desde luego. El auditorio de Filosofía y Letras y algunos salones en otras facultades siguen ocupados por puñados de vándalos. Además todavía es necesario un mayor talante autocrítico respecto del trabajo académico pero ese no es problema únicamente de las autoridades sino, en general, de la comunidad universitaria. Seguir leyendo “Decisión en la UNAM”

Jorge Calvimontes. Poeta, periodista, boliviano, mexicano

Jorge Calvimontes y Calvimontes, poeta y periodista nacido en Oruro, Bolivia, llegó exiliado a México en 1971 y desde entonces enriqueció la docencia y la convivencia en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Murió  el viernes 20 de diciembre, a los 81 años.

CalvimontesVarias veces tuve la oportunidad de que Jorge Calvimontes, mi viejo profesor de periodismo, me invitara a presentar algunos de sus libros. Ahora que me entero de su fallecimiento,  encuentro algo de lo que dije (y que nunca publiqué) en abril de 2005, en alguna de aquellas presentaciones.

 Comentario al libro Un relámpago de siglos. Crónica de una efímera eternidad  de Jorge Calvimontes y Calvimonte. Editorial Constate, México, 2005.

   La pasión lírica de Jorge Calvimontes se desencadena en Un relámpago de siglos. La elegía al servicio de la memoria –es decir, de la historia y las lecciones que ofrece tal recuento– es el hilo conductor de las estampas, los relatos y los cantos que aparecen en este libro.

Con infatigable vehemencia, el profesor Calvimontes se prodiga en la narración para describir primero el paisaje de los Andes bolivianos y luego las vicisitudes de algunos de quienes lo han habitado. Las figuras que este autor construye son exuberantes tanto en cantidad como en intensidad. Seguir leyendo “Jorge Calvimontes. Poeta, periodista, boliviano, mexicano”

De nuevo a clases (a pesar de los profesores faltistas)

Para decenas de miles de jóvenes, hoy ha sido uno de los días más memorables de su vida porque han entrado a la Universidad. Cada uno de ellos sabe que la oportunidad que tienen no la han alcanzado muchos más que se han quedado sin ingresar a la educación superior –o, en el caso del bachillerato, media superior–. La expectación y la alegría de hoy son plenamente justificadas y se han ganado el derecho a ellas. Lo seguirán teniendo en la medida en que perseveren. De ellos depende, pero también hay que reconocer que las universidades también están obligadas a comprometerse con los jóvenes de la misma manera que les exigen compromiso a ellos.

prepa 4

Lamentablemente no siempre nuestras instituciones educativas están a la altura de tan nobles expectativas. Una amiga me cuenta el desengaño que sufrió este lunes una joven a la que conoce y que hace pocas semanas celebró haber sido seleccionada para ingresar a la Prepa 4 de la UNAM.

La joven (me reservo el nombre porque lo que importa es el episodio que padecieron ella y varias docenas de muchachos más) aguardó con emoción que llegara este día. Sus padres le compraron con similar alborozo los primeros útiles escolares. A la muchacha le ilusionaba entrar a una institución con historia y prestigio como nuestra Escuela Nacional Preparatoria. Seguir leyendo “De nuevo a clases (a pesar de los profesores faltistas)”

Plagios

Columna publicada en emeequis

Mostrador

Quizá más desfachatados que los plagios que cometió Sealtiel Alatriste, hayan sido los intentos para menospreciar las denuncias contra ese escritor y, más tarde, el esfuerzo de algunos de sus amigos para defenderlo. Hubo quien desafió

Imagen tomada de http://es.paperblog.com/plagio-en-la-universidad-137443/

el que esté libre de plagio que tire la primera piedra… y llovieron las pedradas en las redes sociales.

A una obra de tantos años y libros como la de ese escritor, habrá que evaluarla más allá de los plagios que con tanta meticulosidad y oportunidad demostró Guillermo Sheridan en un blog de la revista Letras Libres. Pero las que cometió Alatriste fueron faltas inexcusables. En vez de disculparse, primero les restó importancia. La evidencia era demasiado contundente y les hizo un buen servicio –algo a destiempo– a la UNAM y al Rector al renunciar a la Coordinación de Difusión Cultural cuando el escándalo ya tenía varios días en los medios de comunicación.

