Lecciones del Pacto. Una mirada hacia adelante. Propuestas de Ricardo Becerra, presidente del IETD

CEREMONIA DE INAUGURACIÓN PARA LA DISCUSIÓN DEL PLAN NACIONAL DE DESARROLLO: “GOBERNABILIDAD Y PAZ”.

Ricardo Becerra, presidente del Instituto de Estudios para la Transición Democrática

16 de abril de 2013

Monterrey, Nuevo León.

Tardó 15 años en llegar.

La incomprensión del cambio político. Las lecturas parciales de la transición. El retraso de nuestra cultura política ó nuestro Presidencialismo mental, retrasaron el tipo de operación política como la que materializaBecerra en NL el Pacto por México.

Insisto, 15 años después.

Se trata del pecado original en la política mexicana: la alternancia fue vista como el fenómeno decisivo de la democratización, especialmente la alternancia en el Poder Ejecutivo Federal. Y sin embargo, desde 1997, el PRI ya no tuvo la mayoría en la Cámara de Diputados y simultáneamente, la izquierda conquistaba la Ciudad de México.

Mientras, ese mismo año, varios estados ya estaban en manos de Acción Nacional y decenas de las alcaldías más importantes, incluyendo Monterrey, habían vivido ya la experiencia del cambio de poder, con Congresos sin mayoría y municipios con cabildos denodadamente plurales, habitados por todos los partidos.

¿Qué quiero decir con este memorándum histórico? Que la dispersión del poder, el reparto y la fragmentación del gobierno nacional, en todos sus niveles, es el rasgo más importante de nuestra democracia, y al final, es el hecho que acabó marcando los límites de la gobernabilidad mexicana.     

Así, desde 1997, la política exige algo más que acuerdos puntuales, aislados, confinados a un solo tema o a una coyuntura. Lo que la política mexicana necesitaba era hacer las cuentas, mirar la amplia dispersión del poder, constatar que, desde hace tres lustros, los votos expresan una sociedad tercamente plural, desigual, dividida al menos en tres grandes continentes a los que se agregan otras organizaciones que conforman el archipiélago de la representación. Y sobre esa base, admitir que en México ya no se puede gobernar en solitario.

El Pacto es el primer reconocimiento explícito, público y político de esa condición. Las principales fuerzas políticas coincidieron: hay decisiones demasiado graves, demasiado complejas, tocan intereses de tal dimensión, que no se pueden sacar adelante si no es mediante una coalición de fuerzas todo lo amplia que sea posible.

Y en esas estamos: mediante la palabra empeñada, mediante el compromiso político, el Pacto intenta trascender 15 años de debilitamiento del Estado, la discordia nacional exacerbada y ensanchamiento de los poderes de hecho.

El Plan Nacional de Desarrollo cuya discusión ocurre en toda la República, tiene como marco inevitable al Pacto, y a mi modo de ver, tiene la obligación de proyectarlo.

Lo digo por una razón absolutamente práctica: una vez más, por sexta ocasión consecutiva, no hay mayorías absolutas en el Congreso, ni en el Senado ni en Cámara de Diputados, todo lo relevante deberá pasar la prueba de la dura pluralidad en el Congreso y más vale que lo vayamos admitiendo, so pena de reeditar el aburrido libreto de un Ejecutivo siempre contestado e impugnado desde el Poder Legislativo, un Congreso que no es su principal apoyo, sino su primera y más visible complicación.

No creo que el Plan Nacional de Desarrollo pueda ser un papel calca del Pacto por México, pero sí creo, que debe recoger sus lecciones esenciales, al menos en las áreas más críticas, especialmente en el terreno de la seguridad y de la paz.

La lección principal, creo, es que el combate al crimen, dada su dimensión y gravedad, es un asunto del Estado, no del Presidente. ¿A que me refiero? Que el tema del boom delincuencial ya no debe ser parte de las discusiones, la puja, las campañas y estrategias entre los partidos políticos y los gobiernos. Como se trata de un tema absolutamente esencial, requiere de unidad política excepcional.

Se trata de sugerir, simple y previamente, un compromiso de los tres Poderes de la Unión y de los partidos políticos con objetivos precisos y estrategias revisables. No personalizar la estrategia y sacar del pleito diario, al tema de la seguridad pública.

La segunda lección es distinguir las delincuencias: hasta ahora se han confundido los delitos de mercado con los delitos predatorios. Lo que quiero decir, es que ninguna iniciativa anticrimen, puede tratar igual y meter en el mismo saco al que delinque con el consentimiento de su cliente, con el asesino o secuestrador que causa un daño utilizando la violencia. La criminalización sin distingos provoca problemas donde no los hay y desperdicia recursos y energías que deberían dirigirse hacia otro foco.

Entiendo que cuando se está en guerra (o al menos, cuando se cree que estamos en guerra) estos distingos resultan un mero preciosismo, pero quizás allí esté uno de los problemas: en haber generalizado el blanco, multiplicado objetivos, combatiendo con los mismos medios a delincuencias de carácter y fuentes sociales muy diferentes.

Y para terminar, por supuesto, hace falta un mensaje claro de cohesión social. México se ha convertido en una sociedad dividida, fragmentada, muy desigual. Ese es el caldo donde la delincuencia ha encontrado sus vastos ejércitos de reserva.

Por eso y por muchas otras buenas razones, la equidad y la reforma estructural para la equidad, es una asignatura impostergable: un mensaje claro de cohesión social que genere un nosotros común, una reintegración, un renovado sentido de pertenencia y de protección social.

Becerra en NL 2   México ya es un país lo suficientemente rico para poder construir ese mensaje. Lo que falta son las estructuras de la redistribución y del reparto, estructuras como las que una vez creo el cardenismo mexicano o el New Deal norteamericano, estructuras que solo podrán ser edificadas, una vez más, mediante una gran coalición de fuerzas que sacuda las inercias, las taras, los enormes intereses creados, por años de perezoso estancamiento.

Las lecciones del Pacto por México están ahí para quien quiera verlas. El Plan Nacional de Desarrollo, está en condición de recogerlas en su contenido, en su alcance y en su ambición, asumiendo de una vez por todas, el mensaje de las urnas repetido los últimos 15 años: el obligado reconocimiento de la pluralidad, para tejer las coaliciones necesarias, incluso, las más inesperadas.

No podemos admitir nada menos de un gobierno y de unas fuerzas políticas que, así sea por una vez, están mostrando sorpresivas reservas de responsabilidad y de imaginación políticas.

Muchas Gracias.

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