La respuesta de las autoridades de la UNAM fue demasiado parsimoniosa y tibia. La creencia de que la ropa sucia se lava en casa sigue definiendo las reacciones institucionales cuando la Universidad es cuestionada. En esos casos, se olvida que no hay institución con mayor deber de transparencia que la Universidad. Para evaluarse a sí misma, reconociendo yerros por muy incómodos que sean, debería ser una caja de cristal. Seguir leyendo “Plagios”

Mejor un goya

En enero pasado el suplemento Campus, que dirige Jorge Medina Viedas en el diario Milenio, publicó una edición especial en donde apareció el siguiente texto. Lo reproduzco ahora, aquí, con motivo del inicio de cursos en la UNAM y en ocasión del 60 aniversario de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.

Dentro de un año se cumplirán cuatro décadas de mi ingreso como estudiante a la UNAM. En marzo de 1972 tenía 18 años, el mundo era más pequeño, el país estaba lleno de promesas, de alguna manera todos éramos más ingenuos, la Universidad era una isla de libertad y disidencia. La UNAM experimentaba ya el crecimiento fenomenal que propició la apertura y el empuje a la educación superior del gobierno de Luis Echeverría, después del enfrentamiento de los universitarios con el diazordacismo. Aquel año la UNAM llegaría a matricular 168 mil estudiantes en todos sus niveles. Eran 96 mil en 1968, serían más de 223 mil en 1975 y hoy son 315 mil.

La Facultad de Ciencias Políticas y Sociales era un hervidero de activismo pero, también, de intercambio y discusión intensos. Carteles y pintas convocaban a incesantes asambleas, lo mismo que a rabiosos mítines. Nuestros profesores venían del desacuerdo o del desencanto recientes. Uno de los más jóvenes, Gerardo Estrada, comenzó la primera clase de la materia “Sociedad y política del México actual” citando el comienzo de Adén Arabia, la desconsolada novela de Paul Nizan: “Yo tenía veinte años. No permitiré que nadie diga que es la edad más hermosa de la vida”.  Seguir leyendo “Mejor un goya”

Sosa nostra, la costumbre de amedrentar

Anteanoche, mientras hacía una brillante crítica a la indolencia de los senadores durante la presentación del libro La Ley Televisa y la lucha por el poder en México, el periodista Miguel Ángel Granados Chapa acababa de recibir una noticia buena y otra mala. El Tribunal Colegiado de Circuito que revisó una demanda cuyo desahogo se ha prolongado durante ya más de cinco años, exoneró de manera definitiva al autor de la columna política más leída en el país. Pero, al mismo tiempo, fue ratificada la condena por presunto daño moral en contra de Alfredo Rivera Flores, autor del libro La Sosa Nostra. Porrismo y gobierno coludidos en Hidalgo.

Ese libro, publicado en mayo de 2004, desató la cólera de Gerardo Sosa Castelán, el político priista que creó en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo un cacicazgo que todavía ejerce en esa institución educativa y que lo ha llevado a posiciones legislativas. El título de esa investigación, que alude a las prácticas mafiosas que en numerosos sitios se le han atribuido a Sosa Castelán, no es exageración. Dirigente de la Federación de Estudiantes Universitarios a fines de los años 70, Sosa ha sido rector de la UAEH, titular de su patronato, factor de poder e influencia en esa entidad, así como diputado federal.

Los orígenes de esa influencia son descritos con crudeza por Rivera Flores: “Estudiante sin brillo, líder por la fuerza de su carácter y la certeza de sus puños, hábil para crear alianzas, bronco comandante de sus subordinados, enemigo temible, se hizo dirigente estudiantil y desde el cargo inventó una nueva FEUH. Utilizó a los estudiantes, protegió a los vándalos, amedrentó a los profesores, propició enfrentamientos y terror, cimentó su fuero sobre la fuerza de los golpes y de las armas. Todo con un fin: tener el poder”.

A describir esa trayectoria, así como el contexto de una Universidad sometida al clientelismo y los caprichos políticos, está dedicado el libro de Rivera Flores. Apenas apareció, Sosa Castelán se querelló judicialmente alegando que esa publicación le causaba daño moral. Pero no demandó únicamente al autor. También acusó a Miguel Ángel Granados Chapa por haber escrito el prólogo, un preciso texto de 5 páginas en donde se esboza más el perfil tenaz de Rivera Flores que la personalidad oscura de Sosa Castelán. Granados Chapa ha escrito, pero no en ese libro sino en su columna política, juicios severísimos y apuntalados en hechos comprobables acerca del desempeño público de Sosa Castelán.

La demanda judicial incluyó al editor del libro Miguel Ángel Porrúa, al diseñador Enrique Garnica Ortega, a la empresa Libraria S.A. en donde se hizo la tipografía e incluso al fotógrafo Héctor Rubio que tomó la gráfica de Sosa Castelán que aparece en la portada. Tan desusada demanda ha transitado de una instancia judicial a otra. Los acusados han podido enfrentar ese largo recorrido, salpicado de episodios tortuosos e incluso vejatorios, gracias a la inteligente defensa de la abogada Perla Gómez Gallardo del grupo Libertad de Información – México, A.C., LIMAC.

Esa abogada ha explicado que la resolución que tomó el miércoles el Sexto Tribunal Colegiado de Circuito al ratificar la sentencia del Juez 29 de lo Civil en el DF será recurrida, incluso en tribunales internacionales. La decisión judicial que confirma la inocencia de Granados Chapa, Porrúa, Garnica y Rubio, es importante. Pero lo será más evitar que al autor de un libro se le condene por hacer una crítica abierta, sin duda severa pero documentada, a un personaje público que, por añadidura, finca parte de su poder en la intimidación.

La sentencia del juez 29 padeció notorias irregularidades como la transcripción errónea de los nombres de los codemandados y de los párrafos del libro que supuestamente dañan moralmente a Sosa Castelán. Lo que ha dañado, o definido la fama pública de ese personaje, es su propio comportamiento público. Las que se encuentran en el libro de Rivera Flores no son las únicas denuncias documentadas contra él.

Basta buscar el nombre Sosa Castelán junto a la palabra “corrupción” para encontrar más de un millar de referencias en Internet. Ese descrédito no le ha impedido mantener el control sobre la Universidad Autónoma de Hidalgo, cuya secretaría general Sosa Castelán volvió a ocupar el 17 de marzo pasado solamente para manejar desde allí la designación de un nuevo rector. El miércoles 24 fue designado para ese cargo el médico Humberto Veras, ex secretario general, en un proceso con abundantes irregularidades. Ese mismo día, Sosa Castelán pasó a encabezar el Patronato de la Universidad.

Desde esas posiciones de mando universitario, no solamente se ha promovido la carrera política de Sosa Castelán. Además se han dispuesto represalias contra profesores y trabajadores que la burocracia universitaria considera afines a los adversarios políticos de ese personaje. Entre los afectados por esa persecución política se encuentran varios amigos y al menos un familiar de Miguel Ángel Granados Chapa.

La desfachatez y las revanchas del grupo que controla a la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo y cuyos dirigentes brincan de uno a otro cargo, se deben al temor que acalla casi cualquier expresión disidente y que es propiciado con acciones como la demanda judicial contra Rivera Flores y sus coacusados. Pero esa mezcla de arbitrariedad e impunidad también se origina en el respaldo que Gerardo Sosa y su grupo siguen encontrando en los gobernantes de dicha entidad.

Contra las costumbres del amedrentamiento y las coerciones en Hidalgo, el testimonio publicado por Alfredo Rivera Flores es un documento cuya circulación no debiera ser atajada. Una sanción judicial contra ese autor sería un agravio a la libertad de expresión en nuestro país.

Publicado en eje central